Columnas de Opinión: Pax
Columnas de Opinión: Pax Claudio Elórtegui Doctor en Comunicación Director Escuela de Periodismo Pontificia Universidad Católica de Valparaíso omingo Santo, hito del cristianismo. Una jornada que marca a nuestra civilización occidental, la cual funda parte significativa de su cultura desde el D aporte y la riqueza espiritual, intelectual y artística del legado y la inspiración de Jesucristo. Es un domingo para resucitar y avanzar en la esperanza, pese a las duras complicaciones de un mundo en guerra y que golpea el bienestar de las personas.
Un domingo para reflexionar y percatarse que los diseños políticos y humanos basados en el control del futuro, como muchos gobiernos realizaron previo a los ataques sobre Irán, son inciertos cuando la impredecibilidad y la volatilidad son parte de nuestro presente. Comprender nuestras limitaciones, es un gran gesto de humildad.
Además, la superación del conflicto, a través de la resolución de nuestros mecanismos convencionales, no están funcionando para liderazgos que hacen de la soberbia un estilo y de la aniquilación hacia la figura del otro, un discurso.
Los pequeños gestos de acercamiento son vistos como cuestiones carentes de sentido y el orden multilateral es parte de un ciclo que comienza a declinar en su validación, como las señales de auxilio que viene realizando la democracia en los últimos años. Pese a nuestros avances tecnológicos y científicos, a la generación del conocimiento que nos acerca a las fronteras más desafiantes que hemos experimentado, las horas más oscuras también pueden llegar. Hoy no se puede descartar nada, pues estamos como sistema-mundo recorriendo lo más parecido a la trayectoria de una montaña rusa, con operarios que no sabemos muy bien cómo quieren conducirnos. Por ende, la pasividad, contemplar desde la lejanía o bajo una total indolencia, así como considerar que dentro de nuestros refugios nada nos acontecerá, es un error.
En la actualidad, estamos llamados a incrementar la empatía social y la innovación pública desde nuestros entornos productivos y laborales, apurando el tranco de la detección de riesgos tempranos y proyectando un camino conjunto de propósitos.
La inteligencia emocional y de información, el procesamiento e interpretación de los contextos, junto al seguimiento y reacción de nuestros públicos de interés, son fundamentales para tener preparadas ciertas acciones cuando arriben los escenarios de mayor adversidad. También, lo anterior nos permite presentar un necesario margen de flexibilidad y corrección ante lo que estamos haciendo, algo que puede incrementar la cohesión social y de las comunidades en las que interactuamos. Ello, porque se aprecia un compromiso real de mejoramiento continuo en favor del colectivo: se instalan semillas de confianza.
En medio de un día santo, las palabras del Papa León XIV resuenan con fuerza, compartidas hace algunos días en el Vaticano: "La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable". De hecho, al inicio de la Cuaresma, el Sumo Pontífice nos recordaba el significado de "sentirse pueblo", es decir, "no de manera nacionalista y agresiva, sino en una comunión en la que cada uno encuentra su lugar". La paz que necesita el mundo debe volver a ser un objetivo, sobre todo, a buscarse desde los tomadores de decisión.
Como señaló León XIV, "la paz no es un mero equilibrio, es una obra en construcción".. "la superación del conflicto, a través de la resolución de nuestros mecanismos convencionales, no están funcionando para liderazgos que hacen de la soberbia un estilo y de la aniquilación hacia la figura del otro, un discurso. Los pequeños gestos de acercamiento son vistos como cuestiones carentes de sentido".