Editorial: Detención de Maduro y futuro de Venezuela
Editorial: Detención de Maduro y futuro de Venezuela La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marca un hito en la historia de uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de América Latina, pero abre, al mismo tiempo, un escenario cargado de interrogantes.
No se trata solo de la detención del líder de un régimen que ejercía el poder sin legitimidad democrática, sino del complejo desafío de cómo reconstruir un país devastado sin reemplazar una forma de imposición por otra. Durante más de una década, Venezuela fue gobernada por una autoridad que ignoró sistemáticamente el mandato ciudadano. Elecciones cuestionadas, instituciones capturadas, persecución política y censura fueron el sello de un régimen cuya consecuencia más visible fue el empobrecimiento masivo de su población. La pobreza se extendió a niveles dramáticos, la inflación destruyó cualquier estabilidad económica y el desabastecimiento se volvió parte de la vida cotidiana. A ello se sumaron violaciones reiteradas a los derechos humanos, documentadas por Naciones Unidas y que derivaron en acusaciones por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional. El impacto de esta crisis no quedó contenido dentro de las fronteras venezolanas. La migración forzada de cerca de ocho millones de personas se transformó en una de las mayores emergencias humanitarias del continente. Chile y nuestra región conocen de cerca esta realidad: miles de venezolanos llegaron buscando lo que su país ya no podía ofrecerles. Al mismo tiempo, la expansión de organizaciones criminales vinculadas al régimen terminó afectando directamente la seguridad de otros Estados, incluido el nuestro. Por años, la comunidad internacional optó por caminos diplomáticos y políticos para forzar una salida democrática. Sanciones, declaraciones de ilegitimidad, mediaciones y llamados a elecciones libres se sucedieron sin resultados.
Ese prolongado fracaso explica el contexto en que se produjo la intervención estadounidense, una acción que, aunque respaldada por quienes vieron en ella el único modo de poner fin a una dictadura enquistada, también plantea dudas desde el punto de vista del derecho internacional y del respeto a la soberanía de los Estados. Las declaraciones posteriores del Presidente Donald Trump, al enfatizar intereses económicos asociados al petróleo y sugerir que Estados Unidos "administrará" Venezuela durante la transición, aumentaron la preocupación. Ahora bien, es absolutamente entendible que muchos celebren la caída de quien simbolizó la destrucción de Venezuela. Pero la historia demuestra que la salida de un dictador no garantiza, por sí sola, la recuperación democrática. El verdadero desafío comienza ahora: devolverle al pueblo venezolano la capacidad de decidir su futuro, reconstruir el Estado de Derecho y reinsertar al país en la comunidad internacional..