Autor: Dra. Marcela Vera, economista y académica de la Universidad de Santiago
Columnas de Opinión: Desempleo femenino en Chile: más mujeres buscan trabajo, pero el mercado no responde
Columnas de Opinión: Desempleo femenino en Chile: más mujeres buscan trabajo, pero el mercado no responde C Columna 1 informe del INE para E el trimestre enero-marzo de 2026 muestra un mercado laboral chileno con una señal de alerta clara, pues la tasa de desocupación nacional llegó a 8,9%, aumentando 0,2 puntos porcentuales en doce meses.
Este incremento se explica porque la fuerza de trabajo creció 0,7%, mientras que las personas ocupadas aumentaron solo 0,5%. Es decir, más personas entraron o permanecieron disponibles para trabajar, pero la economía no generó empleos al mismo ritmo.
En ese contexto general, el desempleo femenino aparece como uno de los puntos más preocupantes, porque la tasa de desocupación de las mujeres alcanzó 10,0%, superando ampliamente la tasa masculina, que se situó en 8,1%. El dato central es que el desempleo femenino no aumenta porque las mujeres estén saliendo del mercado laboral, sino precisamente, por lo contrario, pues cada vez más mujeres están participando activamente en la búsqueda de empleo.
Según el INE, la fuerza de trabajo femenina aumentó 1,8% en doce meses, mientras que las mujeres ocupadas crecieron 1,2%. Esta diferencia es clave para comprender la situación: aunque hay más mujeres trabajando que hace un año, el número de mujeres que quiere trabajar creció todavía más rápido que la cantidad de empleos disponibles para ellas.
Por eso la tasa de desocupación femenina subió 0,5 puntos porcentuales y llegó al 10,0%. La razón inmediata del aumento del desempleo femenino, entonces, está en la brecha entre incorporación laboral y creación efectiva de empleo.
En este sentido, las mujeres desocupadas aumentaron 7,4% en doce meses, impulsadas tanto por las cesantes, que crecieron 7,3%, como por aquellas que buscan trabajo por primera vez, que aumentaron 7,9%. Esto muestra que el problema tiene dos dimensiones: por una parte, mujeres que tenían empleo y lo perdieron; por otra, mujeres que intentan ingresar por primera vez al mercado laboral y no logran encontrar una ocupación. Ambas situaciones presionan al alza la tasa de desempleo femenino.
Asimismo, es posible observar una transformación relevante en la participación laboral femenina, pues la tasa de participación de las mujeres se ubicó en 53,4 mentando 0,5 puntos porcentuales en doce meses, mientras que la tasa de ocupación femenina llegó a 48,1%, con un incremento de 0,2 puntos porcentuales. Esto significa que las mujeres están mostrando una mayor disposición y necesidad de integrarse al trabajo remunerado, pero el mercado laboral todavía no responde con suficiente capacidad de absorción.
En términos sociales, este fenómeno puede estar vinculado al aumento del costo de vida, a la necesidad de complementar ingresos familiares y a una mayor autonomía económica femenina, pero también revela límites estructurales para incorporar plenamente a las mujeres al empleo.
Otro elemento importante es que el aumento de la ocupación femenina se concentró en áreas y formas laborales que no necesariamente garantizan estabilidad, pues el crecimiento de mujeres ocupadas, de 1,2%, fue incidido principalmente por el sector enseñanza, con un aumento de 5,5%. Sin embargo, por categoría ocupacional, la expansión femenina se explicó sobre todo por el incremento de las asalariadas informales, que aumentaron 15,4%. Esto quiere decir que una parte relevante de la incorporación laboral femenina se está produciendo en condiciones de mayor precariedad, menor protección social y posiblemente menor estabilidad contractual. La informalidad laboral es, por tanto, una dimensión central del contexto actual de empleo femenino. La tasa de ocupación informal total llegó a 26,5%, pero en las mujeres fue de 27,9%, frente a 25,4% en los hombres. Además, las ocupadas informales mujeres aumentaron 4,1% en doce meses.
Este dato es especialmente relevante porque muestra que, aun cuando las mujeres logran insertarse laboralmente, muchas veces lo hacen en empleos más vulnerables, con menor acceso a seguridad social, estabilidad de ingresos, protección frente al despido o posibilidades de desarrollo profesional. En este contexto, también muestra un deterioro en la calidad del tiempo de trabajo. El promedio de horas efectivas trabajadas por las mujeres fue 32,2 horas. Además, el empleo creció especialmente en tramos de 31 a 44 horas y en jornadas parciales de 1 a 30 horas, mientras aumentó con fuerza el tiempo parcial involuntario.
Esto puede afectar especialmente a las mujeres, porque muchas logran insertarse en el mercado laboral, pero no siempre en jornadas suficientes o deseadas, lo que limita sus ingresos y mantiene una situación de subutilización de su capacidad de trabajo. La subutilización laboral femenina aparece con especial claridad en la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial, que alcanzó 17,4% a nivel nacional. En los hombres fue de 14,6%, mientras que en las mujeres llegó a 20,8%, generando una brecha de género de 6,2 puntos porcentuales. Este indicador es muy relevante porque no solo considera a las personas desempleadas, sino también a quienes no estaban buscando trabajo activamente, aunque estaban disponibles para trabajar.
En otras palabras, existe un contingente importante de mujeres que podría incorporarse al mercado laboral si mejoraran las condiciones, las expectativas de encontrar empleo y las posibilidades reales de reconocimiento de los cuidados que se realizan cotidianamente. El problema no es solo el aumento del desempleo femenino en Chile de 10,0%, sino la combinación entre desempleo, informalidad, subutilización, menor cantidad de horas trabajadas y brechas persistentes respecto de los hombres.
En definitiva, las mujeres están sosteniendo una mayor presión por integrarse al mundo del trabajo, pero el mercado laboral chileno aún no ofrece suficientes empleos formales, estables y de calidad para responder a esa demanda. c3 Autor: Dra.
Marcela Vera, economista y académica de la Universidad de Santiago. "El problema no es solo el aumento del desempleo femenino en Chile de 10,0%, sino la combinación entre desempleo, informalidad, subutilización, menor cantidad de horas trabajadas y brechas persistentes respecto de los hombres. En definitiva, las mujeres están sosteniendo una mayor presión por integrarse al mundo del trabajo, pero el mercado laboral chileno aún no ofrece suficientes empleos formales, estables y de calidad para responder a esa demanda".