Autor: GREG IP THE WALL STREET JOURNAL
La guerra de Irán está haciendo que la economía estadounidense sea más dominante que nunca
La guerra de Irán está haciendo que la economía estadounidense sea más dominante que nunca CONTENIDO LICENCIADO POR THE WALL STREET JOURNAL “No podemos permitir que un recurso tan vital sea dominado por alguien tan despiadado. Y no lo permitiremos”. George H.W. Bush, 1990, al referirse a la invasión de Saddam Hussein a Kuwait. “¡Vayan a buscar su propio petróleo!”. Donald Trump, 31 de marzo de 2026, al referirse al cierre de Irán del estrecho de Ormuz. El Presidente Trump no atacó a Irán para ayudar a la economía estadounidense a expensas de sus aliados. Sin embargo, eso es más o menos lo que ha sucedido. A pesar de los altos precios de la bencina, la economía estadounidense se mantiene firme. No obstante, en el extranjero, las tasas de interés y los riesgos de inflación han aumentado rápidamente, se está ahorrando el combustible y los pronósticos económicos son cada vez más sombríos. Economistas de Citi han rebajado la estimación de crecimiento de la eurozona este año en 0,4 punto porcentual, el de EE.UU. en solo 0,1 punto porcentual.
La razón: las importaciones netas de petróleo y gas natural licuado consumen entre un 1% y un 2% del producto interno bruto europeo, mientras que las exportaciones netas contribuyen con un 0,2% a la producción estadounidense. Estas cifras ayudan a explicar por qué Trump está llevando adelante la guerra en el Golfo Pérsico en forma diferente de sus predecesores. Sus motivos estratégicos no son tan distintos: negar a una potencia hostil los medios para dominar la región, y proteger a Israel. Donde Trump difiere es en la economía. Presidentes anteriores creían que el libre flujo de petróleo era uno de esos bienes públicos mundiales que EE.UU. estaba especialmente equipado para protegerlo, incluso tenía la obligación de hacerlo. En 1990, George H.W.
Bush expuso este punto de vista al enviar tropas a la región del Golfo no solo para liberar a Kuwait de las garras de un peligroso dictador, sino para negarle el control sobre el 20% de las reservas de petróleo del mundo. “No hay un substituto para el liderazgo estadounidense”, afirmó ante el Congreso ese septiembre.
“Habrá un rol permanente para Estados Unidos en la asistencia a las naciones del Golfo Pérsico”. Por el contrario, Trump, en declaraciones a la nación hace una semana, se mostró indiferente con respecto a la reapertura del estrecho de Ormuz: “Estados Unidos casi no importa petróleo a través del estrecho de Ormuz y no lo hará en el futuro”. Aquellos que lo hacen, agregó, deberían comprar más a Estados Unidos “Tenemos mucho” y tomar la delantera en la reapertura del estrecho. La reestructuración que ha realizado Trump del papel que desempeña EE.UU. en la seguridad y el comercio mundiales ahora se extiende al petróleo.
Estados Unidos ya no se ve a sí mismo como el garante de la estabilidad y las normas internacionales, sino más bien como un actor interesado en sí mismo que utiliza el control del crudo para aumentar su propio poder. Estados Unidos llegó a ser una superpotencia energética a través de la buena suerte casual y la política.
La revolución del esquisto aumentó enormemente la producción nacional de petróleo y gas, mientras que la política federal y de los estados más la construcción de instalaciones de gas natural licuado (GNL) hicieron que esa producción estuviera a disposición del mundo. En el proceso, el petróleo y el gas se convirtieron en aportes clave al crecimiento económico y el prestigio de EE.UU. La nación gana más con las exportaciones de GNL que con las de maíz y soya, y el doble que con las de contenido cinematográfico y televisivo, según indica S&P Global. Los combustibles fósiles son fundamentales, según la visión de Trump, no solo para la prosperidad interna sino también para la influencia internacional.
Creó un Consejo Nacional de Dominio Energético poco después de asumir la Presidencia, y su Estrategia de Segur i d a d N a c i o n a l, que se dio a conocer en noviembre pasado, califica el “dominio energético estadounidense” como una “importantísima prioridad estratégica”. Cuando las fuerzas estadounidenses capturaron al dictador venezolano Nicolás Maduro en enero, el beneficio fue doble. Un régimen que había desafiado la hegemonía estadounidense en el Hemisferio Occidental había sido pacificado, y EE.UU. obtenía el control de facto de una importante fuente de petróleo. Trump ya ha utilizado ese control para restringir los cargamentos dirigidos a Cuba con la esperanza de cambiar su liderazgo. La Unión Europea llegó a depender de Rusia para el 45% de sus importaciones de gas natural. Rusia instrumentalizó esa dependencia al retener los suministros tras su invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Con un coste enorme, Europa optó por alternativas más seguras. Actualmente, Estados Unidos suministra el 57% de las importaciones de GNL de la UE, según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero. Tras las amenazas de Trump de anexionarse Groenlandia y abandonar la OTAN, los europeos podrían preguntarse si simplemente han cambiado una vulnerabilidad geopolítica por otra. Trump sugirió que podría imponer un embargo comercial a España por negarse a permitir que las fuerzas estadounidenses utilicen sus bases para atacar a Irán. Los analistas señalaron que la pérdida del GNL estadounidense sería costosa para España, pero también improbable. La UE poGREBMOOLB dría tomar represalias. Es posible que Trump esperara inicialmente que el régimen iraní, al igual que el venezolano, cediera rápidamente, renunciando a sus ambiciones nucleares a cambio del levantamiento de las sanciones. Es posible que Trump haya logrado cierta influencia sobre el petróleo iraní, como lo hizo con el venezolano. Con la paz entre ambos países, la amenaza de inestabilidad geopolítica para el mercado petrolero mundial disminuiría. Esto aún podría suceder. Con su Ejército diezmado y sus ambiciones nucleares en ruinas, el régimen podría firmar la paz. Y si no lo hace, el estrecho podría reabrirse por la fuerza: tropas estadounidenses están llegando a la región y otros países debaten cómo reabrirlo. A pesar de las declaraciones de Trump sobre dejar el control del estrecho en manos iraníes, esto contradiría lo que su propia Estrategia de Seguridad Nacional considera un interés nacional fundamental.
Incluso si el control estadounidense del petróleo y el gas a nivel mundial se expande ya sea por la pérdida de suministros del Golfo o por su control de los envíos iraníes, la realidad económica limita su utilidad geopolítica. «Para ser realmente dominante, hay que tener bajos costos, y nosotros no los tenemos», afirmó el veterano analista petrolero Philip Verleger. Trump tiene pocas herramientas evidentes para obligar a los productores privados a retener el suministro, y en cualquier caso, eso sería contrario a su prioridad nacional de mantener los precios bajos. Otros países se convirtieron en ávidos clientes del petróleo y el gas estadounidenses gracias a la reputación de fiabilidad que se forjó antes del segundo mandato de Trump. Si se utiliza esa relación como arma, buscarán alternativas. Basta con preguntarle a Rusia. Artículo traducido por “El Mercurio”. Publicado antes del cese al fuego por 2 semanas anunciando ayer por Trump. PROVEEDOR Estados Unidos suministra el 57% de las importaciones de GNL de la UE, según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero. Autor: GREG IP THE WALL STREET JOURNAL. El hecho de ser un importante exportador de energía le da a Trump influencia sobre otros países.
EE.UU. ya no se ve a sí mismo como el garante de la estabilidad: PROVEEDOR Estados Unidos suministra el 57% de las importaciones de GNL de la UE, según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero. Una central eléctrica de gas en Colorado.