Editorial: Eficiencia sin debilitar capacidad
Editorial: Eficiencia sin debilitar capacidad E I reciente nombramiento del nuevo director regional de Conaf Ñuble llega en un momento particularmente exigente.
Las cifras de la última temporada son elocuentes: 417 incendios y más de 10 mil hectáreas afectadas, con una incidencia creciente en zonas de interfaz urbano-rural, donde confluyen expansión habitacional, alta carga de biomasa y condiciones climáticas cada vez más adversas. En este contexto, cualquier definición sobre recursos y estrategia adquiere una relevancia crítica.
En sus primeras declaraciones en La Discusión, la nueva autoridad ha sido enfática en señalar que el ajuste presupuestario del 3% impulsado por el Gobierno no comprometerá la capacidad de respuesta de la institución frente a incendios forestales.
El mensaje busca transmitir tranquilidad y pone el acento en la eficiencia: mejorar los tiempos de detección, optimizar procesos internos, fortalecer la coordinación interinstitucional y profundizar el trabajo preventivo con comunidades son líneas de acción no solo pertinentes, sino indispensables. La experiencia reciente respalda este enfoque. La propia Conaf reconoce que el fortalecimiento de recursos en los últimos años ha tenido impactos positivos, reflejados en una disminución promedio de incendios y de superficie afectada en el último quinquenio. Sin embargo, también advierte que aquello no es suficiente por sí solo, y que la prevención-particularmente en territorios con alta intervención humana-debe intensificarse, considerando que el 99,7% de los incendios tiene origen antrópico. Junto con valorar esta mirada estratégica, es necesario advertir un punto clave que no puede relativizarse: la eficiencia tiene límites cuando el fuego ya está desatado.
La optimización de procesos puede acortar tiempos de respuesta, la coordinación puede mejorar la gestión de emergencias y la prevención puede reducir la ocurrencia, pero el combate efectivo de incendios forestales sigue dependiendo, en gran medida, de la disponibilidad de recursos concretos: brigadistas, equipamiento, aeronaves, maquinaria y logística desplegada oportunamente en el territorio. La última temporada operó con 200 brigadistas, 20 brigadas, siete aeronaves y recursos mecanizados.
Ese despliegue no es trivial, y su mantención o eventual refuerzo resulta determinante ante escenarios de alta complejidad, como los que ya se han registrado en Ñuble, con eventos de rápida propagación y condiciones meteorológicas adversas. Pensar que un ajuste presupuestario, aunque acotado, puede no tener efectos en este ámbito, es una premisa que debe ser analizada con prudencia.
El propio director reconoce que la intensidad y voracidad de los incendios ha ido en aumento, impulsada por factores estructurales como el cambio climático, la acumulación de biomasa y la creciente presión humana sobre los territorios rurales. En ese escenario, la capacidad de respuesta no puede quedar expuesta a restricciones que, en situaciones extremas, podrían traducirse en una menor disponibilidad de medios en momentos críticos.
Por ello, si bien es positivo avanzar hacia una gestión más eficiente, con mayor coordinación público-privada, uso de tecnología y fortalecimiento de la silvicultura preventiva, resulta imprescindible que estas mejoras no se construyan a costa de debilitar la base operativa del sistema. La prevención es clave, pero no reemplaza la necesidad de contar con músculo suficiente para enfrentar emergencias de gran magnitud. Ñuble ya ha vivido temporadas complejas.
Apostar exclusivamente a la eficiencia, sin resguardar el financiamiento adecuado del combate, puede transformarse, en el peor de los casos, en una decisión con consecuencias irreversibles.. La última temporada operó con 200 brigadistas, 20 brigadas, siete aeronaves y recursos mecanizados.
Ese despliegue no es trivial, y su mantención o eventual refuerzo resulta determinante ante escenarios de alta complejidad, como los que ya se han registrado en Ñuble, con eventos de rápida propagación y condiciones meteorológicas adversas. Pensar que un ajuste presupuestario, aunque acotado, puede no tener efectos en este ámbito, es una premisa que debe ser analizada con prudencia. EDITORIAL