Columnas de Opinión: Proteger el agua ante el riesgo climático
Columnas de Opinión: Proteger el agua ante el riesgo climático Cada 2 de febrero, desde 1971, se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que invita a reflexionar sobre el valor de estos ecosistemas y las amenazas que enfrentan. En Chile, país de geografías diversas y frágiles, esta reflexión es especialmente relevante en un contexto marcado por incendios forestales cada vez más intensos, sequías prolongadas y una creciente pérdida de biodiversidad. Los humedales (como lagunas, vegas, turberas, esteros y marismas) no son terrenos sin uso, sino sistemas vivos que almacenan agua, sostienen la vida y benefician tanto a comunidades rurales como urbanas. Cumplen funciones ecológicas clave: regulan el ciclo hídrico, mejoran la calidad del agua, retienen sedimentos y contaminantes, y actúan como amortiguadores naturales frente a inundaciones y olas de calor. Además, albergan una alta diversidad de flora y fauna, incluyendo especies emblemáticas y vulnerables como la rana chilena, cuyo ciclo de vida depende de ambientes acuáticos saludables. Estos ecosistemas también son esenciales para miles de aves residentes y migratorias que recorren enormes distancias entre hemisferios. Para especies como el playero ártico, los humedales funcionan como verdaderas estaciones de descanso donde alimentarse y recuperar energía. Cuando un humedal se degrada o desaparece, se rompe una cadena ecológica que trasciende fronteras y afecta procesos naturales a escala continental. Pese a su importancia, los humedales están seriamente amenazados. A nivel global, se ha perdido cerca del 64% desde 1900, y actualmente se sigue perdiendo alrededor de un 1% anual debido al desarrollo urbano, la contaminación y el relleno desregulado. En Chile, aunque existen sitios protegidos bajo la Convención Ramsar, la presión sobre estos ecosistemas continúa aumentando, especialmente bajo los efectos del cambio climático. Durante 2026, el país ha enfrentado incendios forestales severos, particularmente en regiones como Biobío y Nuble, con miles de hectáreas quemadas, evacuaciones masivas y pérdidas humanas y materiales. Estos eventos reflejan un patrón de temporadas de fuego cada vez más intenso, asociado a olas de calor, sequías persistentes y acumulación de vegetación seca. En este escenario, los humedales pueden actuar como aliados naturales: su humedad dificulta la propagación del fuego y ofrece refugio a la vida silvestre y comunidades cercanas.
Su degradación, en cambio, agrava los impactos de incendios y sequías, acelera la pérdida de biodiversidad y puede afectar la salud humana y animal al favorecer la aparición de enfermedades infecciosas.. Mario Alvarado Académico Investigador Escuela Medicina Veterinaria Universidad de La Américas OPINIÓN