Autor: Hugo Herrera Prof. Filosofía del Derecho UDP
Columnas de Opinión: La belleza como tarea política nacional
Columnas de Opinión: La belleza como tarea política nacional L o bello y lo sublime no son lujos reservados a minorías cultivadas. Cuando la experiencia estética se integra en la vida nacional, la convivencia adquiere espesor y el ánimo colectivo se eleva. Allí donde desaparece, la vida común deviene áspera, fatigada, rasante. La política chilena, empero, actúa como si esta dimensión fuese secundaria, cuando en realidad toca el núcleo mismo de la República. La experiencia de lo bello y lo sublime nos devuelve al misterio mismo de existir. Basta demorarse bajo el cielo estrellado o ante la vastedad del mar para advertir cómo lo urgente pierde su tiranía. La estética artística y del paisaje permite tomar distancia de trámites, dar un cierto orden interior a la vida y reconocer qué merece de veras atención. También para el pueblo, la experiencia estética abre caminos de sentido. Cordilleras, mares, desiertos y ciudades integradas a su entorno enriquecen la experiencia compartida. El arte público, los monumentos y un urbanismo atento a la geografía pueden articular una consciencia eficazmente nacional. Un país habituado a la vivencia estética comprende que forma parte de una totalidad mayor y despliega mejor sus energías creadoras. El criterio estético debiera orientar cómo crecen nuestras ciudades, por dónde se trazan las rutas; dónde se ubican viviendas, instituciones educacionales y polos productivos; cómo se construye y se armonizan desarrollo y naturaleza. Cuando la política ignora la potencia simbólica del territorio y la cultura, aparecen el desarraigo y la frustración. El feísmo urbano se normaliza, la pertenencia común se debilita y el país comienza a experimentarse como un espacio hostil. Chile muestra síntomas evidentes de esa carencia. El paisaje casi no entra en la discusión pública, dominada por demandas urgentes pero incapaces de sostener un proyecto compartido. Un país no vive sólo de políticas sectoriales: necesita sostener estética y simbólicamente su vida colectiva.
De otro modo, el norte se reduce a enclave extractivo, el centro se agosta entre incendios y sequías, y el sur oscila entre abandono y prohibiciones que impiden habitarlo con plenitud, mientras regiones enteras dependen de decisiones tomadas lejos de su realidad. Lo bello y lo sublime no se decretan, pero pueden favorecerse.
Se ha de pensar Chile como espacio total habitable y no como suma de zonas administradas; devolver sentido a la ordenación urbana y arquitectónica y ofrecer poder efectivo a ciudades, pueblos y campos, para que la experiencia del paisaje y las artes vuelva a ser parte eminente de la vida común. Un país que cuida lo bello y sublime, y el modo de su encarnación en la tierra y el paisaje, cuida también el ánimo de su pueblo.
Y casi sin advertirlo, una nación que convive con ciudades y paisajes armoniosos aprende a esperar algo más alto de sí misma y de su destino compartido. "Un país no vive sólo de políticas sectoriales: necesita sostener estética y simbólicamente su vida colectiva". Autor: Hugo Herrera Prof. Filosofía del Derecho UDP. "Un país no vive sólo de políticas sectoriales: necesita sostener estética y simbólicamente su vida colectiva".