Autor: MAX COBO
El celestial mundo de Lorenzo Gazmuri: todo partió con un telescopio de Navidad que sus hijos no quisieron
El celestial mundo de Lorenzo Gazmuri: todo partió con un telescopio de Navidad que sus hijos no quisieron Lo que empezó como un regalo se convirtió en una pasión de más de 25 años que hoy lo tiene capturando galaxias a millones de años luz de distancia. Detrás del director de empresas hay un observador que se desvela en el sur de Chile persiguiendo cuerpos celestes. Hace más de 25 años, el expresidente de Icare y ex alto ejecutivo en Copec, Lorenzo Gazmuri, les compró un telescopio a dos de sus hijos. Al día siguiente, el aparato seguía en la caja. Gazmuri lo armó, apuntó al cielo y lo primero que vio fueron los anillos de Saturno. “Me maravillé de lo que podía observar con un telescopio tan sencillo”, recuerda. Desde esa noche, no paró. El primer año fue de pura observación y lectura. Cada vez que viajaba, por su rol en Copec, visitaba tiendas de telescopios.
Hasta que encontró una en calle Monjitas, en pleno centro de Santiago, que describe como “la mejor tienda de telescopios, por lejos”. Ahí compró su primer equipo serio: un Celestron Schmidt-Cassegrain de 8,25 pulgadas, con seguimiento motorizado que gira contra la rotación de la Tierra y una base de datos de objetos celestes. “Eso transformó la experiencia de observación”, dice el director de empresas. Hoy, el presidente de la AChS observa desde Calafquén, donde los veranos ofrecen noches nítidas, poca humedad y cielos sin contaminación lumínica. Y este año dio un salto: incorporó herramientas digitales que cambiaron su forma de fotografiar, que es su otra afición. En vez de una sola exposición de 40 o 50 minutos que exige una alineación perfecta del telescopio, ahora apila cientos de fotos de 10 segundos cada una, todas muy nítidas. El resultado: imágenes asombrosas. Su gran desafío era la galaxia Sombrero, tan tenue que en el telescopio apenas se distingue. Con la técnica de apilado digital, la capturó. “Siempre quise fotografiarla”, cuenta. Omega Centauri, un cúmulo de estrellas dentro de la Vía Láctea, necesita apenas 3 o 4 minutos de exposición. La galaxia Sombrero, a 31 millones de años luz, requiere entre 40 y 50. “Estamos fotografiando el pasado, y el pasado muy pero muy distante”, asegura. ¿Qué le falta? El hemisferio norte. Desde Chile solo se observa la mitad sur del cielo, y reconoce IRUMZAGOZNEROL que el norte celeste está lleno de objetos que no ha visto. “No he tenido la oportunidad de estar con un telescopio en el hemisferio norte”, dice. “Hay que desmitificar” que haya que esperar las condiciones perfectas para mirar el cielo. “Los telescopios aficionados tienen tantas componentes digitales que nunca terminamos de aprender.
Si esperamos el mejor lugar y la mejor noche, no sabremos sacar buen uso de la tecnología”. Observar le fascina: “Conozco pocas actividades más vivificantes”. Cuando invita amigos a su casa, deja el telescopio para el final: “Si no, solo nos dedicamos a observar”. Recuerda a un invitado que, al mirar por primera vez, cayó de rodillas y agradeció a Dios por lo que veía. “Nadie queda indiferente cuando le mostramos el cielo”. Hoy, una de sus mayores satisfacciones ocurre cuando uno de sus nietos quiere hacer fotografía con él. El telescopio que nadie quiso en esa Navidad terminó siendo un regalo para toda la familia. Solo que tomó un par de décadas en llegar. IRUMZAGOZNEROL Autor: MAX COBO. SUS HOBBIES SON LA ASTRONOMÍA Y ASTROFOTOGRAFÍA Fotografía de Gazmuri de la nebulosa “Cabeza de caballo” con un tamaño de 3 a 4 años luz en la constelación de Orión, a 1.340 años luz. Lorenzo Gazmuri utiliza telescopios Celestron Schmidt-Cassegrain de 8,25 pulgadas.