Autor: MG. NAYEN PAVEZ PEDRAZA, ACADÉMICA DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE ATACAMA
Columnas de Opinión: En este 8M, cuidar también es hacer política
Columnas de Opinión: En este 8M, cuidar también es hacer política C ada 8 de Marzo, miles de mujeres salen a las calles para recordar que los derechos conquistados no fueron regalos ni acuerdos estables, sino el resultado de luchas colectivas persistentes. En este contexto, volver a hablar de cuidados no es secundario, es urgente.
Desde el año 2024 y por primera vez en la historia de nuestro país, Chile cuenta con una Política Nacional de Apoyos y Cuidados, una hoja de ruta que reconoce algo que el feminismo viene diciendo hace décadas: que el cuidado sostiene la vida y que no puede seguir descansando, casi exclusivamente, sobre los cuerpos de las mujeres. Hablar de cuidados no es hablar de buenos sentimientos. Es hablar de trabajo. De tiempo. De desgaste físico y emocional. De mujeres que dejan de estudiar, trabajar o descansar para cuidar a niñeces, personas mayores, personas con discapacidad o familiares enfermos. Durante años, este trabajo fue invisible para la política. Hoy, al menos en el papel, comienza a ser reconocido como un asunto público.
La Política Nacional de Apoyos y Cuidados parte de un diagnóstico claro: existe una crisis de los cuidados, agravada por el envejecimiento de la población, la disminución de la natalidad y la sobrecarga histórica que enfrentan las mujeres. Es importante considerar que el cuidado es un trabajo socialmente necesario y que su organización actual reproduce desigualdades de género, económicas y territoriales. Por tanto, cuando el cuidado se privatiza, las mujeres se empobrecen. Sin embargo, Silvia Federici (2013) ha advertido que no basta con reconocer los cuidados si no se transforma la lógica que los sostiene.
Federici ha sido clara y señala que en contextos de crisis, el sistema tiende a reorganizarse reforzando el trabajo reproductivo no remunerado de las mujeres, incluso cuando lo hace bajo un lenguaje de derechos o políticas sociales. El riesgo es evidente, que el Estado reconozca los cuidados, pero continúe descansando en el trabajo gratuito o mal remunerado de las mujeres. Se espera que las mujeres estén disponibles, que resuelvan, que sostengan, muchas veces sin apoyo, sin reconocimien to y sin descanso. Este reparto no es casual: responde a un orden social que valora la productividad y el mercado, pero desestima todo aquello que no genera ganancias inmediatas. La corresponsabilidad como principio, es relevante para el desarrollo de los cuidados. El cuidado debe ser asumido por el Estado, las comunidades, las familias y el mercado, y no solo por las mujeres Ese es un avance significativo. Pero el 8M recuerda que los principios deben traducirse en transformaciones reales: tiempo para las mujeres, autonomía económica, reconocimiento efectivo del trabajo de cuidados y redistribución concreta de responsabilidades. Este 8M no se trata solo de recordar lo avanzado, sino de advertir lo que está en riesgo y de insistir en lo que falta. Defender los cuidados como eje político es defender la dignidad de la vida cotidiana. Porque una sociedad que no cuida, excluye. Y porque, hoy más que nunca, cuidar también es hacer política. Porque sin cuidados no hay vida. El cuidado no puede seguir funcionando como un recurso gratuito al que el sistema recurre en tiempos de crisis. Politizarlo implica redistribuirlo, valorarlo y sacarlo definitivamente del mandato femenino. Porque cuidar no es una vocación natural ni un destino inevitable: es trabajo, es derecho y es una disputa política central. Porque poner la vida en el centro no es una metáfora, es una exigencia radical de justicia. Referencias: Consejo Asesor Presidencial Interministerial. (2024). Política Nacional de Apoyos y Cuidados 2025-2030. Gobierno de Chile. Federici, S. (2013). Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de Sueños. Autor: MG. NAYEN PAVEZ PEDRAZA, ACADÉMICA DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE ATACAMA.