Autor: EUGENIO PRIETO KATUNARIC, GERENTE GENERAL DE SOCIEDAD DE RENTAS INMOBILIARIAS
Columnas de Opinión: El desarrollo regional como un ecosistema
Columnas de Opinión: El desarrollo regional como un ecosistema Las discusiones sobre desarrollo regional suelen centrarse en grandes proyectos o nuevas industrias que capturan la atención pública. Es comprensible: los anuncios de gran escala despiertan expectativas y proyectan futuro. Sin embargo, la experiencia cotidiana en la economía regional muestra que el desarrollo rara vez surge de una sola apuesta o de un momento puntual. Más bien, se asemeja a un ecosistema: un entramado de industrias, servicios, instituciones y personas que, con el tiempo, van construyendo una base productiva diversa y resiliente. En momentos de transición institucional, con nuevas autoridades próximas a asumir responsabilidades, puede ser útil observar la economía regional desde una perspectiva más amplia.
No para contraponer sectores ni cerrar debates, sino para enriquecer la conversación con los aprendizajes que el propio territorio ha acumulado sobre cómo se ha configurado el desarrollo en Magallanes y cuáles podrían ser sus caminos hacia adelante. Hoy Magallanes cuenta con actividades consolidadas que sostienen su base económica. La salmonicultura se ha transformado en una industria exportadora relevante, con empleo, encadenamientos productivos y conocimiento acumulado. El turismo, impulsado por la singularidad de destinos como Torres del Paine y la Antártica, continúa posicionando a la región en circuitos internacionales.
A ello se suma la actividad comercial y logística vinculada a la Zona Franca de Punta Arenas, que por décadas ha dinamizado el comercio regional, facilitado el acceso a bienes, fortalecido el abastecimiento y atraído visitantes desde distintos puntos de la Patagonia, además de aportar recursos al Gobierno Regional. Son actividades distintas, pero comparten un rasgo clave: forman parte de la economía real del territorio. Generan empleo, oportunidades para empresas locales y redes de proveedores y servicios especializados que hoy constituyen capital productivo regional. Las economías regionales prosperan cuando logran articular estas actividades en verdaderos ecosistemas productivos. El turismo moviliza no solo hoteles y operadores, sino también transporte, gastronomía y comercio. La salmonicultura ha impulsado una red de proveedores industriales y logísticos. La Zona Franca, por su parte, ha contribuido a posicionar a Punta Arenas como un centro de servicios y abastecimiento para gran parte de la Patagonia. Cuando estas actividades conviven y se complementan, la región gana diversificación y capacidad de adaptación frente a cambios externos. Al mismo tiempo, es natural que nuevas industrias aparezcan en el horizonte. El hidrógeno verde ha abierto una conversación relevante sobre el potencial energético de Magallanes y las oportunidades que la transición global podría generar. Como toda industria emergente, su desarrollo requerirá tiempo, maduración tecnológica y condiciones de mercado. En ese proceso, una mirada útil es preguntarse cómo puede integrarse al ecosistema existente, sumando capacidades y no reemplazando abruptamente actividades consolidadas. La experiencia comparada muestra que las transformaciones económicas duraderas se construyen sobre bases productivas existentes, incorporando nuevas capas de desarrollo más que sustituyendo unas por otras. Quienes trabajamos en la actividad productiva regional observamos de cerca sus fortalezas y desafíos. Esa experiencia no reemplaza la visión estratégica del Estado, pero puede aportar a una conversación más completa sobre el futuro del territorio. En tiempos de cambio político, abrir espacios de diálogo resulta especialmente valioso cuando se proyectan estrategias de largo plazo. Las regiones se construyen desde la interacción entre políticas públicas, iniciativa privada y conocimiento acumulado. Quizás la principal lección de la historia económica de Magallanes es que su desarrollo no responde a una sola actividad, sino a la interacción sostenida entre sectores diversos. El desafío hacia adelante no parece ser elegir entre industrias actuales o futuras, sino encontrar la forma en que puedan convivir y fortalecerse mutuamente. Porque el desarrollo regional, en definitiva, se parece a un ecosistema: se fortalece cuando integra sus partes y cuando cada una aporta, desde su propio lugar, a la vitalidad del conjunto. Autor: EUGENIO PRIETO KATUNARIC, GERENTE GENERAL DE SOCIEDAD DE RENTAS INMOBILIARIAS. La columna de. ..