EDITORIAL: Teletón en Rancagua: orgullo regional y deuda país
EDITORIAL: Teletón en Rancagua: orgullo regional y deuda país Edtor Teletón en Rancagua: orgullo regional y deuda país El anuncio de la Teletón 2026 desde Rancagua, en el marco de los primeros 100 días del nuevo Instituto Teletón de OHiggins, no es solo una señal comunicacional. comunicacional. Es, sobre todo, una postal potente de lo que Chile es capaz de construir cuando la voluntad colectiva logra imponerse sobre la fragmentación.
Porque lo ocurrido en la capital regional tiene un profundo profundo significado: por primera vez, muchas familias de OHiggins ven cómo la rehabilitación deja de ser un sacrificio de horas en carretera para transformarse en un derecho más cercano, más digno, más humano. Durante años, debieron trasladarse a Santiago o Talca para acceder a sus tratamientos, con el consiguiente desgaste físico, emocional y económico.
El nuevo instituto con más de 4 mil metros cuadrados de infraestructura y una inversión superior a los 14 mil millones de pesos representa una de las obras más significativas en materia de inclusión en la región región en las últimas décadas.
Y no solo por su tamaño o modernidad, sino porque encarna una idea que la Teletón ha instalado con fuerza desde 1978: que la rehabilitación no es un privilegio, sino una oportunidad que debe estar al alcance de todos. Pero sería un error queda rse solo en la emoción.
Porque junto con el legítimo orgullo que genera esta obra y que hoy se expresa con fuerza en Rancagua Rancagua también es necesario abrir una reflexión más incómoda, pero imprescindible: ¿ por qué una tarea tan esencial como la rehabilitación de niños yjóvenes con discapacidad sigue dependiendo, en gran medida, de una campaña solidaria? La Teletón es, sin duda, una de las iniciativas más exitosas y valoradas del país. Ha permitido construir una red de atención que hoy beneficia a cerca de 32 mil pacientes en Chile. Ha instalado el valor de la inclusión. Ha movilizado generaciones completas en torno a la solidaridad. Todo eso es cierto y merece reconocimiento. No se trata de restarle mérito a la Teletón. Al contrario. Se trata de entender su verdadero significado. La Teletón no debería ser vista solo como una obra solidaria, sino también como un síntoma.
Un síntoma síntoma de lo mejor de Chile su capacidad de empatía, organización y compromiso, pero también de una deuda pendiente: avanzar hacia un sistema que no dependa de la emoción de un fin de semana, sino que asegure continuidad, estabilidad y derechos durante todo el año. El propio Instituto Teletón de OHiggins es, en ese sentido, un buen ejemplo de esta dualidad. Fue posible gracias a una alianza virtuosa entre el mundo público y privado, con financiamiento estatal en su infraestructura infraestructura y gestión de la fundación en su operación. Una fórmula que ha demostrado resultados, pero que también abre preguntas legítimas sobre el rol que debe asumir el Estado en el futuro. No hay respuestas simples. Y probablemente no exista un camino único.
Lo que sí parece claro es que el desafío ya no es elegir elegir entre Teletón o Estado, sino cómo ambos pueden complementarse de mejor manera, evitando que la solidaridad reemplace o supla indefinidamente obligaciones estructurales. Desde Rancagua, el mensaje que deja este nuevo instituto es potente: cuando hay voluntad, las soluciones soluciones llegan. Pero también deja una advertencia: no basta con emocionarse frente a la obra; es necesario proyectarla. Porque si algo ha demostrado la Teletón en estos 48 años, es que Chile puede hacer grandes cosas. La pregunta pendiente es si también será capaz de hacerlas permanentes. LUIS FERNANDO GONZÁLEZ SUR DIRECTOR..