COLUMNAS DE OPINIÓN: La inequidad parte en la sala cuna
COLUMNAS DE OPINIÓN: La inequidad parte en la sala cuna COLUMNA La inequidad parte en la sala cuna La desigualdad en la educación chilena comienza mucho antes de la PSU, del SIMCE oincluso de la enseñanza básica. Comienza en la sala cuna. Específicamente, en una diferencia silenciosa pero profunda: notodos losjardines infantiles y salas cuna reciben el mismo apoyo del Estado.
Hoy, enChileexistenjardines infantiles administrados directamente por JUNJLo por Fundación INTEGRA, ambos organismos estatales, y también jardines administrados por terceros fundaciones, municipios y organizaciones socialesque funcionan "Vía Transferencia de Fondos" (VTF). Todos atienden al mismogrupo objetivo: niños y niñas del 60% más vulnerable del país. Todos deben cumplir exigencias técnicas, pedagógicas y de cuidado similares. Pero no todos reciben los mismos recursos. Y la diferencia essustantiva. Deacuerdoconun estudio del Banco Mundial, en un jardín infantil "tipo" queatiendecercade 100 párvulos, el financiamiento por niño alcanza los $429.942 en establecimientos JUNJIdeadministración directay $402.887 en INTEGRA. En cambio, en los jardines VIF -esdecir, aquellos administrados por terceros, aunque financiados por el Estadoel aporte caea $250.647 por párvulo. En otras palabras: niños y niñas con necesidades equivalentes reciben entreun 37% y un 41% menos de inversión estatal, dependiendo del tipo deadministración del establecimiento al queasisten. La paradoja es aún más evidentecuandose observala distribución del sistema. Los jarines JUN] administrados directamente atienden el 27% dela matrícula total y reciben el 43% del presupuesto. Los jardines VTE encambio, atienden el 38% de los niños y niñas, pero reciben solo el 26% de los recursos. Nose trata de cuestionar el financiamiento de los jardines estatales directos. El problema es otro: resulta incomprensiblequeexistan diferencias tan amplias entre instituciones que cumplen la misma función pública y trabajan con la misma población vulnerable. Elcaso de Hogar de CristorePorliliana Cortés, directora de Hogar de Cristo flejaestarealidad. Nuestra institución sostiene unaredde35 salas cuna y jardines infantiles VIF distribuidos a lo largo del país, con capacidad para cerca de 2.800 niños y niñas este 2026. Como ocurre con muchos establecimientos de esta modalidad, gran parte de sus recursos se destina simplementeasostener la operación básica. Cerca del 90% del fiúnanciamiento se ocupa en remuneraciones, dejando muy poco margen para materiales pedagógicos, capacitación de equipos o fortalecimiento del trabajo con familias. Aesto se suma una lógica de financiamiento muy frágil: para recibir el total de los recursos, los jardines deben mantener al menos un 75% de asistencia promedio. En invierno, cuandoaumentan los virus respiratorios y las ausencias infantiles, esa exigencia termina afectando a los establecimientos quetrabajanen contextos más complejos y vulnerables. Lo más preocupante es queesta desigualdad ocurre en la etapa más decisiva del desarrollo humano. La evidencia internacional es consistente: la educación parvularia tiene efectos profundos en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños. Lo que un país haga --o deje de hacer-en esos primeros años impacta trayectorias completas de vida. Por eso, mantener un sistema donde el financiamiento dependemás dela estructuraadministrativa que delasnecesidadesreales de losniños nosoloes injusto: es una mala política pública. La igualdad de oportunidades empieza mucho antes de lo que solemos creer. Empieza en la primera infancia. Y ahí, justamente ahí, no debería haber diferencias. cias..