Autor: Ignacio Arriagada M.
Técnico transformó su diagnóstico clínico grave en una iniciativa social de alto impacto
Técnico transformó su diagnóstico clínico grave en una iniciativa social de alto impacto E n 1987, un diagnóstico clínico marco un giro irreversible en la vida de Miguel Morales Lobos. Una retinosis pigmentaria, enfermedad que afecta a la retina, provocando la perdida gradual de la visión, lo obligó a dejar sus funciones como técnico electrónico en una empresa de telecomunicaciones a los 35 años. De pasar ocho horas diarias recorriendo Santiago, su rutina cambió al integrarse a un centro de rehabilitación para personas ciegas. "Yo entré a este lugar el año 1990. Mientras nos enseñaban el sistema braille, el buen uso del baston y cosas domésticas, me percaté, con la poca visión que me quedaba, que los demás usuarios tenías muchas capacidades y habilidades.
Como yo tenía estudios técnicos, le propuse a los monitores del centro hacer un taller productivo gratuito sobre reparación de artículos eléctricos, confeccionar bobinas de motores y otras cosas simples", recuerda Morales Lobos, de ahora 73 años. Ante la negativa de la institución, Miguel se acercó a la Municipalidad de Santiago con la intención de aprender otros oficios.
Para su sorpresa, a las pocas semanas un funcionario del recinto de rehabilitación se le acercó para comentarle que los usuarios querían sí o sí que se concretara su taller y que fuera él quien lo encabezara. Aunque la disposición, el conocimiento y la energía sobraban, faltaba dinero para financiarlo. "Un día me avisan que la iniciativa iba a ser costeada por un empresario de la comuna de San Miguel. Él tambien iba a disponer de un lugar para hacer los talleres. No lo podíamos creer. Ahi DImansion Los usuarios se dedican, entre otras funciones, al reacondicionamiento de equipos de telecomunicaciones domiciliarios.
SUBSEBIENESNACIONALES formalicé esta iniciativa social, a la que llamé Armamater ", relata con mucha emoción el técnico eléctrico. el 2002. "Un día me tocó relacionarme con uno de los gerentes de Telefónica, que era la empresa en la que trabajaba HECHO REALIDAD El 7 de enero de 1991, Miguel junto a 15 de sus compañeros se reunieron en un predio situado en San Joaquín, que funcionaba como incubadora de empresas. Al llegar el financista, el grupo ingreso a un galpón, que, desde ese momento, se convirtió en sala de clases y de operaciones.
Días más tarde salieron todos a buscar trabajo y consiguieron el primer encargo de una compañía: colocar tapas en envases de limpieza. "El jefe de producción de la empresa se encargaba de enseñarme a mí, que era el que más veía, a como hacerlo y luego yo le enseñaba a mis compañeros, uno por uno. Después la empresa llevaba los insumos a San Joaquin y nos dedicábamos a armar", detalla Miguel. Miguel Morales ha sido reconocido por su labor. Cada producto era sometido a un control de calidad. Asi fueron corrigiendo y mejorando sus labores, por la que recibian un pago a fin de mes por cada producción unitaria. El año 1992 el volumen de trabajo aumentó, sumando confecciones de juguetes, artículos eléctricos y doblando dípticos y trípticos. Muchas compañías de la Región Metropolitana confiaron en el trabajo del grupo.
El buen momento coincidió con la visita del benefactor de Armamater, quien al percatarse del buen impacto, tanto personal como emocional, los reubicó en un galpón de mayores dimensiones en la comuna de San Miguel, donde estuvieron hasta antes de mi diagnóstico.
Cuando él vio lo que hacíamos, no lo dudó y nos confirmó que nos iba a destinar trabajo armando cordones roseta, que iban desde el muro hacía el teléfono fijo (. .. ) Eso fue un paso gigantesco, que, en parte, validó que estábamos haciendo bien las cosas y que cada integrante estaba progresando y a reencantarse con la vida", dice Miguel. En paralelo a lo que hacía con Armamater, el empresario se dedicaba a apoyar a escuelas especiales de Santiago. Fueron los mismos sostenedores de estos recintos quienes le plantearon si los alumnos, todos mayores de 20 años y con discapacidades mentales y físicas, podían unirse a la iniciativa social. Al ser consultado, Miguel respondió con un rotundo si. A los nuevos integrantes se sumaron jóvenes de Teletón y de otras instituciones de la capital.
En total eran 40 personas laborando. "Yo los recibía y les preguntaba 'según tus capacidades, ¿qué crees que podrías hacer y que te gustaría hacer?'. Yo les relataba lo que en ese momento era posible hacer. Ahí ellos decidían y procedía a enseñarles paso a paso", comenta. Del 2000 a la fecha ocufrieron dos hechos que han consagrado a Armamater como uno de las iniciativas sociales con mayor impacto del país.
La primera fue una alianza con el Banco Interamericano de Desarrollo para capacitar a los usuarios y a otros grupos del mismo perfil en labores productivas y en la formación de microempresas. 120 personas lo culminaron. El segundo logro vino de la mano con una empresa de telecomunicaciones nacional, que los invitó a una licitación que, tiempo después, pudieron adjudicarse y que trató en la reparación de módems y routers usados. Esta labor sigue hasta hoy. Desde su origen, por Armamater han pasado más de 1.200 personas. La gran mayoría de ellos han podido formar familias, establecerse en fuentes laborales, ayudar a otros y, principalmente, en ser un ejemplo de superación.
Además del trabajo de armado y confección en Padre Orellana #1340, en Santiago, la iniciativa mantiene alianzas con escuela especiales, a las cuales potencian en su trabajo de inserción social y laboral de sus alumnos, otorgando capacitaciones y prácticas "La misión de Armamater ha sido, es y sera apoyar con todas sus fuerzas la inserción de las personas excluidas de la sociedad", enfatiza su director.
MÁS DE 1.200 personas han podido desempeñar un trabajo remunerado en Armamater.. Al dejar su trabajo tras enterarse que su visión se iba a deteriorar, Miguel Morales Lobos creó Armamater, una empresa social que ha proporcionado a personas con discapacidad la realización de un trabajo productivo y remunerado.