Editorial: CHILE ANTE LA NUEVA GEOPOLÍTICA DE LOS DATOS
Editorial: CHILE ANTE LA NUEVA GEOPOLÍTICA DE LOS DATOS T ras el episodio diplomático que involucró sanciones de EEUU a funcionarios chilenos por riesgos para la seguridad hemisférica a raíz de la construcción de un cable submarino chino, las tensiones en torno a la infraestructura crítica dejaron al descubierto que los datos son una nueva frontera para la seguridad nacional.
En la misma semana en que el embajador de EEUU, Brandon Judd, dio por superado el incidente y prácticamente por desahuciado el proyecto de Beijing -lo que el Gobierno aún no confirmaDF reveló que Google detectó actividad de un grupo de ciberespionaje vinculado a la administración china operando en Chile, lo que refleja que el país dejó de estar aislado de las tensiones globales.
Para navegar en este nuevo escenario resulta urgente avanzar hacia una neutralidad tecnológica activa, donde no se trata de elegir bandos, sino de garantizar la soberanía sobre información sensible, al tiempo que se evita poner en riesgo acuerdos estratégicos, como la Visa Waiver, o la relación comercial con China, un socio irremplazable. Más del 95% del tráfico mundial de datos circula hoy por cables submarinos, una infraestructura central en la competencia tecnológica y estratégica entre potencias. Para Chile, que ofrece una conexión natural entre Sudamérica y Asia Pacífico, esta industria tiene además una dimensión económica.
El país aspira a atraer inversiones en data centers y conectividad en un escenario competitivo, donde los proyectos que no se concreten en territorio nacional -como el eventual cable chino-, lo harán inevitablemente desde otras costas, conversación en la que Perú aparece con frecuencia. La cuestión es cómo participar y ello exige avanzar en ciertos pilares. Por una parte, Chile debe asumir una neutralidad tecnológica activa, con estándares técnicos que permitan auditar cada bit, garantizando la soberanía sobre información sensible. EEUU no exige que el país deje de comerciar con China, sino que áreas estratégicas de infraestructura digital no queden expuestas a riesgos de espionaje o manipulación de datos sensibles.
En paralelo, el país debe ejercer una soberanía digital inteligente que le permita controlar los datos que circulan por sus redes, y junto a ello contar con certificación internacional y estándares de confianza, lo que tiene consecuencias directas en la vida de los ciudadanos, pues programas como la Visa Waiver entran en este ámbito. A ello se suma la necesidad de una gobernanza clara sobre infraestructura crítica. En este despliegue hay, asimismo, una dimensión interna que no debiera quedar fuera por "amateurismo" diplomático en tecnología.
El proyecto del cable Humboldt, que da garantías a Wahington, no resuelve la conectividad de Isla de Pascua ni del archipiélago de Juan Fernández, lo que afecta su desarrollo y la presencia estratégica de Chile en el Pacífico. Empresas como Desarrollo País deben tener un rol activo en la búsqueda de soluciones, pero es también un tema de negociación. Si Chile opta por alinearse con estándares de EEUU es pertinente la búsqueda de beneficios, como apoyo financiero o técnico de agencias estadounidenses para cerrar tal brecha digital.
En la geopolítica de los datos el desafíos es, así, utilizar posición geográfica del país y sus propios intereses, incluida la conectividad de su territorio insular, para negociar con las potencias desde una posición de profesionalismo y visión de Estado. La Infraestructura de datos hoy es parte de la seguridad nacional, lo que exige abandonar Improvisaciones tecnológicas.. EDITORIAL La Infraestructura de datos hoy es parte de la seguridad nacional, lo que exige abandonar Improvisaciones tecnológicas.