Columnas de Opinión: Violencia contra la mujer
Columnas de Opinión: Violencia contra la mujer DaviD PaiLLán cOney, PRoFESoR DE TEoLoGíA BíBLICA Cada vez que enseño, considero fundamental partir por aclarar los conceptos y su significado. Comprender las palabras, incluso desde su origen, nos ayuda a reflexionar mejor sobre la realidad que vivimos. El lenguaje está vivo, cambia con el tiempo, pero no debemos perder de vista su esencia. La palabra violencia proviene del latín violentia, que significa fuerza excesiva o uso desmedido del poder. Desde su origen, se asocia al uso de la fuerza, especialmente cuando es intensa, descontrolada o causa daño. Hoy entendemos la violencia como el uso intencional de la fuerza -física o psicológicao del poder para dañar, someter o controlar a otra persona. Es importante distinguirla de la agresividad, que corresponde a una reacción emocional natural frente al enojo, la frustración o la amenaza. Sin embargo, cuando esa agresividad no se controla, puede transformarse en violencia. A propósito de los hechos recientes ocurridos en la Universidad Austral de Chile, donde se vio involucrada la autoridad pública Ximena Lincolao, es necesario reflexionar con responsabilidad. Más allá de las posturas o diferencias, ningún acto de violencia puede ser justificado ni relativizado. En este contexto, las universidades, instituciones que históricamente nacieron para enseñar a pensar, razonar y dialogar, tienen un rol fundamental. No son solo espacios de transmisión de información, sino de formación integral, donde se promueve el respeto, la argumentación y la convivencia democrática. Por ello, resulta preocupante cuando la violencia aparece precisamente en espacios que debieran fomentar el pensamiento crítico y el diálogo. Esto nos invita a preguntarnos como sociedad qué valores estamos promoviendo y cómo estamos resolviendo nuestras diferencias.
Donde están las defensoras de los derechos de las mujeres, somos testigos de cómo con palabras y acciones han violentado a dos mujeres que ejercen cargos de autoridad en nuestro país, y existen grupos y colectivos, políticos y ciudadanos que guardan silencio, frente a tales hechos, la primera mujer atacada de manera mediática por su fe y religión fue la ministra Judith Marín y ahora de forma agresiva verbal, con acciones de desprecio y golpes a la ministra Ximena Lincolao. Ciudadanos conscientes a veces observo y veo que estas acciones van en busca de un “empate”, otras veces como venganza ideológica. Deseo recordar que en Chile existe la Justicia y otros caminos para legítimos para exponer todas nuestras demandas. Chile cuenta con mecanismos institucionales y legales para canalizar demandas, expresar desacuerdos y buscar soluciones. La violencia no puede transformarse en un medio válido, ya que debilita la convivencia social y afecta principios fundamentales como el respeto y la dignidad de las personas. Finalmente, es importante ser coherentes: el rechazo a la violencia debe ser transversal, sin importar a quién afecte. Solo así podremos construir una sociedad más sólida y con principios sociales, éticos y morales, donde el diálogo y el respeto prevalezcan por sobre la confrontación..