Autor: IGNACIO MOLINA
Mujer que perdió su casa en incendio del año pasado explica qué ayuda es de verdad útil
Mujer que perdió su casa en incendio del año pasado explica qué ayuda es de verdad útil uando un incendio forestal Carrasó con el sector donde vivía, en Collipulli, en febrero del año pasado, Ingrid Cruces perdió su casa y todo lo que había dentro. Era una vivienda levantada junto a su esposo tras décadas de trabajo, en una zona golpeada por altas temperaturas y sequía prolongada. Después del fuego no hubo muebles ni cocina. Hubo carpa, suelo y una red de ayuda solidaria que, como ocurre hoy en el sur del país, llegó con buena intención, pero no siempre pensada para el momento ni para el uso inmediato. Desde esa experiencia, Ingrid aprendió algo clave: la ayuda sirve cuando responde a una necesidad concreta y a un tiempo específico. Por eso, su relato se organiza por etapas. El primer día: agua, medicamentos. Tras el paso de las llamas, la urgencia fue básica. "No tuve agua", recuerda. El suministro estaba cortado y no llegó apoyo inmediato. Consiguió directamente en la ciudad. La falta de medicamentos también fue crítica.
CEDIDA "El hospital de Collipulli se puso en contacto conmigo y me los hicieron llegar durante el día". Mantener el teléfono operativo también marcó la diferencia. "Viajé a Collipulli el primer día, donde una cuñada, y ella lo cargo". Luego apareció una solución mínima. "Después llegó una prima y ella me trajo un cargador portátil; con eso pude recibir carga en mi teléfono". El tercer día: sombra y comida. El incendio ocurrió en pleno verano (febrero de 2025), con temperaturas que superaron los 30 grados. Sin árboles, sin techo y con el suelo aún caliente, el calor se volvió un problema diario. "No tenía cómo hacer una sombra", cuenta Ingrid.
Junto a su esposo improvisaron con lo poco que quedó en pie. "Tuvimos que hacer una ramadita y poner maderas quemadas viejas para habilitar un pequeño espacio". La escena se repite hoy en el sur, donde los incendios avanzan con altas temperaturas y dejan a las familias expuestas al sol durante horas, sin un lugar básico donde resguardarse. La comida empezó a llegar, pero no siempre resolvía el problema completo. Ingrid agradece los alimentos no perecibles, porque sirven y sostienen. El problema apareció al tercer día, cuando quedó claro que no había dónde cocinar. No había cocina, ni gas, ni utensilios. "Faltaba un juego de loza, una tacita, una cuchara, un platito", enumera.
Sin eso, la ayuda quedaba a medio camino. "Porque uno no tiene en qué cocinar, no tiene qué comer y no tiene cómo prepararlo". Desde ahí surge otra necesidad. "Siento que una familia podría llevar, a lo mejor, una ollita con comida preparada". Los niños: contención y rutina. En medio de la emergencia, la situación de su hija marcó otra prioridad. "Necesitó mucha contención, porque a ella se le murió su perrita", relata Ingrid.
La mascota murió quemada y el golpe fue profundo. "Ella tenía un apego impresionante a su mascota". La respuesta no vino solo desde la familia. "Sí hubo gente que se acercó a ella; hicieron una campaña especial para ella, donde juntaron lápices, cuadernos". La ayuda llegó desde personas conocidas y anónimas. "Hasta de Valdivia", recuerda. Esas campañas se organizaron de forma simple, incluso con rifas y aportes directos, pensadas para cubrir necesidades concretas de los niños, como útiles escolares y pequeños juguetes que ayudaran a recuperar rutinas.
Para Ingrid, ese gesto marcó una diferencia real. "Conté con la fortuna de que a ella la tomaron en cuenta, pensaron en ella". Más allá de los objetos, hubo algo central. "Ella recibió hartas cositas. recibió hartos abrazos, ella recibió mucha contención". La primera semana: descanso.
Con los días, la urgencia dejó de ser solo material. "Con mi esposo era como pensar y mirar y quedarse en blanco". El peso de la pérdida se instaló. "Cuarenta años de matrimonio, cuarenta años de esfuerzo y quedar sin nada". Dormir también fue un problema. "Nosotros con mi esposo estuvimos tres noches en el suelo. .. unos vecinos nos pasaron algunas frazadas". Desde su experiencia, Ingrid propone un criterio simple para quienes quieren ayudar hoy. "Lleven algo que te va a servir en el minuto, que tú lo vas a poder usar". Su aprendizaje apunta a mirar la ayuda como una cadena completa: si llega comida, pensar en la olla; si hay niños, pensar en cuadernos, lápices y contención; si llega ropa, pensar en el uso diario. Autor: IGNACIO MOLINA. Es bueno recibir comida, pero si no tienen una olla para cocinarla o un plato donde servirla, ayuda poco. Los cargadores son fundamentales. Y algo para hacer sombra. Tras perderlo todo en Collipulli, Ingrid Cruces ordena las prioridades tras una tragedia Ingrid Cruces perdió su casa en el incendio forestal de Collipulli.