Autor: ELISABETTA PIQUÉ La Nación de Buenos Aires / GDA
Encuentro cercano con el “Juicio Final” de la Capilla Sixtina
Encuentro cercano con el “Juicio Final” de la Capilla Sixtina L a expresión “quitar el aliento” a veces se usa en forma excesiva. Pero es perfecta y la única que da la idea de lo que uno siente al encontrarse cara a cara, a tan solo centímetros, del “Juicio Final” de Miguel Ángel.
Los ojos saltones de las almas ascendiendo para enfrentarse a la ira de Dios, las figuras desnudas, luego cubiertas con paños de pureza para no escandalizar, atrapadas en un verdadero torbellino de confusión, los muertos que son sacados de sus tumbas y llevados frente a Cristo, el juez, cuya figura atlética y musculosa es el centro del impresionante mural.
“No foto, no video”, piden los ujieres del Vaticano, mientras entregan cascos a un grupo de periodistas entre los que se encuentra la corresponsal de La Nación de Buenos Aires, que excepcionalmente pudo subir, el sábado recién pasado, al enorme andamio de siete pisos montado ante la obra maestra, para realizar una limpieza extraordinaria que concluirá antes de la próxima Pascua y que no implicó ningún cierre al público de la Capilla Sixtina. La Capilla Sixtina suele recibir entre 17.000 y 30.000 personas todos los días. La visita se hace antes de que llegue el público a la capilla principal del Vaticano, llamada así por su fundador, el papa Sixto IV.
En el silencio, sus enormes paredes decoradas por algunos de los mejores artistas de los siglos XV y XVI sin contar a Miguel Ángel, se suman el Perugino, Sandro Botticelli, Cosimo Roselli y Luca Signorelli, transmiten toda su majestuosidad. El “Juicio Final” está oculto detrás de un andamio instalado durante las últimas cinco semanas, que se encuentra cubierto por una gran tela que reproduce su maravilloso diseño. Es lo único que podrán ver los turistas que lleguen en este momento a la Capilla Sixtina. Barbara Jatta, la directora de los Museos Vaticanos, explica que dos equipos de 20 especialistas ya han comenzado su misión.
“No es una restauración”, sino una limpieza “extraordinaria”. En los últimos años, en efecto, se depositó sobre el mural una pátina, un velo o una capa casi invisible a los ojos desde lejos, que ha comenzado a ser removida para volver a hacer resplandecer los colores “michelangioleschi”, tal como ocurrió desp u é s d e l a ú l t i m a g r a n restauración de 1994, hace ya más de 30 años.
Fabio Morresi, responsable del Laboratorio Científico de los Museos Vaticanos, precisa que el material que se ha depositado sobre el fresco es lactato de calcio, es decir, ácido láctico o una sal blanca, fruto de la respiración y transpiración de los cientos de miles de personas que visitan la Capilla Sixtina todos los años y, además, del aumento de las temONITNARATARDNASSELA / PA peraturas globales debido al cambio climático. Para subir al andamio hay que ponerse el casco, guardar los celulares y ascender directamente al último piso, el séptimo.
En el trayecto, salta a la vista en la parte inferior la figura de Caronte, el barquero encargado de transportar las almas de los muertos del otro lado del río Aqueronte; un poco más arriba, puede verse de cerca, como nunca, ese autorretrato de Miguel Ángel en la piel que sostiene el mártir San Bartolomé, que ostenta una actitud atormentada. Su obra maestra, de hecho, ilustra la idea de que el sufrimiento es vital para hallar la fe.
En el séptimo piso, Fabrizio Biferali, curador de la sección de Arte de los Museos, muestra la diferencia que hay entre las zonas que ya han sido limpiadas de la capa de suciedad, resplandecientes, y las que no, opacas.
Además, señala ese cuadradito oscuro dejado a un costado en la parte superior izquierda cuando se hizo la gran restauración de 1994: demuestra que, más allá de las polémicas que hubo en ese momento, fue más que necesaria la gran intervención conservativa.
En el piso de abajo, el sexto, Paolo Violini, jefe de los restauradores, explica cómo es el proceso de limpieza: recubren las zonas de la pared con una doble capa de papel japonés que tiene en sus manos para que veamos, que impregnan antes con agua ionizada. “El papel se adhiere sin necesidad de pegamento a la pared y cuando se retira, después de un minuto y medio, logra quitar esa capa, esa pátina de suciedad, que se fue depositando. El agua saca la sal haciendo volver a la luz la película pictórica original”, subraya. En 1994 también se usó AIDEMNACITAV / APE / EFE este método. Durante esta increíble visita, los restauradores destacaron que, si bien se trata de una limpieza extraordinaria, los Museos Vaticanos llevan a cabo y rigurosamente, siempre, un mantenimiento “ordinario” de la Capilla Sixtina.
“Desde 2010 todas las noches de los meses de enero y febrero, después del cierre al público de los Museos Vaticanos, restauradores de pinturas y mármoles, expertos en diagnósticos y conservación, operadores de logística y técnicos se alternan para garantizar la conservación de los frescos y demás decoraciones del lugar, a través de un capilar de limpieza de polvo y rigurosos controles de los sistemas de acondicionamiento del aire y de la luz, fundamentales para las condiciones del ambiente sixtino”, revela Marco Maggi, titular de la Oficina de Conservación. Autor: ELISABETTA PIQUÉ La Nación de Buenos Aires / GDA. Sobre un enorme andamio montado frente a la obra maestra de Miguel Angel, se pudo apreciar el minucioso trabajo que le devolverá el resplandor al fresco renacentista. El antes y después del trabajo de limpieza. El andamio frente al fresco está cubierto por una gran tela que reproduce el “Juicio Final”. Los turistas hoy ven esto.