Cartas: Sin aulas, pero con alma
Cartas: Sin aulas, pero con alma Señora Directora: Los incendios forestales que han arrasado la Región del Biobío dejan un vacío que duele en el alma, siete escuelas reducidas a cenizas, como VIPLA, el Liceo Ríos de Chile y el Jardín Florcita Silvestre en Penco, o la Escuela Punta de Parra en Tomé, dejando a más de 700 niños sin su mundo cotidiano. En Lirquén y Punta Parra, el 85% de las casas fueron consumidas por el fuego; familias enteras con lo puesto, sin hogar ni el abrazo simbólico de la escuela que los sostenía. Esta no es solo una herida material, es un quiebre profundo en la continuidad de niñeces, en los sueños de niñas y niños, y en el latido de comunidades enteras. Pero los ladrillos solos no curan; el corazón de la reconstrucción es social y emocional, vital cuando en marzo no habrá escuelas y el vacío total amenaza con rompernos. En Australia, tras los mega incendios de 2019-2020, iniciativas como "Kids Matter" tejieron apoyo psicológico en aulas improvisadas, fortaleciendo lazos que evitaron que niñas y niños se perdieran en la sombra del duelo. En Valparaíso post-2014, duplas psicosociales itinerantes ayudaron a sanar a docentes exhaustos, devolviendo la rutina como faro en la tormenta.
Reconstruirnos exige empatía activa, es decir, unir ladrillos con corazones latiendo juntos, asegurando que, en marzo, sin escuelas físicas, la educación sea el puente de esperanza que sostenga infancias neuro diversas y comunidades en renacer compartido. Romina Irribarra, directora Programa Pedagogía en Educación Media Unab..