Autor: Darinka Radovic, académica Educación Parvularia Universidad de Las Américas
Columnas de Opinión: La ausencia de hombres en la educación inicial: una desigualdad invisible
Columnas de Opinión: La ausencia de hombres en la educación inicial: una desigualdad invisible n las últimas décadas, la baja participación de mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáIticas ha ganado una alta visibilidad pública. Existen días conmemorativos, campañas, políticas afirmativas y programas estatales orientados a revertir esta desigualdad.
Sin embargo, hay otra forma de segregación de género que permanece casi invisible: la bajísima presencia de hombres en las carreras asociadas al cuidado, como la Educación Parvularia, la Educación Básica, la Enfermería o el Trabajo Social.
A diferencia de lo que ocurre en las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), no existen fechas simbólicas, políticas públicas sistemáticas ni estrategias nacionales que busquen promover la participación masculina en estos campos altamente feminizados. En Chile, la asimetría es evidente: en 2025, de 2.745 nuevas matrículas universitarias en Educación Parvularia, solo 15 correspondieron a hombres. En los últimos quince años, la matrícula masculina -tanto en carreras profesionales como técnicasno ha alcanzado siquiera el 1%. Pese a ello, el problema rara vez entra en la agenda pública.
Esta segregación se explica por estereotipos de género profundamente arraigados: la idea de que el cuidado es femenino, que los hombres "no sirven" para trabajar con niños pequeños o, peor aún, que su presencia en esos espacios es sospechosa. Estas creencias operan como formas de discriminación silenciosa que desalientan trayectorias profesionales completas incluso antes de comenzar. El resultado es doblemente problemático. Por un lado, limitamos las opciones vitales de los hombres, excluyéndolos de campos donde podrían aportar diversidad, referentes masculinos positivos y nuevas formas de ejercer el cuidado. Por otro, sobrecargamos a las mujeres con la responsabilidad casi exclusiva del trabajo educativo y emocional, reproduciendo la división sexual del trabajo desde la primera infancia. Hablar de igualdad de género solo en clave de mujeres entrando a espacios masculinizados es una discusión incompleta. La equidad real exige también que los hombres puedan -y quieranentrar a espacios históricamente feminizados, sin estigma ni castigo social. Para ello no bastan discursos bienintencionados: se requieren políticas públicas, incentivos institucionales, cambios culturales y, también, medidas afirmativas. Pelear ambas luchas al mismo tiempo no es una contradicción, sino una condición para avanzar hacia una igualdad más profunda y coherente.
Esta segregación se explica por estereotipos de género profundamente arraigados: la idea de que el cuidado es femenino, que los hombres "no sirven" para trabajar con niños pequeños o, peor aún, que su presencia en esos espacios es sospechosa. Autor: Darinka Radovic, académica Educación Parvularia Universidad de Las Américas.
C Columna Esta segregación se explica por estereotipos de género profundamente arraigados: la idea de que el cuidado es femenino, que los hombres "no sirven" para trabajar con niños pequeños o, peor aún, que su presencia en esos espacios es sospechosa.