Editorial: La deuda habitacional: Una grieta que se profundiza en la región
Editorial: La deuda habitacional: Una grieta que se profundiza en la región Chile enfrenta una de las crisis habitacionales más severas de las últimas décadas, una situación que el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), Alfredo Echavarría, no ha dudado en calificar como una "crisis humanitaria". A nivel nacional, el déficit alcanza los 980 mil hogares que requieren una vivienda digna, de los cuales 834 mil conforman el déficit habitacional propiamente tal.
Sin embargo, mientras algunas regiones muestran leves mejorías, la Región de Aysén camina en sentido contrario, consolidándose como una de las cinco zonas donde el requerimiento de hogares aumentó, registrando un alza del 3% para totalizar 3.147 familias sin un techo adecuado. Para los comités de vivienda de la región, el panorama es desalentador.
La crisis financiera que atraviesa el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) ha encendido las alarmas, ya que la falta de recursos impide cumplir con los pagos a las constructoras, deteniendo la ejecución de proyectos incluso cuando los subsidios ya han sido otorgados. Esta "deuda" no es solo monetaria; es social.
El aumento sostenido en el valor de los materiales, la mano de obra y el alto costo de los terrenos ha creado una brecha entre los presupuestos aprobados y la realidad del mercado, asfixiando la gestión de los comités que ven cómo sus proyectos se estancan en la burocracia o en licitaciones desiertas. En Aysén, la mayor urgencia radica en las viviendas irrecuperables, que afectan a 1.762 inmuebles, reflejando una precariedad material que impacta directamente en la calidad de vida.
A esto se suma la realidad de los jóvenes profesionales y la clase media, quienes se encuentran atrapados en un "limbo". Mientras que en 2014 casi la mitad de los chilenos creía posible comprar una casa, hoy solo el 15% mantiene esa expectativa.
El acceso al crédito es una barrera casi infranqueable y el costo de los arriendos devora más del 30% de los ingresos en los hogares vulnerables, una cifra que, de ser considerada en la medición de pobreza, elevaría la tasa nacional del 6,5% al 22,3%. La solución requiere más que metas cuantitativas; demanda colaboración públicoprivada urgente y creatividad para agilizar subsidios y flexibilizar normativas. No podemos permitir que el sueño de la casa propia se convierta en una utopía para las nuevas generaciones de profesionales ni en una espera eterna para los comités de la región..