Autor: Por Leonidas Montes
Columnas de Opinión: El bálsamo político
Columnas de Opinión: El bálsamo político En los primeros meses de cualquier gobierno surgen atisbos de lo que será la impronta y el carácter del Presidente. Kast es un conservador católico y liberal en lo económico. Por eso no esconde su admiración por Jaime Guzmán. El fundador de la UDI acogió la economía de los Chicago Boys, y Kast, fundador del Partido Republicano, a Quiroz. Si hay algo que caracteriza al Presidente es su respeto por las formas. Hay cierta mesura y visos de decoro en su comportamiento. La dignidad republicana, que durante un tiempo se vio amenazada, vuelve a ocupar su sitial. Además, su carácter inspira y transmite calma. Esa frase “todo va a estar bien”, encarna y refleja ese ethos. Es la esperanza frente a la desesperanza, lo bueno antes que lo malo, lo positivo por sobre lo negativo.
Kast sigue con esmero las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y también las tres teologales (fe, esperanza y caridad). Su perfil irrita a la ultraizquierda y descoloca a sectores de la centroizquierda más liberal, a los “progresistas”. La ultraizquierda, representada por el PC y la gran mayoría del Frente Amplio, no soporta haber perdido el poder frente a alguien que votó por Pinochet. Y los progresistas de centroizquierda, junto a algunos liberales de centroderecha, miran en menos a los conservadores y tienen un complejo con la religión. Para esa tribu ser ateo o agnóstico es una credencial, incluso un motivo de orgullo. Pero a ratos, los agnósticos olvidan la humildad que debería caracterizarlos. Así, ese hermoso mensaje socrático, “solo sé que nada sé”, se convierte en soberbia. Y muchos ateos, que son los creyentes del otro extremo creen que no creen, miran con cierto desdén y menosprecio a los cristianos. En la vida diaria la tolerancia, ese valor tan propio del liberalismo clásico, se reemplaza por una sonrisa irónica, una frase despectiva o un sentimiento de superioridad. Al final, como dice el libro de Eclesiastés, vanidad de vanidades, todo es vanidad El camino de Kast a La Moneda fue pavimentado por los anhelos de seguridad, empleo y crecimiento. En lo primero se ha hecho poco, pero en economía hay un plan. Sabemos que será difícil revertir la tendencia del PIB anclada en un 2%. Por si fuera poco, el desempleo ayer subió al 8,9%. La historia es simple. El 2010, celebrábamos el ingreso de Chile a la OCDE. Éramos los jaguares de Latinoamérica. Teníamos el PIB per cápita más alto y llevábamos casi 30 años creciendo a un promedio del 5,5%. Chile, la estrella más brillante de la región, parecía imbatible. En el 2012, Alejandro Foxley nos advirtió sobre los riesgos de la trampa del ingreso medio. Como ese año crecimos a un 5,6%, ignoramos sus advertencias. Ya nos creíamos un país desarrollado. Así entramos en una competencia por emular a Europa. Competíamos por aprobar nuevas leyes y regulaciones hasta asfixiarnos con la “permisología”. Pronto cumpliremos 14 años creciendo a solo un 2%. Este panorama exige reformas. No hay espacio para el statu quo. Los chilenos aspiran a mejorar sus condiciones de vida. Y hoy las banderas de lucha de la izquierda la lucha contra la desigualdad y la redistribución del ingreso ya no tienen la misma fuerza. Es más, la riqueza ya no parece ser un estigma, sino un anhelo. Un ejemplo de este fenómeno es el PDG.
Y para qué hablar de los patrimonios de algunos ministros. ¿Se imagina las reacciones si toda esa riqueza hubiera salido a la luz bajo algún gobierno de Piñera? La relación entre economía y política es compleja. Si la economía camina de la mano de la política, existe armonía y esperanza. Pero cuando se alejan, surge el desorden y la ansiedad. A juzgar por los recientes desaciertos, sería prudente no olvidar este axioma. El carácter de Kast, en medio de esas tensiones, ha sido un bálsamo. El dilema es hasta cuándo. Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog Si la economía camina de la mano de la política, existe armonía y esperanza. Cuando se alejan, surge el desorden y la ansiedad. Autor: Por Leonidas Montes. COLUMNA DE OPINIÓN Si la economía camina de la mano de la política, existe armonía y esperanza. Cuando se alejan, surge el desorden y la ansiedad.