Autor: Máximo Díaz Ríos Director Coro Sinfónico Antofagasta Músico-pedagogo
Columnas de Opinión: Quien canta su mal espanta
Columnas de Opinión: Quien canta su mal espanta ucho o quizás no tanto, se ha hablado sobre la relevancia de las artes en el proceso formativo de los estudiantes en la educación escolar.
Se ha creado la semana de M la educación artística, por ejemplo, y algunas escuelas hacen el esfuerzo de contar con profesores especialistas (que en nuestro Norte Grande son muy pocos). Pero más allá de la educación artística, son las actividades extraescolares en donde se debe poner atención. Numerosos son los estudios que demuestran cómo la música tiene un impacto en el cerebro del niño, potenciando su neuroplasticidad, fortaleciendo la conexión entre hemisferios y aumentando la materia gris en áreas auditivas y motoras. Y de manera especial, cantar en un coro tiene múltiples beneficios. Cantar, por ejemplo, aumenta la propiocepción por medio de la respiración, la cual se vuelve más lenta, pausada, profunda, generando una descompresión a nivel emocional y corporal. La postura, erguida y flexible, más no rígida, estira la columna sacándola de su curvatura producida por el exceso de pantallas. Así estos dos factores generan inmediatamente una sensación de bienestar. Por eso, al salir de un ensayo de coro, el estado de ánimo mejora. Cantar en comunidad, es valorar la importancia del otro, es un darse cuenta de que sin el otro, nuestra existencia no tendría sentido. Según un estudio de la arqueóloga Penny Spikins, de la Universidad de York, la amabilidad y la empatía fueron claves para diferenciarnos de otras especies de homínidos, permitiendo nuestra evolución y supervivencia. En otras palabras, fue nuestra capacidad de "hacer comunidad" la que nos sostuvo como especie. Y la práctica coral "es" un hacer comunitario donde se fomentan, de forma natural y orgánica, la tolerancia, el respeto, la escucha y la empatía. Pese a la diversidad de pensamientos, prevalece un sentido superior: la construcción colectiva de la belleza.
Este proceso genera un doble impacto: por un lado, la realización personal de cada corista; por otro, la comunicación de la música hacia los demás, los auditores, transmitiendo un patrimonio que pertenece a toda la humanidad. La música genera un proceso de humanización en los niños, jóvenes y adultos. Si atendiéramos más en las escuelas el cultivo de la práctica coral, sin duda estaríamos más conectados con nuestras emociones entendiendo de mejor forma lo que nos pasa. Seríamos una sociedad más rica, más humana. El psiquiatra chileno Claudio Naranjo, en su libro "Cambiar la educación para cambiar el mundo", nos exhorta a situar el arte como un eje central en las aulas. Destaca la creatividad como una herramienta fundamental para el desarrollo de la conciencia y la expresión emocional, promoviendo una mentalidad más amorosa que competitiva, capaz de equilibrar nuestras dimensiones instintiva y racional. Las artes no solo amplían horizontes en niños y jóvenes, sino que también favorecen la movilidad social y fortalecen el capital cultural. No se trata de una utopía, sino de una realidad concreta. Lo viví en el colegio "El Sembrador" de Puente Alto, donde, gracias a un maestro de coro, muchos encontramos un camino: varios de mis compañeros se convirtieron en directores, docentes, cantantes e investigadores. Entonces, no miremos solamente lo ocurrido con la inspectora asesinada en Calama de forma reduccionista, buscando solo una medida que pone el foco en el ingreso de metales. Pensemos en qué herramientas podemos poner a disposición de niños y jóvenes para que cultiven una comprensión más profunda, empática y humanizadora de la vida. Soy un convencido de que el canto coral puede formar mejores seres humanos, es un saber que vale la pena abrazar y potenciar.
Las autoridades vinculadas con la educación deben buscar estrategias para que cada escuela tenga un coro, como decía el maestro Mario Baeza Gajardo "para que todo Chile cante". C Columna Autor: Máximo Díaz Ríos Director Coro Sinfónico Antofagasta Músico-pedagogo. C Columna