Carlos Granés: “La izquierda abandonó el proyecto universalista y se volvió reaccionaria”
Carlos Granés: “La izquierda abandonó el proyecto universalista y se volvió reaccionaria” 1 mundo al revés. En las primeras décadas del siglo XX la vanguardia artística jugó con el lenguaje de la provocación. Poetas y artistas buscaron romper límites y escandalizar a la moral de su época. Eventualmente hoy, un siglo después, se respiran aires de corrección en el mundo del arte, y el lenguaje del escándalo se trasladó a la arena política, sobre todo a la derecha radical.
Acaso como una escena surrealista, "hoy tenemos artistas conservadores y moralistas, y políticos que imitan la actitud transgresora de los artistas del espectáculo", dice Carlos Granés. --Todo está desordenado y el resultado son múltiples rugidos, múltiples disonancias que nos tienen absolutamente extrañados y confundidos --dice. Antropólogo social y ensayista, Carlos Granés es autor de El puño invisible, una historia de las vanguardias artísticas y políticas de inicios del siglo XX, y Delirio americano, aguda revisión de la historia del continente. Ahora publica El rugido de nuestro tiempo.
Dedicado a Mario Vargas Llosa, con quien mantuvo amistad en sus últimos 20 años, el libro analiza las batallas culturales y los problemas políticos que tensionan el mundo contemporáneo: delas teorías de raza y el "buenismo" en el arte a las performances políticas, los líderes mesiánicos y el trumpismo.
El título recuerda el ensayo de Ortega y Gasset El tema de nuestro tiempo. "El gran problema es que hoy no tenemos tema: tenemos peleas", dice Granés. "No abordamos problemas concretos; simplemente estamos enzarzados en disputas, en batallas culturales y en peleas por símbolos. No es un periodo de discusiones serias, sino de rugidos. El espacio público está lleno de rugidos". De algún modo, nuestro tiempo parece desbocado, observa el autor.
Desde la geopolítica, con "Trump reclamando Groenlandia; una Venezuela comunista siendo regida por Estados Unidos, que es una cosa rarísima, hasta el estado de la cultura y la política". Desde Madrid, donde vive, Carlos Granés retrocede a la crisis de 2008 para explicar estos fenómenos. --Aquella crisis tuvo un impacto fuertísimo en los jóvenes, porque, por primera vez desde la posguerra, tienen la sensación de que van a vivir peor que sus padres.
A eso se suma la conciencia climática, el apocalipsis ecológico y nuevas ideas que surgieron en la universidad anglosajona y que están muy de moda: la teoría crítica de la raza y el poscolonialismo, que conciben que la sociedad occidental es estructuralmente racista, machista y opresora.
De este modo, "los jóvenes tienen la percepción de que viven en el peor de los mundos posibles y que su misión es reparar los vicios morales de su sociedad". Y ello se traspasa al mundo del arte. --Entonces su arte se convierte básicamente en un sermón moral que le muestra a la sociedad todos los vicios entre los cuales vivimos: el machismo, el maltrato al medioambiente, el racismo, la discrimial medioambiente, el racismo, la discrimiCarlos Granés: "La izquierda abandonó el proyecto universalista y se volvió reaccionaria" El autor colombiano publica El rugido de nuestro tiempo, un ensayo donde describe cómo la corrección moral se trasladó al arte, mientras la rebeldía pasó a la política, especialmente en la derecha. El autor dibuja un escenario de liderazgos performáticos, polarización extrema y una izquierda profundamente desorientada. Por Andrés Gómez Bravo nación a los transexuales, a las minorías, etcétera. Hoy entrar a una galería y, sobre todo, a un museo supone enfrentarte casi a un sermón laico: como si entraras a una iglesia. Los artistas te están señalando el mal, el pecado y cómo debes repararlo. ¿Cómo el discurso rupturista se instaló en la política? Pasó paralelamente a la moralización de la cultura. Eso abrió campo para que la derecha, y ni siquiera la derecha tradicional, sino una derecha muy reaccionaria, capturara la imaginación de los jóvenes apropiándose del shock: la transgresión moral, la incorrección política, lo irreverente. Carlos Granés cita el ejemplo de Jair Bolsonaro, que fue diputado por 30 años en Brasil y era prácticamente desconocido. "Fernando Henrique Cardoso fue presidente ocho años y ni siquiera lo conocía.
Nunca se destacó". Hasta que en 2016 votó Nunca se destacó". Hasta que en 2016 votó a favor de la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff alabando a Carlos Alberto Brilhante Ustra, el militar que la había torturado. -Con ese acto, Bolsonaro rompió todo el consenso moral de mi generación y de las anteriores. ¿Y qué ocurrió? Lo contrario a lo que uno pensaría: no lo sepultó políticamente; lo catapultó. Gracias a eso se convirtió en presidente.
Era la prueba de que la transgresión moral y la incorrección política empezaban a dar resultados enormes. ¿A qué respondió? Había un público arrinconado, silenciado por la hegemonía de los valores del 68 --valores liberales, progresistasy de pronto encuentra una voz que los representa. Y esa actitud transgresora empieza a ser seductora para los jóvenes. Se convierten en partidos muy potentes, incluso en mayorías en ciertos lugares. rías en ciertos lugares. El politólogo Pablo Stefanoni dice, acaso irónicamente, que "la rebeldía se volvió de derecha". ¿Pero es una rebeldía más bien regresiva, no? Claro, estos nuevos rebeldes recuperan una serie de valores que habían sido derrotados. Tienen que ver con la patria: son nacionalistas; defienden la institución familiar; recelan de la homosexualidad, de la inmigración, de la diferencia. Quieren sociedades más homogéneas, sistemas políticos más unánimes, con menos pluralidad.
Y para eso deslegitiman cualquier disenso: cualquier voz crítica queda inevitablemente del lado de la antipatria, del lado de los "zurdos de mierda". Entonces sí: son valores e ideas viejas, pero están usando técnicas muy provocadoras, transgresora. Trump, Kast y Boric En este plano, ¿qué influencia ha tenido Donald Trump en América Latina? Él ha sido el campeón de la incorrección política. Y la impuso como técnica, de una forma casi espontánea o azarosa. Desde que dijo que podía bajar a la Quinta Avenida y disparar al azar sin perder un solo votante. Esa era una consigna surrealista: está en el segundo manifiesto de André Breton. Obviamente Trump no lo sabía, pero dijo una boutade surrealista.
Se burló de los discapacitados, se burló de la menstruación femenina, se ufanó de que podía manosear a una mujer sin consecuencias, y se burló de una de las instituciones más sagradas para los estadounidenses: los veteranos de guerra. Es decir, fue el más incorrecto, y eso lo convirtió en un fenómeno cultural. Se convirtió en un símbolo de rebeldía, y en un imán para jóvenes que antes hubieran sido de izquierda.
Y en América Latina ha servido como catalizador o aliciente para una nueva derecha, que está en el poder en Argentina, en El Salvador, y que tiene una llegada brutal con los jóvenes por lo mismo.
Son seductores por el odio que movilizan, porque establecen con mucha claridad las filias y las fobias. ¿Ve alguna relación con José Antonio Kast? Kast es chileno, entonces es mucho más sobrio; no es tan performático como otros. Pero Kast claramente es un nacionalista, es un patriotero; no quiere a los inmigrantes. Reivindica el legado pinochetista: es una derecha durísima.
Aun así, creo que el contexto chileno lo modera, porque el civismo, la democracia y el republicanismo chileno son muy fuertes, y funcionan como una camisa de fuerza que impide que la locura de los políticos brote de forma tan silvestre como en Colombia o en Argentina. Entonces sí: están emparentados, pero el estilo va a ser distinto. En el libro se refiere a Gabriel Boric como el presidente poeta.
Boric y el Frente Amplio confundieron la poesía con la política. ¿Qué problema identifica allí? Confundir la poesía con la política pública trae enormes problemas, porque la poesía te hace sensible a ciertos malestares, te hace idealista, te permite soñar, te hace entrañable, pero es impráctico y poco anclado en la realidad. La generación de Boric.
Carlos Granés: “La izquierda abandonó el proyecto universalista y se volvió reaccionaria” ll nl a to Se SIGA e E Carlos Granés nació en Bogotá en 1975, y vive hace más de dos décadas en Madrid. intuyó un malestar típico de la modernización acelerada.
Pero no se dieron cuenta de que durante los años de la Concertación Chile se había democratizado; se había fortalecido institucionalmente de forma tremenda; había incorporado a clases medias y a muchísima gente al consumo, a la educación, con muchos sacrificios. Boric intentó retroceder en la historia, "resetear Chile para que volviera a empezar en 1973, olvidando todo el período posterior. Ese fue un mal diagnóstico, porque suponía decirle a mucha gente que mejoró su vida, que vivió en democracia, que había estado engañada; que había vivido un pinochetismo de baja intensidad sin darse cuenta. De todos modos, usted diferencia a Boric del resto de la izquierda latinoamericana.
Boric hizo algo que hoy casi ningún político hace: reconocer que se equivocó y lítico hace: reconocer que se equivocó y lítico hace: reconocer que se equivocó y lítico hace: reconocer que se equivocó y lítico hace: reconocer que se equivocó y corregir, enmendar el rumbo. Eso muestra que está hecho de otra pasta; que no es un populista como Pablo Iglesias o Íñigo Errejón. Es un líder con posibilidades hacia el futuro. El punto de inflexión fue el rechazo al proyecto constitucional. Entonces el gobierno abandonó su proyecto refundacional. ¿Fue una adaptación o algo estratégico? Yo creo que la realidad le dio una bofetada a Boric y él la supo recibir. A Petro la realidad le ha dado mil bofetadas y no sabe recibirlas: se hace el tonto, desvía la cara. Boric recibió el golpe y lo asumió. En la práctica, tuvo que meter gente con más experiencia, gente de la socialdemocracia, justamente aquellos a los que despreció. Eso habla bien de él. A mí me gusta la gente que puede rectificar.
Pienso en Huidobro, que fue de los pocos poetas latinoamerique fue de los pocos poetas latinoamerique fue de los pocos poetas latinoamerique fue de los pocos poetas latinoamerique fue de los pocos poetas latinoamerique fue de los pocos poetas latinoamericanos que reconoció que, en su euforia, en su desprecio a la democracia, había algo de fascismo.
Me encanta la gente que puede mirar hacia atrás y decir: "Carajo, estábamos desorientados y, queriendo ser revolucionarios o más demócratas, la estábamos cionarios o más demócratas, la estábamos embarrando". Creo que Bori ese espíritu de rectificación. ¿Qué lecciones se pueden extraer del proceso chileno? La principal lección es que, en momentos de polarización, división, fragmentación y política performática, la peor idea que puede tener un político es hacer una asamblea constituyente. Un texto constitucional, que se supone debe hermanar a una sociedad y fundarse en consensos, hacerlo justo en estos momentos de volatilidad, de bajas pasiones, de espectáculo, de pendejada, de tontería, es un error imperdonable.
Pero América Latina no quiere aprender. -omulga con -omulga con EL RUGIDO DE NUESTRO TIEMPO TIEMPO CARLOS GRANÉS El rugido de nuestro tiempo Carlos Granés Taurus En Colombia, por ejemplo, la izquierda insiste una y otra vez en una asamblea constituyente. Deberían mirar a Chile y ver lo que le pasó a la izquierda por insistir en ese acto adanista, refundacional e innecesario. El futuro de la izquierda ¿ La izquierda hoy está desorientada? Está desorientadísima y en serio peligro, porque no hace autocrítica. A mí me sor prendió mucho, por ejemplo, el análisis que hace la izquierda sobre Maduro y Venezuela. Dicen: "Sí, Maduro es un problema", pero no para los venezolanos ni para América Latina, sino para la izquierda. Esa falta de autocrítica, esa incapacidad de mirarse y reconocer que ciertas políticas de izquierda han dañado profundamente a las sociedades, es nociva a muerte.
La izquierda tiene una responsabilidad enorme en el auge de la derecha dura. ¿Qué futuro político tiene la izquierda? La izquierda debería recuperar su plan original: el internacionalismo, el cosmopolitismo, una izquierda no identitaria; una izquierda que defendía al individuo por sus capacidades, su talento, no por su orientación sexual, su etnia, su nacionalidad o cualquier rasgo identitario. Esa era la izquierda que a mí me motivó en otros momentos: la universalista, la que pensaba en términos de humanidad, la que defendía la ciencia, el progreso y la razón. De pronto la izquierda olvidó su proyecto universal y se volvió reaccionaria, enamorada de los nacionalismos, de lo plurinacional, de los saberes ancestrales, de lo ecológico entendido de manera casi mística. Es decir, valores profundamente reaccionarios: lo primitivo, lo antimoderno, lo antioccidental. Eso no era la izquierda. ¿Ese abandono coincide con el auge del mundo woke y las políticas de identidad? Exactamente. Eso le ha hecho un daño terrible no solo a la izquierda, sino también a la academia, a la cultura y a la política en general. Nos infantilizó, nos volvió antipluralistas, nos volvió frágiles, debilitó el yo. Asumió que el individuo no era capaz de soportar las fricciones de la vida; que todo tenía que ser un espacio seguro; que debíamos comportarnos como niños indefensos. Eso destruyó un proyecto central de la izquierda, que era el de la autonomía: el de formar personas racionales, capaces de pensar en términos de lo deseable para la humanidad. O humanidad. O humanidad. O humanidad. O humanidad. O.