Autor: RENÉ OLIVARES
Las claves del estilo de Kast PARA EJERCER EL PODER
Las claves del estilo de Kast PARA EJERCER EL PODER D 2 Antes de las 8 de la mañana ya está activo. Y suele asistir a misa en La Moneda por la mañana cuando puede. Aunque trabaja en largas jornadas mantiene la institución de los “martes de pololeo” con su señora, la Primera Dama Pía Adriasola, que juega un papel clave en su entorno. Aunque por su agenda también puede terminar siendo un miércoles o un viernes.
También dicen que reserva un espacio para reunirse a solas con el grupo de sus más cercanos colaboradores y amigos personales, entre los que están el jefe de asesores del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval; el administrador de La Moneda, Julio Feres, y el abogado Rodrigo Pérez. Sostiene encuentros con sus ministros, pero no al estilo de las bilaterales de Sebastián Piñera. “Es otro el diseño”, dicen en La Moneda. ALTA PRESENCIA EN TERRENO Todo Presidente que llega a La Moneda debe aprender a habitar el poder. Pero también ocurre lo inverso: el poder, con sus rutinas, sus protocolos, sus equipos, sus horarios, empieza a adaptarse al carácter de quien lo ejerce. José Antonio Kast parece estar en ese punto: en fase de ajuste, pero dando señales de una identidad propia para gobernar. Una que mezcla formalidad, terreno, contacto directo con las personas y un modo de relación menos ceremonial de lo que su imagen pública hacía prever. En su entorno suelen decir que no hay dos o tres Kast distintos. Que el Presidente que recibe a un mandatario extranjero es el mismo que conversa con una mujer que esperó hasta el final de una actividad para pedirle una foto. Sus asesores dicen que Kast no se disfraza para cada público, “no necesita ponerse una parka para ir a terreno”, afirman. Puede estar de traje y corbata en una reunión internacional y de la misma forma responder preguntas de vecinos en una comuna del sur. Para quienes trabajan con él, ahí hay una continuidad: el mismo sujeto, la misma ropa, el mismo tono, el mismo cuerpo político. Aunque esa explicación no elimina una disonancia evidente. El Kast que aparece en televisión con frases duras, diagnósticos severos y un relato de emergencia no coincide del todo con el Kast que describen sus cercanos.
Ministros y asesores hablan de un Presidente amable, sonriente, preocupado por la salud, los hijos o los problemas personales de sus colaboradores; un jefe que escucha, que tira tallas, que pregunta antes de imponer y que no parece necesitar una liturgia excesiva alrededor de su cargo. No serían dos personajes distintos, como insisten en Palacio. Pero sí hay una distancia entre la imagen pública más áspera y el trato privado más llano. El estilo Kast no se organiza alrededor de la épica del escritorio presidencial.
Su autoridad se despliega más bien por capas: la presencia en terreno, la conversación política directa, el seguimiento de tareas sin las “bilaterales” con ministros sino a través de diversos comités, la delegación del detalle en su gabinete. No busca necesariamente controlar obsesivamente cada ministerio, pero sí estar bien informado. No parece levantarse como jefe de la coalición que lo llevó al poder, pero cultiva una red de vínculos personales con parlamentarios, alcaldes, gobernadores y dirigentes, directa, sin intermediarios. La comparación inevitable es con Sebastián Piñera. El último Presidente de derecha era conocido por su atención al detalle, por entrar en las cifras, por corregir minutas y por interrogar a sus equipos. Kast es distinto, dicen en su entorno.
Su memoria que muchos destacan opera en otro registro: recuerda una comuna, una carencia local, el nombre de un core, de un concejal o un alcalde, una conversación antigua, una escuela visitada antes o una demanda escuchada en campaña. Ese “archivo territorial” es una de sus marcas, afirman. Kast recorrió el país durante años ha estado en todas las comunas salvo Juan Fernández y no quiere perder ese sello ahora que gobierna. Para él es parte de su identidad política y, también, una forma de autoridad. Ese modo de ejercer el poder se ve con nitidez en los viajes a regiones, que se ha esmerado en sostener con frecuencia en estos primeros meses. En los trayectos no suele desconectarse. Si va en avión con ministros, alcaldes o parlamentarios, conversa con ellos. Si se traslada en auto desde una comuna a otra, aprovecha de pedir antecedentes al delegado, al gobernador o al ministro que lo acompaña. En una visita puede recibir una actualización local durante el traslado y luego incorporar ese dato en el discurso o en un punto de prensa. Y luego de la actividad, se queda sacándose fotos hasta con la última persona que lo espera. MÁS COMITÉS QUE BILATERALES Desde un ministerio lo describen como un Presidente de trato cercano. Esa cercanía personal también aparece en su vínculo con su gabinete. Desde otra cartera cuentan que Kast no conocía previamente al ministro ni pertenecía a su círculo original. Aun así, el trato fue respetuoso y de escucha. La palabra que usan es “empoderar”. No habría llegado a imponer voluntad, sino a conversar, validar, oír propuestas y dejar espacio para que la cartera se moviera.
Sin embargo, hay quienes critican en el oficialismo que debería estar “más encima” de los ministros para evitar que a ratos parezca que, por ejemplo, el ministro de Hacienda tiene más poder que otros miembros del gabinete. La estructura que ha elegido se basa menos en bilaterales permanentes y más en comités multilaterales: político, económico, social, de seguridad. En esos espacios los ministros exponen, se cruzan agendas, se revisan avances y se ordenan prioridades. La Moneda sostiene que ese modelo evita que el Presidente deba sentarse todas las tardes con un ministro distinto y permite mirar los problemas de manera integrada. La defensa de Palacio tendría un respaldo en la agenda.
Según una comparación interna de actividades presidenciales entre los primeros meses de Gabriel Boric y José Antonio Kast, el actual mandatario registra 136 actividades públicas entre el 11 de marzo y el 7 de mayo, frente a 68 de Boric entre el 11 de marzo y el 11 de mayo (ver infografía). También registra 37 lugares distintos, casi el doble que los 19 de su antecesor. La comparación, sin embargo, muestra una diferencia de método. Boric tuvo 19 bilaterales registradas en ese tramo; Kast, cinco. El actual Presidente, en cambio, suma más comités, consejos y reuniones multilaterales. “No hemos dejado de lado el gobierno de emergencia en ningún momento”, dice un miembro de su equipo. EL FOCO SOBRE EL SEGUNDO PISO Si el Presidente no tiene bilaterales permanentes ni aparece públicamente ordenando al oficialismo, algunos concluyen que falta conducción. Si el Segundo Piso aparece como origen de ciertas decisiones como ha ocurrido en las últimas semanas, otros alegan que se excede en sus atribuciones al preocuparse, por ejemplo, de nombramientos incluso de embajadores. Si Kast delega, se dice que mira los problemas desde lejos. El “diseño” de La Moneda que algunos analistas cuestionan se mueve en esos márgenes: necesita mostrar coordinación sin parecer tutelaje; autonomía ministerial sin dispersión; liderazgo presidencial sin microgestión. Sin embargo, Kast parece cómodo en ese punto intermedio. No quiere quedar aislado ni que le oculten lo que está pasando, pero tampoco opera como un Presidente obsesivo que llame a toda hora por cualquier expediente. Quienes lo conocen dicen que tiene un lado trabajólico, aunque no desbordado. En crisis importantes puede llamar directamente, incluso un fin de semana. Pero en la rutina suele canalizar los pedidos a través de asesores como Cristián Valenzuela, Alejandro Irarrázabal o Catalina Ugarte, su jefa de gabinete. De hecho, en el Segundo Piso está la oficina del Presidente y afuera solo está el escritorio de Ugarte. El trabajo está dividido en tres: la coordinación política, a cargo del ministro del Interior, Claudio Alvarado; la coordinación comunicacional, liderada por Cristián Valenzuela; y la coordinación de gestión y temas estratégicos, por Alejandro Irarrázaval. Todos personas de estrecha confianza del mandatario. Si hay un conflicto de ministros con parlamentarios interviene Alvarado. En eso, afirman, no habría una disputa de poder con Irarrázaval. El concepto que su equipo quiere instalar es el de un gobierno “presente”, donde la presencia no se limita a estar físicamente en una comuna. También implica estar informado, tener respuesta, mostrar que algo se está haciendo. En Palacio creen que la ciudadanía no quiere grandes críticas sobre el pasado ni promesas demasiado lejanas, sino señales concretas de acción. Qué está haciendo el Gobierno hoy en seguridad, en salud, en educación, en migración, en costo de la vida. Por eso la cuenta pública del 1 de junio es vista internamente como un checklist más que como un relato de futuro. La épica, si existe, estaría en el avance verificable. Ese énfasis en el presente tiene costos. Kast ha salido a defender a ministros y asesores en momentos complejos, en una jugada que no siempre se considera recomendable. La teoría clásica dice que los ministros deben funcionar como cortafuegos: absorber los problemas para que no lleguen al Presidente. Kast, en cambio, los blindó. Lo hace con figuras de su equipo político y económico, y también con el diseño del Segundo Piso. Con eso, dicen, transmite lealtad y autoridad interna, pero al mismo tiempo acerca los conflictos a su propio escritorio. Si defiende personalmente a un ministro cuestionado, el problema deja de ser solo ministerial. Si respalda al Segundo Piso, las críticas a ese equipo pasan a ser críticas al diseño presidencial. En La Moneda parecen asumir ese riesgo con una lógica de resultados. Se puede cometer errores, enfrentar ruido, recibir críticas o atravesar semanas de desgaste, pero el foco lo ponen en el desenlace. Así lo estiman, por ejemplo, frente al proyecto de Reconstrucción. La palabra que circula es “check”. El Gobierno quiere marcar avances: proyecto ingresado, urgencia puesta, votación obtenida, comité funcionando, medida implementada. El estilo de Kast se apoya en esa promesa: aguantar el ruido inicial hasta que aparezcan resultados. De hecho, algo así les habría planteado a los centros de estudios del sector que se reunieron con él en La Moneda. Pero el ruido no viene solo de la oposición. También ha habido dentro del oficialismo, donde algunos reclaman exceso de poder del Segundo Piso o miembros del gabinete que “no dan el ancho” y apuntan a Mara Sedini o Trinidad Steinert. Kast no se ha comportado como jefe partidario clásico. No parece interesado en transformarse todos los días en ordenador público de las tensiones entre republicanos, Chile Vamos y otros aliados. Tampoco, afirman, es una autoridad que llame para “retar” a los ministros. Algo de eso se vio, afirman, cuando Iván Poduje entró en polémica con el ministro de Hacienda Jorge Quiroz, por el presupuesto de la cartera de Vivienda. TENSIONES INTERNAS Al interior del oficialismo señalan que hay tensiones internas a las que el mandatario debería poner atención. La distancia que habría entre el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, y la gestión del Segundo Piso, influiría en la sensación de enfrentamiento puertas adentro. Hay quienes afirman que la presencia de Antonio Barchiesi entre los asesores no sería bien vista por un sector de los republicanos.
La crítica de Squella a los asesores de La Moneda luego de lo ocurrido con el oficio de la Dipres en torno a descontinuar programas dio cuenta de una grieta que algunos consideran que es el mandatario quien debe ayudar a subsanar. Si el Partido Republicano parecía actuar siempre en bloque durante la campaña, esa realidad se ve cada vez más difícil. O que figuras que históricamente fueron consideradas cercanas a Kast como el exministro Rodrigo Álvarez aparezcan criticando la forma de actuar ante la polémica con Argentina por el Estrecho de Magallanes también hace ruido. Otros estiman que solo será un mayor desgaste a la figura del mandatario internar resolver directamente esos problemas. LA VIDA EN LA MONEDA La cotidianidad de La Moneda, dicen quienes han visto al mandatario en acción, muestra un Kast menos desbordado de lo que podría sugerir su despliegue. Vive en Palacio, pero eso no habría alterado demasiado la rutina de los equipos. No anda dando vueltas por las oficinas, no aparece de improviso para pedir cosas. Lo que sí hace es reunirse, por ejemplo, a almorzar en el casino de Palacio junto con algún ministro. O revisar la agenda con su jefa de comunicaciones María Paz Fadel. Al contrario: quienes trabajan cerca dicen que los horarios son bastante cuadrados. La agenda suele partir temprano, a veces con la misa y luego con reuniones o actividades protocolares. Pero la jornada de los equipos mantiene cierto orden y varios asesores se retiran alrededor de las 19:30. Kast no les pide “quedarse por quedarse”. Ese orden se cuida desde su entorno más próximo. Su jefa de gabinete tiene un rol importante en preservar sus tiempos, sus espacios y sus rutinas. Kast trabaja largas jornadas, aseguran sus asesores, pero no es un jefe que romantice la disponibilidad permanente. En su entorno mencionan espacios de pareja, rutinas familiares y márgenes que se intentan mantener dentro de una agenda inevitablemente intensa. Es una dimensión menos visible del poder, pero relevante: vivir en La Moneda no significa habitarla como un jefe que deambula por el edificio imponiendo presencia interna. Su presencia principal sigue estando hacia afuera. En ese mundo aparece también Adriasola. Su rol no está en la sala de máquinas del Gobierno, pero tampoco es puramente ornamental. Acompaña a Kast en ciertas actividades, mantiene una agenda propia de carácter social y participa en instancias donde corresponde la presencia de la pareja presidencial. En Palacio dicen que eso responde a una forma de vida que Kast siempre ha mostrado: su mujer es parte de su mundo político y familiar, no alguien relegado a una habitación aparte. Pero también se apresuran en marcar límites. La Primera Dama no se mete en reuniones ni participa del circuito de decisiones.
A casi dos meses de gobierno, quienes lo tratan de cerca dibujan una figura particular: formal pero cercana, en terreno más que viendo todo desde una oficina, poco ceremonial pero consciente de la investidura y muy defensor de sus colaboradores más estrechos. n NOTA Autor: RENÉ OLIVARES.
La Moneda defiende una estrategia en la que el mandatario no deja de lado el trabajo en terreno, donde hay más reuniones grupales con los ministros que “bilaterales” y en la que la autoridad blinda a sus colaboradores buscando enfatizar en que haya resultados.
Pero en el oficialismo ya se perciben algunas grietas que creen debe subsanar a nivel de diseño en la toma de decisiones y al interior del gabinete. | A CASI DOS MESES DE HABER ASUMIDO LA PRESIDENCIA: En sus dos primeros meses, Kast duplica las actividades públicas hechas por su antecesor, Gabriel Boric.