Docentes en Chile: Una relectura
Docentes en Chile: Una relectura Benjamín Escobedo Teólogo e Investigador de Historia Hace Hace bastante tiempo la educación parece haber sucumbido ante la farra, flojera, indisciplina, ladrones y otro gigantesco grupo de vociferantes que no tienen la más mínima intención de estudiar, estudiar, por el contrario, degradm el sistema que promete calidad, superación y transformación, claro, probablemente para unos pocos, y estos son los que se forman y estudian generalmente generalmente en colegios privados, universidades privadas y otros tantos organismos de entidad superior cuyo perfil también es privado.
Tal vez, el aclamado becerrito de oro llamado “Estado” tiene “envuelto” a esos docentes que habitan el sistema público en una situación de vulnerabilidad, angustia, desolación y profunda crisis vocacional, esa que en el último tiempo es visibilizada a través de faltas de respeto por parte del alumnado alumnado hacia el profesor.
El actual sistema de educación en Chile refiere de manera casi digna de llanto lo siguiente en su web oficial: “La misión del Ministerio de Educación es asegurar un sistema educativo inclusivo y de calidad que contribuya contribuya a la formación integral y permanente de las personas y al desarrollo del país, mediante la formulación e implementación de políticas, normas y regulación, desde la educación parvularia hasta la educación superior”. superior”. Una ironía, ya que el sistema no promueve mucha calidad que digamos, de hecho, si hablamos de PAES, PDT y PSU, encontramos que generalmente los colegios que obtienen mejores resultados corresponden a establecimientos establecimientos particulares pagados. Según el ranking QS (Quacquerelli Symonds) las mejores universidades chilenas son la U. Católica de Chile, la U. de Chile, la U. de Santiago, la U. Adolfo Ibáñez, la U. de Concepción. También destacaron las U. de Católica de Valparaíso, la U. Técnica Federico Santa María, la U. Diego Portales, la U. de los Andes y U. Andrés Bello. ¿Quién tiene más presencia? ¿ Las privadas o las estatales? La respuesta es claramente irrefutable. No es de asombrar que las universidades para hacer investigación, dar cátedra y realizar trabajo intelectual sean de preferencia las privadas por parte de los docentes.
En segundo lugar, Pivotes (Centro de Incidencia Pública), reconstruye una especie de panorámica a través del siguiente escrito “Reformas Educacionales: Una década de promesas incumplidas”, cuyo principal objetivo tiene estrecha relación con el eslogan “La reforma en marcha”, lineamiento esbozado esbozado durante el segundo gobierno de la exmandataria Bachelet.
La web oficial del centro respectivo rememora a nuestro imaginario social lo siguiente: “Otro pilar de la reforma fue la implementación de la gratuidad en la educación superior, cuyo mensaje presidencial afirmaba que promovería la equidad equidad e inclusión.
Sin embargo, la política de gratuidad no ha aumentado la inclusión de estudiantes de bajos ingresos, ya que las principales barreras para acceder a la educación superior en Chile no están están relacionadas con los mecanismos de financiamiento, sino con la calidad de la educación en los niveles escolar e inicial. ¿De qué sirve la gratuidad a un estudiante de escasos recursos si no logra ser admitido? La gratuidad sí ha aumentado el gasto público en educación superior, triplicando su presupuesto entre 2014 y 2023”. Por ende, las carencias vuelven a estar presentes en el sistema educativo educativo primario, donde en ocasiones el nivel de docentes es paupérrimo, aunque muy bien ensamblado con alumnos adictos al mínimo esfuerzo.
Ni hablar de la universidad, donde la culpa la tiene el docente docente por “no entender los vacíos formativos que arrastran sus alumnos”, como si ello fuera parte de las nuevas obligaciones de un profesor universitario, me parece que el sistema que no dice la verdad, ya que la excelencia y rigurosidad una y otra vez es contemplada a través de lo privado, porque hasta hasta ahora, la educación pública (en términos generales y con algunas excepciones), es pan y circo para un pueblo hambriento de migajas.
La cultura chilena se caracteriza por culpar a otros, incluso, teniendo consciencia de la evidencia empírica, probablemente esta no sea la excepción, sin embargo, hacernos algunas preguntas, suena bastante bastante sensato para un diálogo cívico, tolerante y responsable.
De ahí que surjan interrogantes tales como: ¿ Será que los docentes en colegios públicos están aburridos del sistema escolar que se arrastra hace años? ¿ Qué nivel de compromiso podríamos esperar por parte del alumnado en un establecimiento educacional educacional público si hace años que “se soltó la mano en materias de exigencia y disciplina académica”? ¿ Son los docentes en un colegio público el patio trasero de la educación escolar en Chile? ¿ De qué manera los académicos en las universidades pueden mantener el nivel de una disciplina si en los últimos años cada vez es menos el puntaje que se exige para entrar a una carrera profesional?Cómo avanzar en el sistema sistema de educación actual, si con solo tocar un botón vemos que el barco hace agua por diversos lados? Por esto los docentes albergan deseos de hospedar el espacio educativo privado en el país, uno que no está exento de errores, pero si vigente en aquellos ranking de calidad, rigurosidad y con un alumnado de niel, niel, ese que respeta al maestro y se convierte en la nueva camada de profesionales para el país..