Autor: Ignacio Aravena Fellow LSE e investigador Fundación Piensa
Columnas de Opinión: Teleférico Placilla-Barón: burocracia y rigidez
Columnas de Opinión: Teleférico Placilla-Barón: burocracia y rigidez V alparaíso, por su geografia, obliga a pensar el transporte como un sistema con varios modos. En una ciudad de cerros, quebradas y vías estrechas, diversificar es fundamental para que la movilidad sea en tiempos razonables. Por eso sorprendió que el teleférico Barón-Placilla, pensado para conectar cerros y periferia y acortar viajes, se cayera antes de competir, más aún si es por cómo se condujo su licitación. En procesos de esta envergadura, la etapa de preguntas y respuestas es parte de la ruta crítica. Sirve para despejar dudas en planos, bases técnicas y exigencias administrativas, y con ello reducir incertidumbre y permitir ofertas competitivas. Que se reporten 230 consultas respondidas de forma genérica, remitiendo al mismo articulado o a adjuntos sin resolver lo sustantivo, no es un detalle.
Ese estilo aumenta el riesgo y termina en menor participación y precios más altos para cubrir contingencias -lo que en ambos casos lleva a menor competitividad -. Es necesario precisar que las dos firmas que llegaron a la licitación fueron rechazadas por incumplimientos administrativos de las bases, como antecedentes organizacionales e historial de consultorías.
Eso no se puede ignorar; sin embargo, el desenlace también revela que, si sólo dos empresas se interesan y ambas quedan fuera, la señal es que el proceso no estaba calibrado para un mercado pequeño y especializado. Este rubro no es masivo y no se puede licitar como si lo fuera. Dado lo anterior, es preocupante que el mismo diseño acotara la cancha. Exigir que empresas extranjeras estén inscritas en registros del MOP, sin equivalencias claras ni mecanismos ágiles, restringe la participación cuando la experiencia internacional suele ser clave. Lo razonable era testear el mercado antes, identificar quiénes podían participar y ajustar bases, plazos y requisitos para atraer competencia real. Cuando el proceso se rigidiza, el resultado es el que vimos, un proyecto que se anuncia bien, pero se cae al licitar por trabas administrativas. El costo para Valparaíso es alto. No sólo se corta un proceso, también se posterga otra vez una mejora de conectividad en una ciudad donde el transporte aparece sistemáticamente mal evaluado en la Encuesta de Calidad de Vida de Fundación Piensa. Seguimos con una red que ha cambiado poco en décadas y que no siempre conversa con la demanda actual ni con la conexión entre cerros y plan. Eso también tiene efectos económicos, porque si llegar es difícil, la inversión en comercio y servicios se retrae. Valparaíso no puede seguir perdiendo proyectos por rigidez y desorden administrativo. Lo mínimo es aprender rápido, corregir el proceso y volver a licitar bien. No para salvar un anuncio, sino para recuperar la inversión en la ciudad. Autor: Ignacio Aravena Fellow LSE e investigador Fundación Piensa. C Columna