Autor: Esteban Sepúlveda prensa@latribuna.cl
Entre cascadas e historia: el legado turístico que perdura en Saltos del Laja
Entre cascadas e historia: el legado turístico que perdura en Saltos del Laja H ablar de los Saltos del Laja es, inevitablemente, hablar de memoria, de ruta y de una historia familiar que se entrelaza con el desarrollo turístico del sur de Chile.
El origen de ese vínculo se remonta a fines del siglo XIX, cuando un joven agrónomo alemán de apenas 22 años llegó a América con la intención de "probar suerte". Su nombre era Máximo Puffe Dittmar y, sin saberlo, terminaría sembrando una de las tradiciones turísticas más persistentes del Biobío. Durante uno de sus recorridos por la zona, Puffe llegó hasta los Saltos del Laja. La escena recuerdan sus descendienteslo marcó profundamente. Tanto, que decidió regresar a Alemania para reunir capital y volver a Chile con un objetivo claro: echar raíces junto a la cascada.
Así adquirió un arenal de 1.600 hectáreas a la familia Larenas por 43 mil pesos, dando origen a la Hacienda La Aguada y a un proyecto que con el tiempo transformaría el paisaje productivo y turístico del sector.
EL SUEÑO JUNTO ALA CASCADA Según relata su bisnieto, Martín Puffe Zlatar, actual gerente general del Hotel Salto del Laja, el fundador veía en este rincón del Biobío uno de los lugares más hermosos que había conocido. "Él venía mucho al Salto del Laja a caballo y decía que era uno de los lugares más bonitos de su vida. Su sueño siempre fue instalar un hotel aquí", recuerda.
Antes de que ese anhelo tomara forma, la familia impulsó una serie de obras que modificaron el entorno productivo del predio: canales de regadío abiertos a tajo, nivelación de suelos con tracción animal y la introducción del lupino azul para recuperar terrenos arenosos. El proyecto creció. Una represa sobre el estero Batuco permitió generar energía eléctrica mediante una turbina de 250 caballos de fuerza, impulsando la actividad agroindustrial de la hacienda. Con el paso de los años, la explotación lechera, la producción de harina y la avicultura consolidaron a la familia como un actor relevante en la zona. Tras la muerte de Máximo Puffe en 1935, el testigo lo tomó su hijo Enrique, quien decidió avanzar en el sueño original:instalar un hotel frente a los Saltos del Laja.
En 1950 adquirió 35 hectáreas en el sector de las islas del salto y, cinco años más tarde, la construcción del puente de hormigón -obra de los arquitectos Guillermo Schencke y Ernesto Bodenhoferconsolidó la conectividad que permitiría la llegada masiva de visitantes. El lugar comenzaba a transformarse en lo que hoy muchos reconocen: una parada obligada camino al sur. UNA TRADICIÓN QUE SE ADAPTA La administración pasó luego a la tercera generación.
Tras estudiar hotelería en la Universidad de Heidelberg, en Alemania, Martin Puffe Klapp asumió la conducción del recinto con apenas 23 años y, junto a su esposa Sonia Zlatar Zamora, impulsó la ampliación hasta alcanzar 47 habitaciones. Hoy, la cuarta generación encabezada por Martín Puffe Zlatarcontinúa al mando, enfrentando un escenario turístico mucho más competitivo y cambiante. Mantener la operación, reconoce, exige adaptación permanente. El flujo ya no es exclusivamente estival y la estrategia apunta a sostener visitantes durante todo el año.
En verano, el menor caudal del río favorece las actividades recreativas; en invierno, en cambio, la fuerza de las aguas convierte a los Saltos del Laja en su versión más imponente. "Abrimos una piscina que ha aumentado mucho las ventas. El restaurante se ha mantenido estable y el hotel ha tenido muy buen movimiento. Estamos felices con la temporada 2026", comenta. Pero la temporada baja sigue siendo el mayor desafío. "Hay que resistir el invierno, trabajar todo el año para atraer visitantes. Ahora también estamos recibiendo más empresas", añade. Más allá de las cifras, lo que se mantiene intacto es el rol del lugar en la memoria viajera del país. Durante décadas, miles de familias han detenido aquí su trayecto hacia el sur. Hoy, según la administración, cerca del 80% de quienes se alojan corresponden a viajeros en tránsito. El dato confirma lo que la postal ha dicho por generaciones: los Saltos del Laja no son solo un destino, sino también un rito de paso en la geografía turística chilena. Y mientras el agua sigue cayendo con la misma fuerza de siempre, la historia -como la rutacontinúa abierta. MÁS QUE UN HOTEL, UN SÍMBOLO DE RUTA Y DESTINO Autor: Esteban Sepúlveda prensa@latribuna.cl.
Más que una parada en la ruta, el tradicional enclave del Biobío se ha consolidado como destino turístico por derecho propio, combinando historia familiar, paisaje y una oferta que por más de un siglo ha atraído a miles de visitantes. MÁS QUE UN HOTEL, UN SÍMBOLO DE RUTA Y DESTINO EL HISTÓRICO SECTOR CONTINÚA VIGENTE gracias a una mezcla de patrimonio, paisaje y esfuerzo familiar que ha sabido adaptarse al paso del tiempo. GENERACIONES DE VISITANTES han hecho de este rincón del Biobío un punto infaltable del viaje al sur, donde la memoria y el turismo conviven junto a la fuerza de la cascada.