BUSCANDO CHILENITOS EN VERANO
BUSCANDO CHILENITOS EN VERANO El Bioparque Puquén, una reserva privada de 260 hectáreas ubicada entre Los Molles y Pichidangui, es un lugar ciertamente especial.
En 2015 fue catalogado como Sitio Prioritario para la Conservación por el Ministerio del Medio Ambiente, por albergar especies amenazadas o ecosistemas únicos, y hoy, con la promulgación de la nueva ley del SBAP, que cambia la nomenclatura de estos espacios y elimina el concepto de Santuario de la Naturaleza, podría ser considerado “Área protegida de múltiples usos” o “Reserva nacional de carácter privado”. Aquí se encuentran cerca de 300 especies registradas, la mayoría de ellas endémicas, como el lúcumo silvestre o palo colorado, la mariposa de Los Molles, el chagual, y al menos cinco tipos de cactus.
De estos últimos, el emblema es, sin duda, el “chilenito” o Eriosyce chilensis, una especie que solo crece en una franja de terreno de apenas 10 kilómetros y que hoy está catalogado en peligro crítico de extinción. Según cuenta Osvaldo Fuenzalida, actual administrador de Puquén, un estudio geológico develó un levantamiento de placas en Pichidangui que provocó que el chilenito tuviese un microendemismo.
Este pequeño cactus, que como máximo crece unos 30 centímetros, se diferenció de su pariente, Eriosyce litoralis, por el tipo de polinizador: mientras a E. litoralis lo poliniza el picaflor gigante, a E. chilensis lo polinizan abejas nativas. Según explica Fuenzalida, esa adaptación no solo aseguró su reproducción, sino que fortaleció la cadena alimenticia local, ya que estos insectos también sirven de alimento a reptiles como las lagartijas. Para este viaje, nuestra idea era observarlo en vivo y en directo, aunque sabíamos que, lamentablemente, en verano es imposible verlo florecido. Esto ocurre a partir de agosto, entre fines de invierno y principios de primavera. En ese momento, una hipnótica flor fucsia en forma de embudo brota desde su corona, llenando de color esta estrecha franja de tierra. A medida que avanza hacia el norte, rumbo a Pichidangui, este fenómeno se desvanece: su color se vuelve más pálido, como si la flor se quedara sin tinta. De todos modos, ingresamos al Bioparque Puquén una tarde de febrero para ver aunque sea su forma. Debido a que el chilenito solo crece pegado a los roqueríos costeros y acantilados, tomamos el sendero Costa Puquén, de 1,3 kilómetros, atravesando miradores y senderos abiertos por antiguos algueros, siempre con vista al mar. En el primero, llamado el “Chungungo”, ya se podían ver los primeros ejemplares. Las quebradas y paredes de roca estaban salpicadas por distintos cactus, como quisquitos rosados y anaranjados, o el copao de Philippi, además de matorrales de pata de guanaco. Entre ellos, el chilenito aparecía más esbelto y algo más alto. Muchas veces, crecía desde dentro de una roca donde logró colarse. La imagen era tan poderosa que pasamos por alto que no estuviera florecido. De todas formas, poder observarlo en ese estado nos hacía respetarlo aún más. Se veía más rudo, resistente. Como si la extracción ilegal y el tráfico no lo desgastaran. Como si el avance inmobiliario en la bahía no redujera su hábitat. Como si el paso de caballos y algueros no pudiera aplastarlo en segundos.
Avanzando unos metros por el sendero llegamos al segundo mirador, llamado precisamente “Chilenito”. Desde allí, observando hacia abajo en la quebrada, se podía apreciar el lugar donde se concentra la mayor cantidad de chilenitos en el parque. A simple vista, había unos veinte o treinta, con sus espinas puntiagudas y delgadas, recibiendo los rayos del sol.
Tras el espectáculo, continuamos hacia los otros dos miradores, “El Salto” y “La Herradura”, las últimas escalas antes de llegar al Puquén, la famosa caverna submarina donde al entrar las olas se produce un rugido atemorizante, algo que esta vez no ocurrió: la marea estaba en una calma inusitada. D PARA VISITAR El Bioparque Puquén abre de miércoles a domingo, de 10:00 a 17:00 horas. Más información en el cel. +569 / 2239 6837 o al mail reserva.puquen@gmail.com OIBMARAMEGROJ.
NO NOS REFERIMOS AL TÍPICO ALFAJOR RELLENO CON MANJAR Y CUBIERTO DE AZÚCAR FLOR, NI TAMPOCO ALA FORMA DIMINUTIVA CON LA QUE A VECES LLAMAN A NUESTROS COMPATRIOTAS, SINO MÁS BIEN AUN CACTUS ENDÉMICO QUE SOBREVIVE ENTRE LOS MOLLES Y PICHIDANGUI Y QUE, AUNQUE EL VERANO NO PERMITA VERLO EN FLOR, SIEMPRE ES UN PRIVILEGIO OBSERVAR, PORQUE ESTÁ A PUNTO DE DESAPARECER. TEXTO Y FOTOS: Michelle Ponce R. DIARIO DE VIAJES Los senderos se acercan al mar. El cactus aquí está protegido. El chilenito en verano, sin flor. Bosque de copaos de Philippi.