Cartas: La paradoja del sello negro
La paradoja del sello negro Señor Director: Chile fue pionero. Hace poco menos de una década le puso un sello negro a miles de alimentos. La nueva normativa acabó incluso con la venta del Kinder Sorpresa. En los años siguientes, la Ley de Etiquetado fue alabada por la OMS, imitada por decenas de países y motivo de orgullo nacional. Una política pública que, en teoría, nos protegía de la obesidad. Nueve años después, el resultado es incómodo: somos uno de los países más obesos del mundo, y si seguimos así, podríamos liderar el ranking en 2050. Paradójico, ¿ no? Nos convertimos en un caso de estudio... del problema que queríamos evitar. Más del 40% de la población adulta tiene obesidad. La mitad de nuestros niños está con sobrepeso. Y la pregunta, que ya no podemos seguir ignorando, es simple: ¿ Qué hicimos mal? El problema no es solo estético ni personal. Es estructural. Hemos conocido informes que sostienen que entre el 2% y el 3% del PIB se destina a tratar enfermedades relacionadas con la obesidad.
Además, una proporción muy relevante del gasto público en salud va asociado a las llamadas Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECN), patologías que están muy asociadas al sobrepeso y que son la principal causa de muerte en Chile. ¿Cuánto progreso se sacrifica por eso? ¿ Cuántos hospitales, liceos, carabineros, metros o viviendas dejamos de financiar porque estamos tapando las consecuencias de una mala alimentación? La obesidad también impacta el desarrollo cognitivo infantil. Un niño mal alimentado no aprende igual. Y eso condiciona su futuro, su empleabilidad, su aporte a la sociedad. Es una cadena que parte en el supermercado y termina en el Sename. Nos enamoramos de una herramienta y olvidamos que ninguna ley, por sí sola, cambia hábitos. Faltaron políticas complementarias. Educación nutricional real. Acceso justo a alternativas saludables.
La voluntad política que hubo para implementar esta ley —valiente y necesaria en su momento— debe ahora canalizarse hacia una etapa nueva: una que no se base solo en advertencias y prohibiciones, sino en potenciar la capacidad de las personas, especialmente los padres, de elegir bien. Porque cuando el foco está solo en lo prohibitivo, dejamos fuera algo fundamental: la educación, la autonomía y la cultura alimentaria. Mientras el mundo nos sigue aplaudiendo, nosotros nos seguimos enfermando. Es tiempo de ir más allá del sello. MATÍAS MUCHNICK