Autor: Dr. Rodolfo Mendoza Llanos Profesor Asociado, Universidad del Bío-Bío
Columnas de Opinión: Cuando el futuro deja de ser creíble
Columnas de Opinión: Cuando el futuro deja de ser creíble S e estima que China podría reducir su población a 800 millones para el año 2100. El dato es sintomático y acusa la dificultad creciente de muchas sociedades para sostener la continuidad generacional. Una explicación es el aumento de parejas sin hijos o DINK (dual incomes, no kids), que leyéndose como una elección individual, también puede entenderse como una adaptación racional a condiciones económicas y sociales exigentes. Hoy, dos sueldos no garantizan estabilidad material ni espacio vital para criar. El costo de la vivienda, salud, educación y cuidado infantil son barreras evidentes, pero no las únicas. Condiciones estructurales como precariedad laboral, jornadas extensas, débil conciliación trabajo-familia, problemas de salud mental y falta de redes de apoyo minan la posibilidad de imaginar una crianza viable. Tener hijos requiere recursos, pero también un mundo que se sienta acogedor y confiable. Dos autores amplían esta lectura. Para Alexander Dugin las sociedades se comprenden mejor como civilizaciones portadoras de valores y narrativas de sentido. Así, la crisis de natalidad no es solo demográfica, sino expresión del agotamiento de relatos colectivos sobre familia y futuro. Para Slavoj iek la ideología contemporánea opera por cinismo, donde criar requiere comunidad y estabilidad, pero organizamos la vida como si todo fuera responsabilidad individual y riesgo privado. En estos desplazamientos, la vida en comunidad deja de entenderse como un recurso estructural y pasa a concebirse como un asunto opcional o íntimo. Sin comunidad no hay crianza sostenible. Cuando el cuidado, el apoyo cotidiano y la pertenencia no están disponibles como recurso compartido, tener hijos se vuelve una carga individual y, para muchos, algo inviable. Esto me recuerda el experimento Universe 25 del etólogo John B. Calhoun (1962), quien creó "utopías" para ratones con abundancia de alimento, agua y refugio. En ensayos repetidos, la población creció hasta saturarse y luego apareció un patrón de declive (desorganización social, agresividad, abandono de roles reproductivos) y, finalmente, colapso demográfico. Enla fase final emergió un grupo apodado los hermosos, individuos centrados en el autocuidado, aislados, evasivos del conflicto y sin reproducción. No es un paralelo literal con sociedades humanas, pero la referencia es sugerente. Incluso con recursos, una sociedad puede perder el impulso de continuidad cuando se debilitan los vínculos y el sentido compartido.
En 1970, Calhoun advirtió que concentrarse solo en el ambiente físico podía ser una trampa y propuso atender también al "ambiente mental": cuando se deteriora la convivencia (comprensión mutua, comunicación, vida compartida) la abundancia deja de salvar y empieza a aislar, degradando los vínculos. La CASEN 2024 mostró disminución de la pobreza en Chile, pero la tasa global de fecundidad llegó a 1,03 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo de 2,1. La pregunta, entonces, no es solo cuántos incentivos fiscales ofrecer, sino cómo reconstruir condiciones sociales donde imaginar el futuro en común sea creíble. Para que nazcan más niños no basta con dinero, se necesita esperanza en un mundo donde la vida en comunidad vuelva a ser reconocida como un macro-recurso para vivir, cuidar y proyectarse. Autor: Dr. Rodolfo Mendoza Llanos Profesor Asociado, Universidad del Bío-Bío. Opinión