Editorial: Seguridad hídrica en Ñuble
Editorial: Seguridad hídrica en Ñuble E sta semana, el gobierno confirmó la priorización de la ejecución de tres embalses en la región.
Según declaró el subsecretario de Obras Públicas, Nicolás Balmaceda, en el marco de su visita a Ñuble, son cinco embalses en el país, tres de ellos en la región: Zapallar, en el río Diguillín; La Punilla, en el Ñuble; y el Chillán, en el homónimo río.
La autoridad reconoció el escenario de estrechez fiscal, sin embargo, destacó que "esta región ha sido tratada con especial consideración, porque sabemos que hay obras muy necesarias, sabemos que han sido postergados en algún grado respecto de la infraestructura pública". El rezago de Ñuble es evidente si se compara con las demás regiones y eso bien lo sabe el ministro de Obras Públicas, Martín Arrau, quien como dirigente de los regantes del río Ñuble, en la década pasada, fue uno de los principales impulsores de la construcción del embalse La Punilla.
Pero además del compromiso explícito con la región, es relevante que exista un compromiso presidencial con la seguridad hídrica de la región, un elemento clave para su desarrollo, que parte por la agricultura y la agroindustria, pero que se extiende a toda la economía de Ñuble.
En ese sentido, la seguridad hídrica no solo es una condición necesaria para el desarrollo agrícola y los encadenamientos productivos, es también una necesidad acuciante en un contexto de cambio climático, con fenómenos climáticos extremos y una menor disponibilidad hídrica, con un aumento sostenido de la demanda. De hecho, Ñuble es una de las regiones más expuestas a fenómenos como la disminución de la precipitaciones y eventos más intensos de lluvias y crecidas de ríos. Asimismo, varios estudios demuestran un déficit de nieve en la cordillera y un retroceso de los glaciares, que constituyen actualmente el gran embalse natural de la región.
De esta forma, los embalses también vienen a dar respuesta a problemas como el abastecimiento de agua para consumo humano, el control de crecidas de los ríos y el combate a los incendios forestales; y por otro lado, representan una oportunidad para el desarrollo de otras actividades asociadas a los espejos de agua, como el turismo y el deporte. La buena noticia es que la priorización anunciada por el gobierno viene ligada a plazos concretos, a diferencia de lo que ocurría en administraciones anteriores, en que también estos tres embalses fueron priorizados.
En el caso de La Punilla, el compromiso es licitar en 2027; y en el caso del Zapallar, cuyas obras comenzaron en febrero pasado, con la colocación de la primera piedra, el gobierno reconoció que no se registran avances, por lo que el objetivo es destrabar la permisología asociada y activar las faenas a partir del segundo semestre de 2026. En cuanto al embalse Chillán, virtualmente estancado desde el año pasado luego que concluyera el estudio de factibilidad, la apuesta es recuperar el tiempo perdido y licitar en 2030.
La materialización de los tres embalses proyectados sumará una capacidad de almacenamiento de 799 millones de metros cúbicos, con los que se podrán incorporar 93 mil hectáreas con seguridad de riego, que se sumarán a las cerca de 50 mil hectáreas con potencial de riego, totalizando más de 143 mil hectáreas en las que se podrán desarrollar cultivos intensivos y más rentables, los que contribuirán a dinamizar la economía, crear empleos y mejorar la calidad de vida de miles de personas.. Es relevante que exista un compromiso presidencial con la seguridad hídrica de la región, un elemento clave para su desarrollo, que parte por la agricultura y la agroindustria, pero que se extiende a toda la economía de Ñuble.
La seguridad hídrica no solo es una condición necesaria para el desarrollo agrícola y los encadenamientos productivos, es también una necesidad acuciante en un contexto de cambio climático, con fenómenos climáticos extremos y una menor disponibilidad hídrica, con un aumento sostenido de la demanda. EDITORIAL