“Esto escapó de toda lógica a nivel nacional
“Esto escapó de toda lógica a nivel nacional Nunca antes había pasado algo así.
Al menos en Chile, no había muerto una profesora en manos de un alumno en medio de la jornada escolar, en un ataque que afectó a varias personas de la comunidad, entre ellos algunos estudiantes, y que habría sido premeditado. Un incidente, que ha sido llamado por la fiscalía, como el primer caso de "Violencia Escolar Dirigida" detectado en el país. Lo que pasó ese viernes 27 de marzo ya es conocido, Hernán Meneses, estudiante del Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama, de 18 años, se encerró en el baño del establecimiento. Cubierto con una capucha y antiparras, aguardaba ahí con su mochila, en la que tenía varios cuchillos de distintas dimensiones, un gas pimienta, entre otras cosas. Afuera lo llamaban dos inspectoras. Al salir, atacó con un cuchillo a una de ellas, María Victoria Reyes, quien falleció a causa de esas heridas. Luego, atacó a la otra funcionaria que la acompañaba y después a otros estudiantes que quedaron con lesiones. Hasta que, un grupo de sus propios compañeros, lograron detenerlo y reducirlo. Unos días después, en la formalización, el fiscal reveló que en la casa de Meneses habían encontrado un cuaderno en el que él había anotado los detalles del ataque que realizaría.
Ahí habría mencionado que su objetivo eran los niños de primero básico y que mataría a quien se interpusiera en su camino, describiendo estar motivado por odio al "capitalismo, misantropía". En una de las pesquisas se analizaron los cuchillos que portaba ese día, en los que se habrían identificado nombres de perpetradores de otros ataques masivos en el extranjero. Han pasado casi dos semanas desde ese día. Meneses está en prisión preventiva en la cárcel de Antofagasta. La inspectora, María Victoria Reyes, recibió por estos días sus funerales en el colegio. Las otras cuatro víctimas están en recuperación.
Y hoy, un miércoles de abril, el colegio está vacío, ya Sigue... GEN TILEZ A INS TITUT O O BISPO SIL V A LEZAET A "Esto escapó de toda lógica a nivel nacional" DIRECTIVA DEL INSTITUTO OBISPO SILVA LEZAETA DE CALAMA: A dos semanas de que un estudiante matara con un arma blanca a una inspectora y atacara gravemente a cuatro personas de la comunidad, habla la rectora del establecimiento, Alejandra Zamora, y el representante legal de la fundación sostenedora, Jorge Reyes. Reflexionan sobre la agudización de la crisis de salud mental y el consumo de drogas, así como del aumento de la violencia de los apoderados. Respecto al debate de incorporar la revisión de mochilas en los colegios, la rectora dice estar de acuerdo: "Muchas cosas en muchos establecimientos se habrían prevenido si hubiésemos tenido justamente esa facultad". POR ANTONIA DOMEYKO.
“Esto escapó de toda lógica a nivel nacional que las clases continúan suspendidas, excepto la oficina de la rectora, donde ella, Alejandra Zamora, atiende esta videollamada. --¿ Intuían que por el ambiente que había en el colegio podía llegar a ocurrir algo así? --Este hecho aislado que vivimos ese día, escapa de toda posibilidad que en algún momento alguien podría haber pensado --dice.
Junto ella se encuentra Jorge Reyes, contador y representante legal de la Fundación Educacional Obispo Luis Silva Lezaeta, sostenedora del colegio, quien agrega: --Nos despertamos el 27 de marzo y el mundo nos cambió radicalmente --dice Reyes--. Esto escapó de toda lógica a nivel nacional. El 28 de marzo, el día después, tuvimos reunión con la ministra, el director de Carabineros, de investigaciones y nos dicen que ni ellos vieron venir una situación así. Y luego Reyes explica: --El chico no era disruptivo. Era de bajo perfil, es decir, no estaba dentro de los alumnos conflictivos, podríamos decir, que tenían un antecedente previo.
En el colegio tenemos dos tipos de alumnos que se destacan: los muy buenos o los muy malos, pero él no era de pertenencia a este grupo, entonces con mayor razón no teníamos cómo imaginar algo de esta magnitud. Alejandra Zamora llegó a trabajar al Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama en 2006, como profesora de Educación Básica mención Matemáticas y Ciencias Naturales de la Universidad Católica de Valparaíso. Dice que llegó a Calama acompañando a su marido que era de la zona. Estuvo varios años haciendo clases en los cursos más pequeños y de a poco fue tomando más liderazgo. Fue coordinadora del nivel de enseñanza básica, después asumió la orientación en la enseñanza básica, donde le tocó ver convivencia escolar, hasta que a mediados del año 2019 fue nombrada rectora del colegio. El Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama es un colegio de tradición en la zona y tiene más de 65 años de historia. Es un colegio católico, particular subvencionado, que hoy cuenta con 1.800 estudiantes. --Ha sido un colegio muy reconocido tanto a nivel local como regional.
Muchos estudiantes se han formado en estas aulas y muchos de ellos han ocupado puestos importantes a nivel nacional --explica Alejandra. --En los 20 años que lleva trabajando en el colegio, ¿cómo ha cambiado el ambiente y la comunidad escolar? --Hablamos de cómo hay un antes y un después, de cuando se creó la ley de inclusión y el sistema de admisión escolar. Ha ido cambiando porque las personas que han ingresado y han sido parte de la comunidad han cambiado. El sistema hoy no te permite ni siquiera conocer a las familias.
Recién el primer acercamiento que puedes tener es el primer día que iniciamos las clases, ahí te vas enterando de un sinfín de situaciones e historias que tienen ellos y que a veces ni siquiera comulgan con el proyecto educativo. Nuestro proyecto es confesional católico y hoy día tenemos familias que son evangélicas o que profesan otras religiones. Entonces, de una u otra manera, tienes que entrar a convencer, a pedirles el respeto debido, porque no quieren vivir los hitos que tenemos. Hay familias que vienen solamente a dejar a los estudiantes y transforman en guarderías los colegios. Eso ha generado una problemática interna porque tenemos gente que está muy alineada, pero también tenemos otros apoderados que no tienen ningún compromiso respecto de la formación y la educación de sus hijos.
Jorge Reyes explica además que en el caso de la ciudad de Calama, hay varios factores que influyen en el entorno en el que están creciendo los niños, por el hecho de ser una ciudad que vive principalmente de la minería. --Las jornadas de siete por siete o catorce por catorce hacen que los padres desaparezcan literalmente semanas completas.
Y los otros siete días generalmente quieren descansar y entonces al final tenemos un círculo social que en Calama puede haber mucho movimiento, pero es un movimiento exterior y la prioridad no está en la educación. Y ahí se han ido traspasando responsabilidades en la formación, en el tema educativo y en la contención que tiene que dar el colegio. Es decir, hemos tenido que priorizar más que el currículum, el tema de convivencia escolar, porque tenemos muchas desregulaciones, muchas soledades, muchos niños que no se sienten identificados con sus entornos --detalla Jorge Reyes.
Alejandra Zamora, complementa, que hace ya un tiempo no solo los padres trabajan en el sector minero, las madres también se han ido sumando a esta actividad laboral. --Eso hace que la gente se tenga que trasladar de los espacios y obviamente genera estos ambientes de soledad.
El año pasado tenía una jefatura de curso y el niño me decía, que la mamá se iba y él se quedaba solo en la casa, y en la noche le tocaban algunas situaciones de asaltos y robos cuando estaba solo. Esas soledades las viven a diario muchos de los estudiantes de nuestro colegio.
O también viven siete días con la mamá, siete días con el papá, no se marcan bien los límites y en vez de entregar el afecto, lo cambiamos a un nivel de consumismo: "Mientras más te dé yo, es la muestra que tengo para darte cariño". Y a veces los niños nos dicen que eso no es lo que ellos necesitan --advierte Alejandra.
Otro factor que ha afectado el ambiente de la comunidad escolar son las problemáticas de salud mental, añade Jorge Reyes, algo que se ha intensificado luego de la pandemia. --Las consecuencias de la pandemia han llevado a alumnos solitarios, a alumnos que se encasillaron y se encapsularon en un computador, en un celular y se exacerbó el tema del individualismo. Niños que no tienen capacidad de concentración porque el celular se los daba a todo. Ahí se demostró la gran soledad en la que estaban los chicos, porque las familias estaban encerradas juntas, pero los niños seguían estando solos. Este aislamiento obligatorio llevó a que muchos tuvieran un desarrollo retrasado en el proceso cognitivo y psicológico. Nunca habíamos tenido en primero básico niños que no controlan el esfínter o que no supieran leer o escribir. Veíamos también jóvenes que estaban abriéndose a la pubertad totalmente desorientados --explica Jorge Reyes. Alejandra agrega: --Los problemas de salud mental se fueron agudizando en las crisis que les dieron a los niños. Tuvimos problemas en los que algunos se empezaron a cortar los brazos como para que los padres se dieran cuenta, es decir: "Aquí estoy". Eso nos llevó a tomar muchas decisiones internas. Tuvimos que eliminar radicalmente los usos de sacapuntas y de cualquier artefacto o elemento que pudiera producir esto. Además detectamos que tomaban pastillas, les sacaban pastillas a los papás. Y ahí fue saliendo el tema de que no podíamos solos como colegio y necesitábamos apoyo de otras instituciones. Si bien en los servicios asistenciales de Calama hay un área de salud mental, llegó un momento en que colapsó por la cantidad de casos que se fueron dando. No solamente en nuestro colegio, sino que en todos los de la ciudad, y obviamente no podían dar respuestas oportunas. Acá no llegas y consigues una hora con un psiquiatra, cuesta un mundo, y tiene que ser de carácter online, porque en la zona tenemos cuatro psiquiatras a nivel comunal, y ningún infanto-juvenil. Otro tema, explica Alejandra, que hace ya bastante tiempo se ha sumado al escenario escolar, es el consumo de droga de los adolescentes. Dentro y fuera del colegio. --El consumo es la realidad que vivimos todos los establecimientos, donde de una u otra manera trabajamos. Estamos muy alertas, pero tampoco podemos, por ejemplo, entrar al baño a requisar, porque tú sabes que no se puede entrar a los baños, entonces se dan un sinfín de cosas en esa materia. Estamos muy atentos, a veces sabemos de situaciones pero la verdad también es que las normativas no nos ayudan, porque no podemos revisar una mochila a pesar de que tenemos antecedentes. Y así vamos sumando y sumando --señala Alejandra.
A pesar de todo esto, explica Jorge Reyes, hasta antes del 27 de marzo, ellos consideraban que en el colegio sí había un ambiente que permitía realizar las clases y que en general había respeto hacia los profesores.
De hecho, su mayor preocupación en el último tiempo, no era el trato de estudiantes a profesores, sino más bien la violencia por parte de apoderados a docentes. --Los niños siguen siendo respetuosos dentro de la mayoría.
Estadísticamente, la cantidad de alumnos que son disruptivos es muy baja, será el 5% a todo reventar --dice Reyes y agrega: --Lo que sí tenemos a veces mucho más intensa es la violencia verbal de apoderados hacia los docentes. No solo cambió el alumno, tenemos que considerar que también cambió el apoderado, siendo que está más ausente, miran el colegio con un enfoque de clientelismo, entonces tampoco hay un sentido de pertenencia. Hemos tenido apoderados que han sido más groseros con los funcionarios que los propios alumnos. De hecho, explican, hay apoderados del colegio que tienen prohibido el acceso al establecimiento por conductas agresivas anteriores contra miembros de la comunidad educativa.
Ese viernes 27 de marzo, Alejandra Zamora, relata que en un momento de la mañana se dieron cuenta de que el estudiante Hernán Meneses no estaba en la sala que correspondía. --Con mis colegas estamos atentos. Si un niño se perdió, un niño no llega a la sala, se activan protocolos internos y empezamos a buscarlo, porque es un colegio grande.
A raíz de todas estas situaciones que pasan en materia de convivencia, de todas las desregulaciones que tienen muchas veces los niños, por problemas en redes sociales, familiares y todo lo demás, siempre estamos atentos --dice Alejandra --. Ese día el niño no estaba, por eso lo buscaban y bueno, pasó lo que pasó.
Minutos después del ataque del estudiante, cuenta Alejandra que intentó hacerse cargo de los 1.800 alumnos que estaban en el establecimiento en ese momento. --Empezamos a mover a una cantidad importante de estudiantes, para poder desalojarlos de todo esto.
La gente estaba totalmente choqueada, y tuve que empezar a despertarlos y decirles a los profesores: "Colega, ayúdeme, necesito mover a todos los estudiantes lo más rápido posible" y que ojalá muchos de ellos no se dieran cuenta de todo lo que pasaba.
Llegó tanta autoridad, donde todo el mundo quería mandar, pero donde nadie se movía y tenía también a una cantidad de apoderados afuera que estaban desesperados y angustiados porque querían saber en qué situación estaba su hijo --relata Alejandra --. La verdad que yo todavía no me he sentado así a llorar y a vivir la tristeza de lo que pasó, sino más bien nos ha tocado contener a mucha gente. --¿ Qué autocrítica o qué reflexión han hecho respecto a lo que pasó? --Les hemos dicho a todos que esto no es culpa de nadie. Hoy día tenemos un curso que también se siente responsable porque los están señalando como el curso (del imputado), según lo que se dijo en los medios de comunicación. Cuando en la práctica ellos no tienen ninguna directa relación con el estudiante en sí, porque él no tenía problemas convivenciales. A lo mejor nos faltó haber puesto ojo en aquellos niños que no son de los buenos ni de los disruptivos. Haber prestado un poco más atención a aquellos niños que están más en silencio. Pero los llamados primeramente a estar mucho más atentos visualizando lo que pasa con sus hijos son los padres.
Si ni los padres son capaces de dar las alertas necesarias, la verdad que nosotros también dentro de todo el universo que tenemos de estudiantes y cada realidad que pasa en cada niño... Obviamente podríamos haber estado más atentos, pero yo sí hoy día defiendo a mi comunidad, porque hoy día con mis colegas sí estamos atentos. --En los medios de comunicación muchos padres han aparecido molestos con la directiva del colegio... --A veces da rabia y pena de tantas cosas que se dijeron. Gente súper inescrupulosa por temas o problemas o a lo mejor decisiones que tomó el colegio en función de sus hijos y ahora toman rencilla respecto de esto. Eso da pena.
En el dolor la gente debiera unirse y a veces sale lo peor de las personas. --Hay apoderados que han salido a pedir su renuncia en televisión. --Sí, pero también sabemos que hay una cantidad importante de apoderados que están muy alineados con el colegio y están esperando que el colegio vuelva a sus funciones. Esos van a ser los siguientes pasos y es lo que estamos trabajando hoy en día.
Esta semana, explican, han tenido largas jornadas con la Seremi de Educación con la idea de gestionar un plan de retorno a las clases, enfocándose en apoyar con psicólogos y orientadores a los funcionarios para que puedan contener a los alumnos en el regreso al establecimiento.
En paralelo recibieron también la donación de un detector de metales, cuya instalación aún está en conversaciones. --¿ Cuál es su postura frente a la nueva Ley de Convivencia Escolar que permite la instalación de detectores de metales y el proyecto de ley que busca incorporar medidas como la revisión de mochilas? --Con la revisión de mochilas estoy totalmente de acuerdo. Muchas cosas en muchos establecimientos se habrían prevenido si hubiésemos tenido justamente esa facultad. Los detectores de metales, bueno lo hablábamos el otro día porque a nosotros ya nos donaron uno, pero tampoco eso va a ser la solución. Eso va a garantizar seguridad, va a dar respuesta un poco al ambiente, de que la gente se sienta en un espacio seguro, pero el problema no lo va a abordar.
Vamos a tener que trabajar en otra línea que tiene que ver un poco más con el autocuidado, la prevención y trabajar justamente muy aliados con las familias. "Acá no llegas y consigues una hora con un psiquiatra, cuesta un mundo. En la zona tenemos cuatro psiquiatras a nivel comunal y ningún infanto-juvenil", afirma la directora. En la foto, una manifestación de los estudiantes. AT O N El colegio recibió la donación de un detector de metales, cuya instalación aún está en conversaciones. En la foto, una velatón afuera del Instituto Obispo Silva Lazaeta. A TO N "El chico no era disruptivo.
Era de bajo perfil, pero no estaba dentro de los alumnos conflictivos (... ) Entonces no teníamos cómo imaginar algo de esta magnitud". "Hay un antes y un después, de cuando se creó la ley de inclusión y el sistema de admisión escolar. Porque las personas que han ingresado han cambiado. El sistema hoy no permite ni siquiera conocer a las familias".. - -