Autor: Manuel Fdo. Álvarez Lucero Antropólogo
Columnas de Opinión: La ciudad capital
Columnas de Opinión: La ciudad capital La ciudad capital sigue creciendo, quizás no tan rápido como en las décadas anteriores, crece hacia las afueras, donde cada vez hay más viviendas en los sectores que antes eran rurales.
El centro de la ciudad capital se mantiene casi igual, con sus calles y veredas sobreviviendo al paso del tiempo, con sectores muy irregulares, donde es muy fácil caerse o doblarse un tobillo, sobre todo en los tiempos que se aproximan, de hielo, de escarcha o de nieve.
Pero así ha sido siempre en la Patagonia, la vida es dura, compleja y difícil, desde los primeros pioneros, hasta la actualidad, aunque siempre no faltan las personas que siguen diciendo, "Antes sí que caía nieve" "Antes sí que hacía frío", pero en realidad eso siempre se sobredimensiona, antes era difícil, hoy día también, hoy en día se siguen resbalando los vehículos con la escarcha, seguirán escarchándose las cañerías de agua y el frío es el mismo de siempre, frío que congela los huesos y articulaciones, de los que llegaron primero y de los que vinieron después, sin discriminación alguna.
Pero es que hoy todo es más fácil, replican otros, pero eso tampoco es cierto, es verdad que antes las personas se demoraban mucho más para ir de un lugar a otro, para comprar provisiones, para llegar con lo necesario a la casa en el campo, hoy existen caminos pavimentados, pero hay, por ejemplo, muchos más vehículos, donde las personas conducen mal y a grandes velocidades, entonces la probabilidad de que ocurran accidentes es mucho mayor. Antes era antes. Antes no había caminos, hoy hay caminos, pero con muchos eventos y complejidades.
Es que cansador ese argumento, que otorga al pasado las características y connotaciones de que ese fue el tiempo único y especial donde todo se formó, donde todo comenzó, es lógico que fue una época irrepetible, pero como todas, cada una con sus particularidades únicas, pero sumando y restando, pienso que el presente es mucho más complejo que el pasado, a pesar de todo el avance tecnológico o biomédico que exista en la actualidad.
Es que siempre los más antiguos dirán que todo tiempo pasado fue mejor, ya que fueron los tiempos donde ellos vivieron sus mejores épocas y esto ocurre con todas las generaciones, cada forma de vida, en cada punto de la historia, con sus propios hechos, acontecimientos, relatos y sueños, tiene intensas particularidades únicas, que no son de ninguna medida comparables con otras, aunque algunas tengan tiempos más oscuros u otras puedan recordarse como mucho mejores.
La ciudad capital crece, pero ya no se nota tanto, la plaza pentagonal se mantiene casi igual, lamentablemente han talado sus grandes árboles, testigos de variadas generaciones, los perros siguen siendo los verdaderos dueños de las calles.
Los bancos y las farmacias se adueñaron de sus principales esquinas, los carritos de comida rápida que deberían ser reemplazados por carritos más saludables, locales de venta de hamburguesas, un gran supermercado en el centro de la ciudad con sus vicios de siempre de cadena nacional, los nuevos locales chinos y luego la vieja Ogana y su calle comercial, donde se concentran muchas de las compras de los habitantes los fines de semana y por supuesto, vehículos, muchos vehículos estacionados por todas partes. En esta ciudad de 2026 parece que el tiempo avanzará muy rápido a veces, pero otras, parece todavía un vestigio del pasado.
En este periodo del año pareciera que siempre esta húmedo y oscuro, frío e impersonal, donde la neblina se mezcla con el humo, algunos dirían entonces "no como antes", donde todos se conocían y se saludaban, con una sonrisa, con buenos deseos y se detenían, a darse un apretón de manos y a conversar con los vecinos. Hoy también sucede eso, pero cada vez menos, porque somos más.
Son los tiempos que pasan, hoy, al igual que en gran parte del planeta, las personas caminan por la nueva ciudad distraídas, absorbidas en sus aparatos celulares chinos de alta generación, y poco a poco se van olvidando de los demás y de que cada etapa y tiempo de la vida es único e irrepetible y que cada día se debería vivir con la máxima intensidad posible, como si realmente fuera el último. Autor: Manuel Fdo. Álvarez Lucero Antropólogo. OPINIÓN