Autor: RENÉ OLIVARES
“NOHE VISTO algo que me permita decir (...) mire, esto es claramente una señal iliberal”
“NOHE VISTO algo que me permita decir (... ) mire, esto es claramente una señal iliberal” José Joaquín Brunner (81), una de las voces más influyentes del pensamiento de la centroizquierda chilena de las últimas décadas, observa con inquietud el momento político.
Cree que Chile atraviesa un escenario polarizado, critica que el gobierno de José Antonio Kast ha caído con facilidad en la lógica de los “buenos y malos chilenos”, y, pese a tener un diagnóstico severo, rechaza que sus propias intervenciones contribuyan a la polarización que denuncia.
El Gobierno dice que la Ley de Reconstrucción apunta al crecimiento, la inversión y el empleo; la oposición la presenta como una rebaja impositiva para los más ricos. ¿Cuál es la realidad a su juicio? Yo creo que hay que tomar el proyecto de ley por lo que pretende. Ahora, puestas así las cosas, yo creo que el proyecto tiene en el fondo dos grandes dificultades.
“Una primera es que, como planteamiento general, choca con el discurso permanente durante el mes del gobierno de que el país está en bancarrota, cayéndose a pedazos, se habló de la caja vacía, del Estado en quiebra.
Y eso se contrasta con una especie de loa ahora al optimismo, a que vamos a crecer, a que con estas medidas vamos realmente a transformar este país en un país de gran productividad, de mucha innovación, de mucho empleo”. “Entonces, me parece a mí que hay un contrasentido muy profundo. ¿Cómo puede ser que con una caja vacía, con un programa de austeridad impuesto a todos los ministerios, incluido el Ministerio de Seguridad (luego revertido), Educación, Salud, se esté efectivamente rebajando los ingresos del Estado? ¿ La caja puede estar muy vacía, pero en realidad necesitamos menos ingresos? Entonces, me parece que el Gobierno está entrampado comunicacional, política e intelectualmente en dos frentes muy complicados”. ¿Cree que Chile perdió la capacidad de discutir seriamente sobre crecimiento sin convertirlo de inmediato en una disputa moral? Sin duda. A cualquier persona razonable le tiene que llamar profundamente la atención que estamos estancados en cosas tan esenciales para el crecimiento como la productividad. Y, sin embargo, la discusión se queda atrapada en este esquema simple, digamos, de que si se bajan los impuestos, va a haber inversiones y se van a liberar los espíritus animales del mercado. “El crecimiento depende realmente, al final de cuenta, del esfuerzo de todo el mundo. Tiene que haber una identificación de quienes trabajamos en la sociedad, como ocurrió en los 90: todo el mundo tiene que sentirse que es parte de una empresa común.
Y eso requiere que el país tenga confianza en su gobierno, sienta que todo el país puede comprometerse, porque aquí hay un proyecto que abre una esperanza, que se van a superar problemas de pobreza, que va a haber mejores servicios sociales, que efectivamente la desigualdad se va a reducir.
Nada de eso está en el horizonte del proyecto de reconstrucción”. Usted, de acuerdo a lo que ha escrito, parece ver a Kast y al Partido Republicano como un riesgo especialmente agudo para la democracia liberal. ¿Qué es lo que le preocupa más? El Partido Republicano y Kast, personalmente, son parte de una onda en el mundo occidental de derechas que a sí mismas se llaman duras o se llaman nuevas derechas o se llaman derechas no cobardes. Yo asumo que, efectivamente, son parte de ese mundo. “Ahora, ese mundo representa riesgos para la democracia, pero qué duda cabe. Trump, que es una de las cabezas de todo este movimiento, muestra que hay riesgo para las instituciones democráticas, para el debate en el Congreso, para la independencia del Poder Judicial. De Orbán se pueden decir cosas muy similares, de Bukele”. “Entonces, ¿cuál es el riesgo que yo veo? Veo el riesgo en la misma idea de un gobierno de emergencia. Porque, efectivamente, el gobierno de emergencia es un gobierno que se arroga derechos extraordinarios, porque tiene que enfrentar una situación de emergencia. Y yo pensé que eso podía ser como un resbalín hacia formas iliberales de hacer política”. Pero usted mismo admite que todavía no ha visto señales claras de eso en Chile. No he visto yo, por lo menos en mi atención y entendimiento de lo que está ocurriendo, algo que me permita decir: mire, esto es claramente una señal iliberal. No me parece que hasta este punto pudiera decir eso.
En cambio, cuando usted hablaba de Jeannette Jara en campaña destacó una trayectoria interesante y describió su programa como relativamente moderado. ¿Por qué ese registro más matizado frente a una candidata comunista? Porque, efectivamente, ella tomó una actitud que claramente la llevó incluso a una contradicción pública con su propio partido, y asumió un programa que era un programa efectivamente socialdemócrata.
“Y en cambio yo, respecto de las posiciones del PC e incluso de buena parte del Frente Amplio, seguí teniendo una crítica muy clara y para muchos muy severa, a lo largo de los cuatro años de gobierno, para qué decir con el papel que jugaron el Frente Amplio y el Partido Comunista en torno tanto al 18 de octubre del 2019 como luego ya hacia la Convención Constitucional”. “Entonces, yo lo que rescaté era que Jara se había convertido en la representante del conjunto de fuerzas de la izquierda y que lo hacía no desde el Partido Comunista, sino que con un programa claramente reformista socialdemócrata”. Usted fue muy duro con el gobierno de Boric, y también lo ha sido con Kast. ¿Cuál es la diferencia entre ambos reproches? En lo más inmediato, uno representaba un mundo cultural y una trayectoria histórica durante el último medio siglo en que yo por lo menos he participado en política, que tiene un sentido de familiaridad con lo que yo he pensado, lo que he vivido, el trabajo que he hecho, los horizontes que he perseguido, y ese era Boric. “Con Kast me pasa que, efectivamente, yo tengo una separación histórico-cultural.
Cualquier persona que viene del mundo conservador histórico no es algo que a mí me llame profundamente la atención como algo negativo, para nada, pero alguien identificado emocional, intelectual, políticamente con la dictadura, efectivamente, está muy lejos de lo que yo entiendo que uno puede representar en la sociedad”. “Incluso, desde la derecha, no veo por qué todo el mundo tiene que aceptar que el ser cómplice, no solamente pasivo, sino cómplice activo, defensor abierto de una dictadura, con todas sus barbaridades, uno debiera sentir que en alguna parte no tiene motivos para hacerle reproche. No, yo creo que todo eso es muy reprochable”. Lo quiero llevar a otra de sus columnas. Usted habló que Kast, Kaiser, Matthei y Parisi podían ser descritos como derechas duras, extremas y radicales, y que sus discursos, campañas y propuestas difieren mínimamente. Después matizó. Pero, más allá de eso, ¿no cree que ese tipo de formulaciones reducen diferencias importantes dentro de la derecha y empujan el debate hacia una lógica más de bloques cerrados? Sí. Yo creo que sí. Pero no estaría en condiciones, porque no recuerdo. Efectivamente, yo escribo una cantidad de cosas muy variadas.
Yo creo que siempre he hecho distinciones, puede ser que de repente, a la luz de en qué coyuntura y refiriéndome a qué cosa, los programas tendieran al final a parecerse bastante en materias clave como la seguridad y qué sé yo. Pero yo no tengo ninguna duda de que hay, dentro de las derechas, derechas muy distintas. “Y que todavía ahora, donde efectivamente hay un cierto entusiasmo inicial dentro de las derechas detrás de un gobierno, ya empiezan a aparecer las trizaduras que tienen que ver con corrientes culturales.
Yo lo que espero es que la intelectualidad de la derecha realmente tuviera también una reflexión con cierta independencia y no se transformasen todos en intelectuales del Gobierno”. Usted también suele denunciar el sectarismo, la polarización y las lógicas identitarias. ¿No cree que a veces poner sobre la mesa ese tipo de argumentos contribuye también a endurecer el debate? A mí me parece que, en realidad, hay un abuso de acusar de wokismo a la izquierda, porque las izquierdas mismas se han prestado para esa acusación, pero en realidad son minorías de la izquierda que luego en los medios de comunicación y en las redes aparecen exageradamente como que esa es la única izquierda.
“Y yo encuentro que es un peligro, porque en realidad, entonces, bajo esa descalificación woke se oculta el enorme tema de las identidades en el siglo XXI, desde la identidad de género hasta las identidades de los pueblos, de las etnias propias originales de cada una de nuestras sociedades”. Y respecto del iliberalismo: cuando usted denuncia que cierto proyecto tiene tintes iliberales, ¿no cree que de cierta forma se ayuda a intensificar la polarización? ¡ Pero no! Sobre el término iliberal, por ejemplo, yo diría de ese dicho del ministro (del Interior, Claudio Alvarado) de clasificar a los chilenos entre rojo y verde según su votación en las leyes de seguridad frente a la violencia escolar, tal como él lo expresó, es típicamente un pronunciamiento iliberal. ¿Lo hace a nuestro ministro del Interior un iliberal? Para nada.
“Ahora, si empieza eso a ser sistemático durante toda la discusión, por ejemplo, de la Ley de Reconstrucción, entonces, efectivamente, uno podría decir: Mire, ahora se ha creado un clivaje que es un clivaje típico de sociedades iliberales. Eso es lo que hizo Orbán pacientemente durante sus 16 años de gobierno”. “¿Es eso lo que pasa hoy día? No, no es eso lo que pasa.
Pero lo que yo digo es: ojo, si el ministro del Interior, que es la persona más abierta a una democracia plural, cae con tanta facilidad, ¿no será que ahí está el caldo de cultivo de un discurso iliberal?”. Los intelectuales suelen intervenir como descriptores del clima político, pero también a veces lo intensifican. ¿Ha pensado si sus propias columnas podrían alimentar eso que usted critica? Me preocuparía mucho si fuera así. No tengo esa impresión. Nunca nadie me ha dicho: Mira, todo lo que tú haces es empujar a que la derecha tenga que identificarse con las posiciones duras de Kast. Nadie me ha dicho eso, todo lo contrario.
“A mí lo que me dicen: Oye, es muy bueno que alguien reflexione con respeto, no de una manera banal para descalificar nada, sino que trate de poner argumentos de por qué piensa que aquí hay un cierto riesgo y por qué cree que realmente las derechas de la nueva ola MAGA, para llamarla de alguna manera, son un fenómeno cultural que hay que mirar con atención y hay que tratar de entenderlo”. “Entonces, sí, me preocuparía mucho en realidad que eso ocurriera, porque yo quisiera poder hablarle, así como en la izquierda tampoco nadie está demasiado contento con lo que digo, pero están dispuestos a escuchar.
Me gustaría que del otro lado ocurriera lo mismo”. Pero mi pregunta iba más a si usted se siente como un analista de la polarización o, en alguna medida, también un participante de ella No, no, no. Me siento absolutamente analista, y esa es mi intención. No creo que quien lea decenas de cosas sobre educación, sobre política, cultura, llegara a la conclusión de que yo tengo un discurso o una interpretación polarizante, pero sí tengo una interpretación que es incómoda. “Muchas veces se ha dicho: Bueno, finalmente el intelectual es un aguafiestas. Y yo encuentro que es una buena definición.
Yo, desde ese punto de vista, no siento ser parte de un tipo de discurso polarizante, sino todo lo contrario, de analizar la polarización como un objeto sociológico, de reflexión política y ética para tratar de efectivamente salir de eso y asegurar gobernabilidad. El país necesita las mayorías”. Lo quiero llevar al tema de educación. Hemos sido testigos de homicidios, agresiones, overoles blancos ¿ Estamos hablando de educación realmente? Lamentablemente, el Ministerio de Seguridad ha estado en un estado de enredo y de confusión en todos los planos. Y resulta que el Ministerio de Educación es el que entonces tiene que hacerse cargo como si este fuera un problema que es manejable desde un punto de vista policial y de seguridad.
“Es un desperdicio que el Ministerio de Educación se haya llevado a tener que hablar de esto y no de lo que está pasando dentro de los colegios con la asistencia, con los profesores, ni una palabra todavía respecto de ninguna de esas cosas”. “Yo creo que sería fatal que el discurso de seguridad en el sentido criminal y penal de la palabra termine tomándose el debate de la educación.
Eso sería lo más dramático que le podría ocurrir al país y, ciertamente, al Gobierno”. n OLLAVRACNÁITSIRC “¿ La caja puede estar muy vacía, pero en realidad necesitamos menos ingresos? Entonces, me parece que el Gobierno está entrampado comunicacional, política e intelectualmente”. “Muchas veces se ha dicho: Bueno, finalmente, el intelectual es un aguafiestas. Y yo encuentro que es una buena definición.
Yo, desde ese punto de vista, no siento ser parte de un tipo de discurso polarizante, sino todo lo contrario, de analizar la polarización como un objeto sociológico, de reflexión política y ética”. Autor: RENÉ OLIVARES.
El analista cuestiona la premisa económica de la Ley de Reconstrucción, acusa al Gobierno de caer con rapidez en la lógica de los “buenos y malos chilenos”, plantea que Kast forma parte de una corriente internacional de derechas que merece atención y ve señales negativas en los dichos de algunos ministros.
Además, responde por una pregunta incómoda: si el tono con que él mismo interviene en el debate público no termina reforzando la polarización que denuncia. | JOSÉ JOAQUÍN BRUNNER Y SU MIRADA DEL ACTUAL GOBIERNO: “¿ La caja puede estar muy vacía, pero en realidad necesitamos menos ingresos? Entonces, me parece que el Gobierno está entrampado comunicacional, política e intelectualmente”. “Muchas veces se ha dicho: ‘Bueno, finalmente, el intelectual es un aguafiestas’. Y yo encuentro que es una buena definición.
Yo, desde ese punto de vista, no siento ser parte de un tipo de discurso polarizante, sino todo lo contrario, de analizar la polarización como un objeto sociológico, de reflexión política y ética”. José Joaquín Brunner es doctor en sociología y especialista en políticas públicas y educación. Fue ministro vocero durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.