EDITORIAL: La urgencia de la reactivación laboral
EDITORIAL: La urgencia de la reactivación laboral La situación laboral de la Región del Biobío, a la luz del último informe del INE para el trimestre móvil enero-marzo de 2026, refleja un escenario preocupante que difícilmente puede relativizarse. Con una tasa de desocupación de 10,0%, la región no solo supera el promedio nacional de 8,9%, sino que además se posiciona como la más alta del país. Este dato, por sí solo, ya es alarmante, pero cobra mayor gravedad al analizar los factores que lo explican y las tendencias que revela. En términos interanuales, la desocupación en Biobío aumentó en 1, o punto porcentual, impulsada por un crecimiento de la fuerza de trabajo de 2,8%, muy por encima del alza de 1,6% en las personas ocupadas. Este desfase evidencia un problema estructural al que ya se ha apuntado desde distintos sectores y es que la economía regional no está siendo capaz de absorber el dinamismo de quienes buscan empleo. De hecho, las personas desocupadas crecieron en un 14,3%, lo que equivale a más de 10 mil nuevos desempleados en comparación con el mismo período del año anterior.
Si bien algunos indicadores podrían interpretarse como señales positivas, tales como el aumento de la tasa de participación a 57,8% (+1,2 pp. ) y de la tasa de ocupación a 52,0% (+0,5 pp. ), estos avances son insuficientes frente al deterioro del empleo de calidad.
El crecimiento del empleo ha estado fuertemente concentrado en categorías más precarias, como el trabajo por cuenta propia, que sumó un alza de 14,4% y el servicio doméstico, con 25,9%, mientras que el empleo asalariado formal, clave para la estabilidad económica, muestra retrocesos. En esta línea, la informalidad es otro síntoma claro del estancamiento. La tasa de ocupación informal alcanzó el 27,0%, aumentando 1,9 puntos porcentuales en un año.
Las personas en esta condición crecieron un 9,6%, con un alza más pronunciada en mujeres (15,9% ) que en hombres (4,7%). Este fenómeno no solo implica empleos de menor calidad, sino también menor protección social, menores ingresos y mayor vulnerabilidad.
En paralelo, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial llegó a un 20,9%, lo que da cuenta de una holgura laboral significativa, especialmente en mujeres, donde alcanza un 25,3%, frente al 17,2% de los hombres. Las brechas de género, de hecho, siguen siendo relevantes. La tasa de desocupación femenina se ubicó en 11,3%, superior al 9,0% de los hombres. Aunque el empleo femenino ha impulsado el crecimiento de los ocupados (5,4%), esto ha ocurrido, en gran medida, en condiciones más precarias o informales, lo que profundiza desigualdades estructurales. A nivel nacional, el contraste regional también permite dimensionar la magnitud del problema. Mientras Biobío lidera con la mayor tasa de desocupación del país (10,0% ), otras regiones exhiben niveles considerablemente más bajos, evidenciando brechas territoriales importantes en la recuperación del empleo.
Esta dispersión confirma que la crisis laboral no es homogénea y que existen zonas donde la reactivación ha sido más efectiva, lo que vuelve aún más urgente focalizar políticas en regiones rezagadas, como es el caso de la Región.. El informe del INE detalla que la segunda región con más desocupación es Valparaíso, con 9,8% y un aumento de 0,7 puntos porcentuales en doce meses.
Luego le siguen la Región Metropolitana, con 9,6%, cifra que superó el promedio nacional y mostró un alza respecto al trimestre anterior; la Región de Tarapacá que llegó a 8,7%, registrando una disminución significativa de 2,5 puntos porcentuales en un año y la Región de Coquimbo, con 8,1%, gracias a una fuerte creación de empleo en sectores como minería y comercio. En este contexto, resulta evidente que la Región del Biobío enfrenta un estancamiento laboral que no puede resolverse únicamente con ajustes marginales. El problema no es solo la cantidad de empleo, sino su calidad y sostenibilidad. La expansión del trabajo informal y el debilitamiento del empleo asalariado formal son señales de una economía regional que ha perdido dinamismo y capacidad de generar oportunidades estables. Porello, se vuelve urgente avanzar en medidas que reactiven la inversión y otorguen certezas al sector productivo. Sin un entorno que incentive la creación de empleo formal, difícilmente se revertirá esta tendencia. La historia industrial del Biobío demuestra su potencial, pero hoy ese motor requiere decisiones concretas: destrabar proyectos, reducir la incertidumbre regulatoria y fortalecer políticas públicas orientadas al desarrollo productivo local. Las cifras del INE no solo describen una coyuntura compleja, sino que advierten sobre un riesgo mayor: la normalización de un mercado laboral debilitado. Frente a ello, la inacción no es una opción.
La expansión del trabajo informal y el debilitamiento del empleo asalariado formal son señales de una economía regional que ha perdido dinamismo y capacidad de generar oportunidades estables.. La expansión del trabajo informal y el debilitamiento del empleo asalariado formal son señales de una economía regional que ha perdido dinamismo y capacidad de generar oportunidades estables. Editorial