Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
Columnas de Opinión: ¿Qué pasó con la Rotonda?
Columnas de Opinión: ¿ Qué pasó con la Rotonda? D urante años hablar de la Rotonda de la Pablo Neruda y Yáñez Zabala era relacionarlo con la palabra abandono. Era mencionar estructuras vacías, inseguridad, basura y miedo. Ese era uno de esos lugares que muchas veces aparecen en las noticias solo cuando ocurre algo malo, como si algunos barrios estuvieran condenados a existir únicamente desde el problema. Por eso, la noticia del mejoramiento de la Rotonda importa más de lo que parece. Porque sí, se están renovando veredas, calzadas e iluminación. Sí, habrá espacios deportivos, áreas verdes y juegos infantiles. Pero lo verdaderamente importante es otra cosa: por fin un sector históricamente postergado comienza a sentir que también merece inversión, cuidado y futuro. En ciudades como Valdivia, muchas veces las diferencias se notan en silencio. Hay barrios donde las plazas duran años limpias y bien cuidadas, y otros donde el deterioro parece normalizarse.
Hay sectores donde el espacio público invita a quedarse, y otros donde todo transmite el mensaje contrario, ese mensaje que les nace a muchos al momento de pasar en micro por el sector: "mejor no estar aquí". Y eso termina afectando mucho más que la infraestructura. Porque cuando una niña crece viendo plazas destruidas, luminarias rotas y sitios abandonados, también crece sintiendo que su barrio importa menos. Que hay lugares donde sí llegan las cosas buenas y otros donde solo llegan promesas. Por eso recuperar la rotonda no es solamente construir. Es disputar una idea peligrosa y que se repite en todo Chile, esa que nos susurra que existen barrios de primera y segunda categoría. Lo más valioso de este proceso es que nace también de la presión y persistencia de los vecinos. Durante años denunciaron inseguridad, consumo de alcohol, microbasurales y abandono. Insistieron cuando parecía que nadie escuchaba. Y hoy esa insistencia empieza a transformarse en algo concreto. Ojalá esta noticia sirva también para cambiar la manera en que hablamos de sectores como Pablo Neruda y Yáñez Zavala. Porque reducirlos únicamente a la delincuencia o al conflicto es profundamente injusto. Ahí viven familias trabajadoras, niños, dirigentes sociales, jóvenes con talento y vecinos que llevan años intentando sacar adelante su comunidad con mucho menos apoyo del que merecen. Las ciudades también educan. Un espacio abandonado enseña abandono. Un espacio digno enseña comunidad, encuentro y cuidado. Y quizás esa es la mejor noticia de todas: que por fin, después de tantos años, un barrio comienza a verse no desde el miedo, sino desde la posibilidad. Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés. Columna