Cerro Esmeralda, la huaca que mira a Iquique: la Capacocha de hace 500 años vuelve al centro del Día de los Patrimonios
Cerro Esmeralda, la huaca que mira a Iquique: la Capacocha de hace 500 años vuelve al centro del Día de los Patrimonios Crónica Iquique tiene cerros que se suben por tradición, por deporte o por promesa. Pero hay una cumbre que, además de mirador, carga una historia que incomoda y fascina a la vez: el Cerro Esmeralda.
Allí, hace más de 500 años, se habría realizado una Capacocha -también escrita Qhapaq hucha o capacocha-, uno de los ritos más solemnes del Imperio Inca, en el que niños, niñas y jóvenes eran seleccionados como ofrenda dentro de una cosmovisión religiosa y política que articulaba territorio, poder y sacralidad. Esa historia dejó de ser solo crónica colonial o relato oral el día en que apareció bajo la roca.
El hallazgo ocurrió en 1976, durante trabajos en la cima, cuando se encontraron restos momificados de dos jóvenes -atribuidas en la literatura a edades cercanas a 9 y 18 añosjunto a un ajuar ceremonial que confirmó el carácter ritual del sitio.
Con el paso de las décadas, el descubrimiento se convirtió en una de las evidencias más relevantes del avance del Tahuantinsuyo hacia el norte de Chile, y en una pieza clave para entender cómo la cordillera, el desierto y la costa se integraban en un mapa sagrado mucho más amplio que el de las fronteras actuales.
Hoy, cuando Chile amplía su calendario patrimonial con una edición veraniega del Día de los Patrimonios -fijada para el sábado 31 de enero de 2026 y que no reemplaza la versión principal de mayo-, la historia del Cerro Esmeralda reaparece con fuerza.
No solo por su valor arqueológico, sino porque plantea una pregunta difícil y muy local: ¿ qué significa para una ciudad contemporánea, atravesada por autopistas, antenas, crecimiento urbano y turismo, tener un santuario inca en su propia altura? UN SANTUARIO SOBRE LA CIUDAD: LO QUE REVELÓ LA TIERRA EN 1976 Las descripciones técnicas del hallazgo hablan de un entierro profundo, de una tumba excavada en roca, de capas alternadas de arena y piedras protegiendo los cuerpos, y de condiciones ambientales extremas que favorecieron una momificación natural asociada a la sequedad y salinidad del desierto.
Es un dato que suele pasar desapercibido en los titulares, pero que define la singularidad del caso: no se trata de una momia "de museo" en el sentido clásico, sino de un cuerpo preservado por una geografía que, en Tarapacá, hace de la aridez una cápsula del tiempo. El ajuar ceremonial -textiles, cerámicas y otros objetospermitió confirmar que no era un entierro común. Y, con el tiempo, la investigación fue conectando este ritual con un entramado territorial más complejo, donde huacas, minas y recursos como el agua y la plata podían tener significados sagrados y políticos.
Un trabajo académico reciente, por ejemplo, discute el vínculo entre la capacocha del Cerro Esmeralda y la huaca o mina de Huantajaya, proponiendo relaciones simbólicas en torno a deidades y elementos asociados a temblores, plata y agua.
La relevancia es doble: por un lado, confirma presencia y alcance incaico en el nory el arqueólogo Pablo Ménte; por otro, permite pensar dez-Quiros han difundido Iquique y su entorno como aspectos del caso, subrayanparte de un paisaje ceremodo que se trata de un ritual nial, no solo como un espaincaico y explicando cómo se cio de paso o de explotación económica.
En términos papreservaron los cuerpos por condiciones ambientales del trimoniales, es un giro de desierto, en contraste con la perspectiva: el cerro no es conservación por frío de alta únicamente un accidente montaña en otros sitios. geográfico que acompaña Para la arqueología y la la ciudad, sino un lugar de bioantropología, estas evisignificado. dencias son un archivo excepcional.
Para las comunidades y la ciudadanía, VOCES EXPERTAS: CIENCIA, MEMORIA Y UNA también pueden ser un esINCOMODIDAD NECESARIA pejo incómodo: detrás del término "ofrenda" hay vidas En Chile, la historia de los humanas, infancia y poder. "niños del cerro" suele asoY ahí aparece la tensión ciarse al Plomo o al Llullaicontemporánea: ¿ cómo dillaco.
Pero la Capacocha del vulgar sin espectacularizar? Cerro Esmeralda tiene un ¿ Cómo investigar sin reducir rasgo que la vuelve particula historia a una vitrina? larmente urbana: está soLa discusión no es abstracta. bre una ciudad viva. Desde En 2018, un equipo dirigido el Museo Nacional de Histopor el investigador Bernarria Natural, la curadora de do Arriaza (Universidad de Antropología Verónica Silva Tarapacá) apareció en la.
El hallazgo de 1976 -dos jóvenes momificadas y un ajuar ceremonial incano solo confirmó el alcance del Tahuantinsuyo en Tarapacá: abrió preguntas sobre memoria, ciencia, etica y como una ciudad costera convive con un santuario andino en su propia cima.
Cerro Esmeralda, la huaca que mira a Iquique: la Capacocha de hace 500 años vuelve al centro del Día de los Patrimonios prensa por un hallazgo que obligó a replantear protocolos: se detectó cinabrio en vestimentas asociadas a las momias, un mineral tóxico usado como pigmento, lo que abrió alertas sobre riesgos de manipulación y conservación. El dato, más allá de lo llamativo, recuerda que el patrimonio no es solo relato: también es materia, química, medidas de seguridad, decisión técnica.
Desde la mirada museológica regional, el Cerro Esmeralda ha sido planteado como un espacio que requiere "restituir sacralidad" y pensar la conservación no solo en bodegas o vitrinas, sino en relación con el lugar de origen y su respeto cultural.
Esa idea -restituirno necesariamente significa devolver objetos a la cima, pero sí puede implicar devolver sentido: reconocer que el sitio fue un santuario, y que su lectura patrimonial debe dialogar con el mundo andino, no solo con el turismo o el urbanismo.
PATRIMONIO VIVO EN 2026: EL DÍA DE LOS PATRIMONIOS COMO EXCUSA PARA MIRAR DISTINTO La nueva edición veraniega del Día de los Patrimonios en 2026 está planteada como una instancia adicional, con actividades gratuitas y participación de instituciones públicas y privadas, sin reemplazar la celebración de mayo. En Iquique, esa "excusa" cultural llega en un momento en que la ciudad discute su identidad entre lo portuario, lo comercial, lo migrante, lo patrimonial y lo turístico. Y el Cerro Esmeralda condensa todo eso en un solo punto del mapa. Porque hablar del Esmeralda no es hablar únicamente del pasado incaico. Es hablar, también, de una cima intervenida a lo largo del tiempo, de la tensión entre infraestructura moderna y sitios arqueológicos, de una ciudad que crece hacia su propio desierto.
Incluso investigaciones y documentos de difusión han señalado que el sitio arqueológico fue afectado por intervenciones en la cumbre durante el contexto de su descubrimiento, lo que refuerza la idea de fragilidad del patrimonio cuando el desarrollo no lo mira a tiempo.
En ese marco, iniciativas como la virtualización 3D para la conservación del santuario -difundidas en medios regionales y plataformas patrimonialesaparecen como una salida contemporánea: documentar, educar y acercar el sitio sin exponerlo a nuevas degradaciones, y sin convertirlo en un "escenario" que banalice su carácter sagrado. En Iquique, hablar de patrimonio suele activar un repertorio conocido: el casco histórico, las salitreras, la arquitectura republicana, el teatro, las festividades religiosas del interior. El Cerro Esmeralda rompe esa comodidad porque instala el patrimonio en un cruce poco habitual: arqueología de altura en plena costa urbana.
Su historia obliga a pensar que el "norte" no fue periférico para el Tahuantinsuyo, sino articulado; que el desierto no era vacío, sino corredor de sentido; y que una ceremonia sagrada podía ocurrir sobre el mismo cerro que hoy se ve desde avenidas, torres y barrios en expansión. Especialistas en patrimonio suelen insistir en que el valor no está solo en la pieza, sino en su contexto. Y en el Esmeralda, el contexto es literalmente la ciudad entera: el cerro observa Iquique y, a la vez, Iquique observa un cerro que fue altar.
Allí se juega una idea potente para el Día de los Patrimonios: el patrimonio no es un museo cerrado; es una conversación pública sobre qué recordamos, cómo lo narramos y qué decisiones tomamos para no perderlo. La Capacocha, además, abre un debate ético que no se resuelve con una placa. En muchos países, la exposición de restos humanos se discute caso a caso, considerando dignidad, consentimiento cultural, investigación y educación. En Tarapacá, esa discusión adquiere un matiz propio: el mundo andino no es "pasado muerto", es presente comunitario.
La pregunta entonces no es solo científica, sino social: ¿ quién cuenta la historia del cerro?, ¿desde qué lenguaje?, ¿con qué participación de comunidades andinas?, ¿con qué cuidado en el tratamiento de niñas y jóvenes que fueron parte de un rito de Estado? ¿ QUÉ PUEDE HACER IQUIQUE CON ESTA HISTORIA? El desafío para una ciudad como Iquique no es "tener" un hallazgo, sino aprender a convivir con él. Eso implica, en términos prácticos, fortalecer educación patrimonial local, apoyar investigación y conservación, y promover mediaciones culturales que expliquen el caso sin morbo, con énfasis en cosmovisión andina, contexto histórico y responsabilidad contemporánea. También implica algo más difícil: aceptar que el patrimonio no siempre es amable. El Cerro Esmeralda habla de belleza material -textiles, ajuar, simbolismo-, pero también de sacrificio y de poder imperial. En ese contraste está su fuerza: nos recuerda que la historia del norte no cabe en una postal, y que cultura y patrimonio no son solo celebración, sino también reflexión.
En la cuenta regresiva hacia el Día de los Patrimonios, el Esmeralda puede convertirse en el mejor punto de partida para una conversación ciudadana: una que conecte arqueología con identidad local; ciencia con cuidado; memoria con respeto; y, sobre todo, a Iquique con una profundidad histórica que no siempre se ve desde el borde costero, pero que está ahí, arriba, donde el desierto y el mar se encuentran. LA CIUDAD Y LA HUACA: IQUIQUE FRENTE ASU PROPIO ESPEJO. LA CIUDAD Y LA HUACA: IQUIQUE FRENTE ASU PROPIO ESPEJO CEREMONIA REALIZADA HACE MÁS DE 500 AÑOS EN LA CIMA DEL CERRO ESMERALDA. EN ELLA SE OFRENDABAN NIÑOS COMO PARTE DE RITUALES DE DEVOCIÓN. SU HALLAZGO EN ALTO HOSPICIO ES UNO DE LOS DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS MÁS IMPORTANTES DEL PAÍS.