Autor: MARCELO POBLETE
"No hubo ningún momento de tensión directa con Pinochet, salvo el minuto de la piocha"
"No hubo ningún momento de tensión directa con Pinochet, salvo el minuto de la piocha" o tuve ninguna preparación. Tuve que investigar en El Mercurio de los últimos diez años, porque habían pasado ya 17 años de dictadura y no había habido nunca un cambio de mando.
Investigando, descubrí cómo había sido la última transmisión del mando en democracia", recuerda Carlos Klammer Borgoño, diplomático de carrera que fue director general de protocolo y ceremonial de la Cancillería durante el gobierno de Patricio Aylwin (19901994). En ese cargo tuvo la tarea de organizar la ceremonia del 11 de marzo de 1990 en el Congreso de Valparaíso, donde se concretó el traspaso de mando de Pinochet a Aylwin. Le tocó ordenar asuntos protocolares, la presencia de invitados internacionales y el juramento presidencial en medio del inicio de la transición a la democracia. Fue un cambio de mando tenso. Ahora ad portas de un nuevo traspaso presidencial entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, precedido por desencuentros y acusaciones entre ambos, la experiencia de Klammer aparece como referencia. Su relato repasa esa ceremonia, los momentos más delicados del protocolo y el espíritu que, a su juicio, debe primar en un cambio de mando. Relato La sesión que comenzó al mediodía con la proclamación oficial del presidente electo. Aylwin juró el cargo de pie, como exige la Constitución. El momento central llegó con la banda presidencial: Pinochet se la entregó en un gesto sobrio. Antes, se quitó la piocha de O'Higgins, una escena que después dio pie a interpretaciones y mitos sobre si retuvo la original para no ceder del todo el poder durante la transición. Aylwin habló breve, puso el foco en la democracia y evitó referencias al mandato anterior. Luego juraron los ministros, uno a uno. "Traté de hacer la transmisión del mando como se ARCHIVO hacía en la época republicana, en la democracia. Por eso salió todo impecable, a pesar de que a la salida del Congreso a Pinochet le tiraron huevos", menciona. La imagen era potente: en el Salón Pleno del Congreso en Valparaíso, el poder cambiaba de manos en una ceremonia inédita, sin manual previo y sin experiencia reciente que sirviera de guía. En la testera se ubicaron las máximas autoridades -presidente del Senado, Corte Suprema, Cardenal y comandantes en jefejunto a Augusto Pinochet y Patricio Aylwin. Detrás, parlamentarios, ministros, embajadores, militares, ocuparon lugares definidos con cuidado para evitar tensiones entre sectores. Todo ese orden se armó sobre la marcha, con criterio y olfato, bajo la organización intuitiva de Carlos Klammer, porque nadie tenía experiencia en un traspaso de este tipo. A la salida El cierre mantuvo el mismo tono. Se dio por terminada la sesión y la salida siguió un orden fijado para evitar roces.
Sin discursos militares ni despliegue castrense, la señal buscó ser clara: el mando pasaba a un presidente civil. "No recibí ninguna instrucción del presidente Aylwin, porque él no tenía idea de cómo hacer una transmisión del mando. Recurrió a mí porque yo llevaba 17 años en la Cancillería. Entré cuando tenía 20 años; hoy tengo 80", afirma el organizador.
En cuanto a qué aspectos del protocolo fueron los más delicados en la negociación con el equipo de Pinochet, Klammer señala: "Si iba a hacer o no un escándalo, si iba a actuar como general, como dueño de la verdad absoluta. Pero se sometió.
Fue inteligente, fue un poco ladino". Aunque hubo un momento polémico con Pinochet al demorar la entrega de la réplica de la piocha de O'Higgins, la retiró de la banda presidencial, la dejó en la testera en unos incómodos instantes y se la pasó directo de su mano a Patricio Aylwin.
El gesto avivó mitos. ¿Hubo momentos de tensión directa con Pinochet o con sus colaboradores aparte del episodio de la piocha? "No hubo ningún momento de tensión directa con Pinochet, salvo el minuto de la piocha, cuando el presidente Pinochet se la entrega al presidente Aylwin. Fue una conversación entre los dos presidentes. Porque querámoslo o no, Pinochet fue presidente, fue jefe de Estado durante 17 años. El Presidente Aylwin recién asumía. Fue suficientemente inteligente para no oponerse a ningún capricho que pudiera haber tenido Pinochet. Ambos pensaron en Chile". ¿Tuvo que organizar todo o los militares y el equipo presidencial también opinaron? "Tuve que organizar todo. Los militares estuvieron de acuerdo, fueron inteligentes, se dieron cuenta de que había que entregar el poder. Si no, iba a haber un escándalo.
Ellos fueron tremendamente patrióticos". Hoy se dice que, desde el retorno a la democracia, los presidentes actuales están entre los más distanciados políticamente. ¿ Cómo lo ve para este cambio de mando? "No están distanciados políticamente. Lo veo como algo normal. El pueblo de Chile eligió un gobierno de izquierda, ahora elige un gobierno de derecha y va a ser totalmente normal. Y eso habla muy bien de nuestro país". ¿Y el distanciamiento reciente por el caso del cable submarino chino? "Bueno, ese es un tema muy complicado, y la culpa es del presidente actual, Boric. El, ante todo, impone su manera de pensar; no piensa en Chile. Piensa ideológicamente, y el presidente Kast es totalmente diferente". Para usted, ¿qué es lo más importante en un cambio de mando? "Debe primar un espíritu de democracia. Uno puede pensar distinto, pero somos del mismo país. No somos enemigos: son pensamientos distintos y cada uno asume su responsabilidad". Autor: MARCELO POBLETE. "Debe primar un espíritu de democracia. Uno puede pensar distinto, pero somos del mismo país", reflexiona el exdirector general de protocolo. Carlos Klammer, quien organizó en 1990 el traspaso de poder más polémico hasta la fecha "Tuve que organizar todo. Los militares estuvieron de acuerdo, fueron inteligentes, se dieron cuenta de que había que entregar el poder", recuerda Klammer. Carlos Klammer.