Columnas de Opinión: El mundo avanza. ¿Y nosotros?
Columnas de Opinión: El mundo avanza. ¿Y nosotros? César Cifuentes presidente regional PRI M ientras las potencias redefinen el poder tecnológico y económico, Chile debe preguntarse si tiene una estrategia clara para enfrentar el nuevo orden global. Mientras Estados Unidos cuestiona acuerdos tecnológicos con China y las grandes potencias disputan influencia en redes de datos, inteligencia artificial, energía y comercio, el mundo está viviendo un proceso profundo de reconfiguración. No es solo una discusión diplomática. Es una disputa por poder, por información, por soberanía tecnológica y por el control del futuro. Las decisiones que hoy se toman en materia de telecomunicaciones, cables submarinos, plataformas digitales y estándares tecnológicos no son meramente técnicas. Son estratégicas. Definen quién controla la información, quién fija las reglas y quién tendrá ventaja en la próxima década. El mundo se está moviendo. Y con rapidez. La pregunta inevitable es qué estamos haciendo nosotros frente a ese escenario. Porque más allá de las declaraciones de uno u otro presidente extranjero, lo relevante es si Chile tiene claridad sobre sus propios intereses y sobre el lugar que quiere ocupar en esta nueva etapa global. No se trata de elegir entre China o Estados Unidos. Esa es una mirada simplista. Chile es un país abierto al mundo, con tratados de libre comercio, con vocación exportadora y con una economía integrada a los mercados internacionales. Nuestra fortaleza histórica ha sido el pragmatismo y la defensa del interés nacional por sobre las ideologías. Pero para actuar con pragmatismo se necesita algo esencial: visión estratégica. Cuando hablamos de infraestructura digital, de inversión extranjera, de energía, de puertos o de minería, no estamos hablando solo de proyectos económicos. Estamos hablando de soberanía, de seguridad, de empleo futuro y de competitividad. Estamos hablando de las oportunidades que tendrán nuestros hijos en un mundo cada vez más tecnológico y exigente. Sin embargo, muchas veces reaccionamos en vez de anticiparnos. Opinamos después de que otros toman las decisiones. Nos dejamos llevar por la contingencia mediática mientras las grandes potencias planifican a veinte o treinta años. Mientras el mundo redefine el poder, nosotros seguimos atrapados en discusiones pequeñas, en escándalos pasajeros y en debates que no siempre abordan los desafíos estructurales del país. La natalidad en descenso, la calidad de la educación, la productividad estancada, la seguridad, la modernización del Estado. Esos son los temas que determinarán nuestra posición real en el nuevo orden global. Un país pequeño no puede darse el lujo de improvisar. Chile tiene ventajas significativas: estabilidad institucional comparativa, recursos naturales estratégicos, ubicación geográfica privilegiada y capital humano capaz. Pero nada de eso garantiza éxito si no existe conducción clara y acuerdos mínimos sobre el rumbo. La tecnología ya no es neutral. La información es poder. La logística es poder. La energía es poder. Y los países que no entiendan esa realidad quedarán rezagados. En este contexto, lo más importante no es si una potencia aprueba o desaprueba una decisión específica. Lo verdaderamente relevante es si Chile tiene una estrategia de Estado, si existe una mirada de largo plazo que trascienda los ciclos electorales y si somos capaces de elevar el nivel de nuestra conversación pública. El mundo avanza. Las reglas cambian. La competencia se intensifica. La pregunta es simple, pero incómoda: ¿ estamos preparados? Porque mientras el mundo define el futuro, nosotros no podemos seguir discutiendo el pasado..