Autor: Héctor Contador Santana, investigador autodidacta castreño
Columnas de Opinión: Chiloé y la ficción de la cercanía
Columnas de Opinión: Chiloé y la ficción de la cercanía Chiloé no es clasificado formalmente como "zona extrema" dentro del Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas (Pedze). Su ubicación geográfica y su supuesta conectividad con el continente lo dejarían fuera de los criterios aplicados a territorios como Región de Aysén o Región de Magallanes y la Antártica Chilena, considerados aislados, australes y fronterizos. Sin embargo, esta explicación revela más una mirada centralista del territorio que una comprensión real de lo que significa habitar un archipiélago. El Pedze concentra recursos en regiones como Arica y Parinacota, Tarapacá, Aysén y Magallanes, incluyendo además territorios específicos como la provincia de Palena. Chiloé, pese a pertenecer a la Región de Los Lagos, queda fuera de esta categoría. El argumento central es simplón: Chiloé está "cerca" de Puerto Montt, a menos de 90 kilómetros. Pero esa cifra, repetida como un mantra técnico, es también una simplificación que distorsiona la realidad. Cuando se habla de la distancia entre Chiloé y Puerto Montt, se utiliza un punto abstracto, generalmente ubicado entre Ancud y Chacao. Pero Chiloé no es un punto: es un territorio fragmentado, disperso en más de 40 islas habitadas. Las distancias reales lo demuestran.
De Ancud a Puerto Montt hay 95,8 km; de Quellón a la capital regional, 256 km; de Queilen a Puerto Montt, 234 km; de Chelín a Castro, más Puerto Montt, existen 205 km; de Apiao a la isla Quinchao y Puerto Montt, 220 km.
Aquí no solo hablamos de kilómetros, sino de trayectos interrumpidos por el mar, dependientes de barcazas, condiciones climáticas y tiempos inciertos. ¿Puede considerarse "integrado" un territorio cuya conectividad depende del clima, de horarios restringidos y de una geografía fragmentada? Chiloé no cumple con los criterios de "zona extrema" porque no es frontera ni está en el extremo austral. Pero esa definición deja fuera una variable clave: la insularidad compleja. Mientras en el discurso técnico se habla de cercanía, en la experiencia cotidiana se vive distancia. Autor: Héctor Contador Santana, investigador autodidacta castreño. COLUMNA