Columnas de Opinión: El epicentro inevitable
Columnas de Opinión: El epicentro inevitable La costra salina que cubre el desierto de Atacama esconde una paradoja: en el lugar más árido de la Tierra se gesta la base material de la transición energética global El litio extraído de esa inmensidad no termina en un puerto local; viaja hasta los precursores de cátodo de una gigafactoría en Berlín o el cerebro de un centro de datos en Virginia. En ese trayecto su valor se multiplica exponencialmente. Chile se queda con el cambio del flete. Sismólogos advierten que el próximo gran terremoto vendrá del norte, pero el estremecimiento ya comenzó: un sismo geopolítico cuyas réplicas sacuden los despachos de Bruselas, Pekín y Washington. Antofagasta ostenta un título agridulce. Concentramos la mayor producción de cobre del planeta y la segunda de litio, con matrices renovables que fijan el estándar técnico global. Detrás de ese éxito, sin embargo, late una falla estructural: generamos el tonelaje que dicta precios internacionales pero retenemos una fracción marginal del valor añadido. Nos hemos resignado a ser la «bodega certificada» del mundo, cediendo ingeniería e inteligencia comercial a quienes compran nuestra tierra por toneladas para ensamblar el futuro por microchips. Esa resignación tiene nombre: «ceguera de cantera». No es ignorancia; es agotamiento de la imaginación estratégica. Chile financió cuatro décadas de estabilidad macroeconómica vendiendo materia prima con eficiencia impecable, y esa competencia se convirtió en trampa. Hoy las potencias despliegan friend-shoring para blindar suministros mientras nosotros seguimos optimizando lo que sabemos hacer en vez de aprender lo que necesitamos ser. La ventaja de la geografía se agota si no la fecunda el conocimiento. La geografía, con todo, ya dictó sentencia a nuestro favor.
Antofagasta, Atacama y Coquimbo albergan más de 760 depósitos de relaves con concentraciones residuales de cobalto, tierras raras pesadas, vanadio y metales del grupo del platino: el mayor inventario de pasivos mineros del planeta es también su mayor yacimiento secundario sin explotar. La Estrategia Nacional de Minerales Críticos y la Estrategia de Relaves ya proporcionan el marco institucional. El imperativo es activarlas: hacer de la recuperación secundaria norma operativa y no excepción piloto. La transformación tiene cimientos pero exige velocidad. La Estrategia de Proveedores traza el camino para escalar talento local de prestadores de servicios a creadores de patentes. El Distrito Tecnológico de Antofagasta y la creciente infraestructura solar de la región prueban que el ecosistema existe en forma embrionaria. Falta la ingeniería institucional que lo integre: permisos ágiles, certidumbre regulatoria, hidrógeno verde como columna logística y cielos prístinos convertidos en ventaja computacional. Rotterdam y Qatar no nacieron como hubs; se diseñaron como tales. Antofagasta tiene el sustrato que ellos tuvieron que fabricar. Acortar la distancia entre zona extractiva y polo tecnológico exige audacia para capturar valor donde hoy solo exportamos peso. El sustrato, la radiación y la posición geoestratégica ya están; el diseño estratégico, también. El mundo trazó el mapa de nuestra relevancia. La encrucijada es simple: o somos dueños de ese mapa o nos conformamos con ser el terreno que otros pisan. El movimiento telúrico empezó. Solo falta ocupar el epicentro.. ENFOQUES Sebastián Quiñones, director estratégico de Cámara Internacional del Litio y Energías CIL Lithium