Una inmigración que moldeó una ciudad y un espíritu
Una inmigración que moldeó una ciudad y un espíritu a migración italiana en Valparaíso se dio en redes", explica Emi"L lio Toro Canessa, historiador porteño que se ha dedicado a seguir la huella de esa comunidad en la zona. "Un hermano traía al otro, luego al primo, después al papá, la mamá o los amigos". Muchos de esos inmigrantes comenzaron trabajando en almacenes y emporios del puerto, donde “dormían en un principio debajo de los mesones. .. Con el tiempo juntaban dinero y le compraban el emporio o la tienda al amigo que los había traído". La mayoría provenía de Liguria, especialmente de la zona de Génova y La Spezia. Y no es casual que muchos encontraran en Valparaíso un paisaje familiar. "Psicológica y sociológicamente significó sentirse GENTILEZA DE EMILIO TORO CANESSA en casa.
Valparaíso tiene similitudes con Génova y con la costa de Liguria". A diferencia de otros procesos migratorios italianos en Chile, como Capitán Pastene, en Valparaíso no hubo una colonización planificada. "Acá hablamos de una migración abierta, ligada al puerto y al comercio", explica Toro.
Los inmigrantes comenzaron abasteciendo embarcaciones y luego abrieron almacenes y emporios que se volvieron parte de la vida cotidiana de la ciudad. "Hacia comienzos del siglo XX existían cerca de mil emporios entre Valparaíso y Viña del Mar", afirma el también diplomado en Historia de la Universidad de Génova.. "Eran pequeños supermercados familiares que abastecían desde los cerros más acomodados hasta los sectores populares". Algunos nombres sobreviven hasta hoy como parte de la memoria porteña: la panadería Superba, el almacén Olivar o La Bandera Azul. "Cada emporio, cada almacén y cada tienda dio una impronta, una identidad que permanece hasta el día de hoy", detalla.
El aporte también quedó plasmado en empresas que posteriormente alcanzarían relevancia nacional, como Carozzi, Falabella o Costa. "Todavía quedan vestigios muy visibles de esa tradición italiana en la ciudad: la Lavandería Moderna o la Vidriería Italiana son parte de esa tradición", señala Toro. La patria de Garibaldi Pero uno de los aspectos más importantes fue la creación de redes de ayuda mutua y beneficencia.
En 1856 nació la Sociedad de Beneficencia Italiana de Valparaíso, institución que todavía existe y que durante décadas entregó apoyo económico, cobertura médica, ayuda a viudas, huérfanos y trabajadores enfermos. "Prestaban ayuda económica en la manutención", explica Toro Canessa. "También si estaban enfermos daban algún tipo de seguro y cubrían las medicinas". Además, agrega: "Si algún niño quedaba huérfano, se hacían cargo de su educación". Dos años después se fundó la Sesta Compagnia di Pompieri "Cristoforo Colombo", también profundamente ligada al espíritu comunitario de la colectividad.
Ambas instituciones compartieron fundadores y estuvieron influenciadas por la visita de Giuseppe Garibaldi a Valparaíso, en 1853. "Garibaldi en sus memorias señala que esa patria que quería para Italia la encontró en Valparaíso: esa unidad”, cuenta.
“Dejó una carta agradeciendo a estos italianos por su aporte y por su sentimiento de patria". En momentos críticos, como el terremoto de 1906 o la guerra civil de 1891, la Beneficencia Italiana y los bomberos organizaron ayuda social y apoyo para las familias afectadas. "Ambas instituciones están muy ligadas a lo benéfico, al ayudar al otro y al estar presentes en la ayuda", afirma el historiador. Con el tiempo surgieron además clubes deportivos, coros, sociedades culturales y espacios educativos ligados a la colonia.
Entre ellos, la Scuola Italiana, donde estudió el dibujante Renzo Pecchenino, "Lukas" y Gilda Pendola, quien fuera secretaria de Gabriela Mistral. "Lo único que les podían dejar a sus hijos era la educación", dice Toro Canessa sobre las primeras generaciones italianas que llegaron al puerto. La gastronomía es otra huella reconocible. La fugassa, el panettone, los biscotti y las tradicionales panaderías italianas siguen siendo parte del paisaje porteño. Incluso platos ya incorporados a la cocina local, como las machas a la parmesana, aparecen vinculados a inmigrantes italianos instalados en la zona. Importante es también la herencia del tomate limachino que sigue viva, y la presencia hasta hoy de las reconocidas Pastas Zena.
Más de un siglo después, esa herencia todavía permanece en Valparaíso: en instituciones, negocios y tradiciones que siguen formando parte de la vida cotidiana del puerto. "Hacia comienzos del siglo XX existían cerca de mil emporios entre Valparaíso y Viña del Mar. Eran pequeños supermercados familiares que abastecían desde los cerros más acomodados hasta los sectores populares".. Valparaíso no se puede entender sin las migraciones que ayudaron a moldear su identidad.
Entre ellas, la comunidad italiana ocupa un lugar central: comerciantes, navegantes y familias que comenzaron a llegar al puerto desde el siglo XIX y que Para el historiador Emilio Toro Canessa terminaron dejando una impronta reconocible en la arquitectura, la gastronomía, el comercio y la beneficencia. "Hacia comienzos del siglo XX existían cerca de mil emporios entre Valparaíso y Viña del Mar. Eran pequeños supermercados familiares que abastecían desde los cerros más acomodados hasta los sectores populares". UNO DE LOS TRADICIONALES EMPORIOS PORTEÑOS DONDE LA CULTURA ITÁLICA DEJÓ SU IMPRONTA. EMILIO TORO CANESSA.