Autor: Gustavo M. Astorquiza
· Durante años hemos avanzado en visibilidad. Hoy, el autismo ya no es invisible, pero eso no significa que sea comprendido y mucho menos que las personas autistas estén participando en igualdad de condiciones en los espacios que habitamos todos los días. Seguimos diseñando escuelas que abruman, uni
· Durante años hemos avanzado en visibilidad. Hoy, el autismo ya no es invisible, pero eso no significa que sea comprendido y mucho menos que las personas autistas estén participando en igualdad de condiciones en los espacios que habitamos todos los días. Seguimos diseñando escuelas que abruman, universidades que exigen sin preguntar, trabajos que esperan adaptación unilateral. Seguimos entendiendo el apoyo como algo que se entrega desde fuera, en lugar de preguntarnos cómo transformar los entornos para que no excluyan. El problema no es sólo la falta de recursos. Es más profundo. Tiene que ver con cómo entendemos la diferencia. Muchas veces hablamos de inclusión, pero en la práctica seguimos esperando que las personas autistas se acerquen lo máximo posible a una norma que nunca fue pensada para ellas. Se valora el esfuerzo por "encajar", pero rara vez se cuestiona el molde. Y ahí es donde algo no cuadra. Porque no se trata sólo de estar, sino de poder decidir cómo estar. De poder participar sin pagar el costo de la sobrecarga, del enmascaramiento constante, del desgaste invisible que implica mantener una presencia que no siempre es reconocida. Las personas autistas no necesitan más discursos sobre empatía, necesitan entornos que escuchen de verdad, que permitan otras formas de comuLa inclusión se construye nicación, otros ritmos, otras maneras de habitar lo cotidiano. Eso implica ceder control. Implica diseñar con, no para. Implica aceptar que no hay una única forma válida de aprender, trabajar o vincularse. Y sí, es más difícil, pero también es más honesto. Quizás este mes no se trate de gestos simbólicos, sino de mirar de frente nuestras propias prácticas. De preguntarnos cuántas decisiones seguimos tomando sin considerar a quienes decimos incluir. Porque la inclusión no se declara. Se construye. Y a veces, lo primero que hay que hacer es dejar de decidir por otros. Planificación · Casi ya un mes del nuevo gobierno, el ciudadano de a pie observa falta de trabajo en equipo de los ministros en la puesta en marcha del plan de desarrollo del país.
Al respecto, vale mencionar una conocida reflexión del presidente Dwight Eisenhower: "En la preparación para la batalla, siempre he encontrado que los planes son inútiles, pero la planificación es indispensable". Dicha cita es aplicable principalmente a la gestión del ministro de Hacienda, quien debe enfrentar problemas externos e internos, dinámicos, en el ejercicio de su cartera. Asimismo, no es menos preocupante la racionalidad escogida en la asignación inicial del presupuesto frente a los grandes desafíos de Chile. Aún es tiempo de enmendar. Entre otras iniciativas, una cuidadosa distribución de Pareto sobre un presupuesto base cero podría contribuir. La verdadera emergencia ·La dolorosa muerte de la inspectora en Calama a manos de un estudiante, nos enfrenta a una realidad que no podemos seguir eludiendo. Más allá de la legítima conmoción, este hecho nos obliga a mirar con honestidad las profundas contradicciones que atraviesan nuestra sociedad. Vivimos en medio de una preocupante inconsistencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Condenamos la violencia, pero muchas veces validamos pequeñas formas de engaño cotidiano. Nos escandalizan el narcotráfico y la colusión, pero rara vez formamos a nuestros niños en la valentía de asumir la verdad. Al mismo tiempo, enarbolamos banderas como la inclusión y la libertad de expresión, pero no dudamos en denigrar o ridiculizar a quienes piensan distinto. En este contexto, la tragedia de Calama no puede entenderse como un hecho aislado ni meramente disciplinario. Es, ante todo, la expresión de una crisis ética y cultural. Por ello, la respuesta no puede limitarse a medidas administrativas o punitivas. Chile no puede seguir erosionando la integridad de su convivencia por la ausencia de principios sólidos. No basta con sancionar; es necesario educar. En momentos en que el gobierno ha iniciado su mandato bajo un tono de emergencia, conviene preguntarse si no estamos mirando en la dirección equivocada. La verdadera emergencia es la educación, entendida en su dimensión más profunda: la formación integral del ser humano. La tragedia que hoy lamentamos debe interpelarnos como sociedad entera. Educar en valores no es tarea exclusiva de la escuela, sino un compromiso compartido. Sólo así podremos aspirar a reconstruir la confianza, fortalecer nuestra cultura y avanzar hacia una convivencia más justa y humana.
Monumentos ·Como habitante de provincia, y tras haber observado, desde siempre, violencia desmesurada en la Alameda, creo honestamente que sería tanto sano como justo redistribuir parte de las grandes estatuas de esta avenida -muchas de ellas heredadas de la época del salitreque hoy se acumulan en una suerte de cornucopia, difícil de abarcar, a lo largo de ella. No sólo permanecen confinadas en un bandejón central poco amable, sino que en muchos casos ni siquiera logran apreciarse. Entre árboles y descuido, sectores como Estación Central y Santiago esconden esculturas de gran tamaño. Incluso detrás del monumento al general Baquedano, oculto entre el follaje, se alza un obelisco gigantesco del que probablemente pocos tienen noticia. Por ejemplo, el barrio Recreo, en Viña del Mar, cuenta con una plaza amplia, rodeada de palmeras, cuyo centro permanece vacío. Ese mismo obelisco, hoy relegado, podría convertirse en un hito perfecto para ese espacio. Algo similar ocurre en la Región de Los Lagos, donde las ciudades de herencia alemana poseen plazas hermosas y extensas, pero carentes de monumentos de gran envergadura. La presencia de estos símbolos patrios podría fortalecer, en esos territorios, la memoria colectiva y el vínculo con figuras fundacionales. El Mercurio de Valparaíso invita a sus lectores a escribir sus cartas a esta sección. Los textos deben tener una extensión máxima de 1.000 caracteres e ir acompañados del nombre completo, cédula de identidad y número telefónico del remitente. La dirección se reserva el derecho de seleccionar, extraer, resumir y titular las misivas. Las cartas deben ser dirigidas a cartasdeloslectores@mercuriovalpo.cl. C Correo Vanessa Vega, académica PUCV e investigadora MICARE; Izaskun Álvarez-Aguado, académica UDLA e investigadora MICARE Valentina Velarde Lizama Académica Escuela de Psicología, Universidad Finis Terrae Juan Luis Menares Rodríguez Autor: Gustavo M. Astorquiza. C Correo Vanessa Vega, académica PUCV e investigadora MICARE; Izaskun Álvarez-Aguado, académica UDLA e investigadora MICARE Valentina Velarde Lizama Académica Escuela de Psicología, Universidad Finis Terrae Juan Luis Menares Rodríguez