Editorial: Relevo en Piensa: un think tank con dientes
Editorial: Relevo en Piensa: un think tank con dientes uando una institución pierde a parte de su equipo hacia el gobierno, puede interpretarC se de dos maneras: como un golpe que la deja descabezada, o como la mejor prueba de que su trabajo fue relevante y que sus ideas encontraron el camino hacia las decisiones que importan. En el caso de Fundación Piensa, la segunda lectura es la correcta, y la historia reciente lo confirma con creces. La partida de Juan Pablo Rodríguez a la Subsecretaría de Hacienda no es una fuga, es un reconocimiento.
Igual que ocurrió antes con Jorge Martínez, quien desde Piensa llegó a la UNAB, luego a la Intendencia de Valparaíso y desde ahí marcó una impronta regional difícil de ignorar, siguiendo el mismo patrón de ideas que se convierten en gestión pública concreta.
El think tank regional más importante de Chile tiene un historial que pocos pueden exhibir: forma liderazgo, produce propuestas con rigor técnico, abre debates que otros evitan y coloca a sus protagonistas en el corazón de las decisiones que afectan a millones de personas en la región y en el país. Ese legado no es menor. En doce años, Piensa logró algo que muy pocas instituciones regionales han conseguido: instalarse como una voz que se escucha en Santiago. No por cercanía al poder, sino por la solidez de sus argumentos y la consistencia de su mirada descentralizadora. En un país que sigue siendo profundamente centralista, eso tiene un valor político y cívico que va mucho más allá de cualquier informe o encuesta. En ese contexto llega Maximiliano Duarte a la dirección ejecutiva. No es un foráneo -conoce la casa desde adentro, viene del área de estudios y entiende mejor que nadie que el activo más valioso de Piensa no son sus directores sino su independencia. Él mismo lo ha dicho con claridad: la fundación puede y debe tener una voz crítica incluso frente a un gobierno más afin a sus ideas. Esa lucidez, en un momento político donde el oficialismo copa varios espacios, es exactamente lo que se necesita. El desafio de Duarte es sostener la continuidad sin caer en la inercia. Piensa nació para instalar la descentralización y el desarrollo regional en la agenda nacional. Doce años después, esa agenda sigue siendo urgente e inconclusa. La región de Valparaíso necesita un think tank con dientes, que incomode cuando corresponde y proponga cuando se requiere.
No con nostalgia de sus fundadores, sino con la convicción de que lo mejor de la institución aún está por venir.. El verdadero desafio de Maximiliano Duarte es demostrar que es posible ser crítico con un Gobierno que, obviamente, es afin a sus ideas. E Editorial