Autor: Gastón Gaete Coddou, Géografo Académico Universidad Playa Ancha
Columnas de Opinión: El agua como bien común indispensable
Columnas de Opinión: El agua como bien común indispensable L de valores, de prioridaLa crisis hídrica contemporánea no puede des colectivas y de moseguir siendo reducida a delos de gobernanza un problema de escasez que trascienden la raciofísica o de ineficiencia nalidad económica domitécnica.
En efecto, se nante. trata de una cuestión Sin embargo, el tránprofundamente política y sito hacia esa nueva culcultural que exige revitura no se produce de sar los fundamentos sobre los cuales las sociedades modernas han manera espontánea. Por el contrario, requiere transformaciones insconstruido su relación titucionales profundas con el agua. Las cifras son elocuentes: millones de personas carecen de acceso al agua potable y al saneamiento básico, mientras los sistemas de mercado continúan tratando el recurso como una mercancía susceptible de apropiación privada.
Desde esta perspectiva, resulta urgente reivindicar una nueva cultura del agua que ponga en el centro los del agua, en contraposición a las visiones estáticas que la reducen a campañas de ahorro doméstico o a indicadores de eficiencia técnica. Ahora bien, la consolidación de una verdadera cultura del agua exige enfrentar resistencias estructurales considerables. Los modelos extractivistas que gobiernan la economía global que articulen la participación ciudadana, la han demostrado una equidad de género y el enorme capacidad de reconocimiento de los saberes ancestrales.
En este sentido, la transición hídrica que propuso Arrojo Agudo (2023) implica «una gobernanza democrática y sostenibilidad de los ecosistemas» como condición sine qua non para garantizar los derechos fundamentales de las derechos humanos y la poblaciones más vulnesostenibilidad ecosistérables. No se trata únimica. capturar marcos normativos e instituciones que, en teoría, deberían proteger el recurso. En consecuencia, el cambio cultural que se requiere no puede limitarse al ámbito individual; debe operar simultáneamente en las esferas comunitaria, institucional y política.
La educación, la comunicación pública y la participación activa de las cocamente de cambiar munidades constituyen, Precisamente, el normas; se trata de a este respecto, herramarco conceptual que transformar las mentaliofrece Pedro Arrojo Agudades colectivas respecto del lugar que ocupa el agua en la vida humana y en el funcionamiento de los territorios. do (2023), sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, constituye un punto de referencia ineludible De igual manera, la mientas fundamentales para democratizar el acceso al agua y reconfigurar las relaciones de poder que se ejercen sobre ella. En definitiva, consperspectiva de María Petruir una cultura del agua revochtchikova (2012) aportó una dimensión para comprender esta transición cultural.
En genuina supone asumir que este recurso no es solo un insumo productivo, sino el fundamento material de la vida y de este sentido, sostuvo ante el Consejo de Deconceptual complemenrechos Humanos que «el taria que enriquece el deagua debe gestionarse bate. La investigadora como un bien común, definió la cultura del la dignidad humana.
Abordar la crisis hídrica sin transformar las bases accesible para todas y agua como «un proceso todos, no apropiable por continuo de producción, actualización y transformación individual y colectiva de valores, creencias, percepciones, coculturales que la producen es, sencillamente, una solución parcial. nadie, en lugar de como una mercancía». Esta afirmación sintetiza décadas de investigación y activismo académico que han cuestionado la Como bien señalara nocimientos, tradiciones, Antoine de Saint-Exupéaptitudes, actitudes, y ry: «El agua no tiene salógica mercantilizadora conductas en relación al bor, ni color, ni olor; no líquido en la vida cotidiapuede definirse, se degusta sin saberla. No es predominante en la gestión hídrica mundial.
Hana». Esta tesis subraya blar de cultura del agua la dimensión dinámica y necesaria para la vida: implica, por tanto, hablar procesual de la cultura es la vida». Autor: Gastón Gaete Coddou, Géografo Académico Universidad Playa Ancha.