Editorial: Maule ante el espejo del cambio climático
Editorial: Maule ante el espejo del cambio climático La Región del Maule, históricamente reconocida como el corazón agrícola de Chile, enfrenta hoy una encrucijada que ya no pertenece al futuro, sino a un presente crítico y exigente. El cambio climático ha dejado de ser una proyección académica para transformarse en una realidad palpable que golpea con fuerza nuestra matriz productiva, nuestros ecosistemas y la vida cotidiana de miles de maulinos. Las cifras de este febrero de 2026 son elocuentes y alarmantes. Con un déficit hídrico que roza el 60% en cuencas vitales como las de los ríos Maule y Longaví, la seguridad de riego para la temporada se encuentra en vilo. La ausencia de nieve en la cordillera durante el último invierno ha obligado a las Juntas de Vigilancia a gestionar la escasez con una rigurosidad inédita, operando sistemas al límite de su capacidad. Ya no se trata solo de "años secos" aislados; asistimos a una transformación estructural de nuestro ciclo hidrológico. Este escenario se ve agravado por la persistente amenaza de los incendios forestales. La combinación de altas temperaturas y una vegetación estresada por la falta de agua ha convertido a provincias como Curicó, Linares y Cauquenes en zonas de altísima vulnerabilidad.
El reciente balance regional, que muestra un incremento en la superficie afectada pese a los esfuerzos de prevención, nos recuerda que el fuego es hoy más voraz y difícil de controlar debido a las condiciones climáticas extremas. Ante esta emergencia, la resiliencia no puede ser un concepto abstracto. Requiere una modernización urgente de la infraestruc tura hidráulica, una gestión del agua basada en la tecnología y un compromiso real con la reforestación nativa. La aprobación del Plan de Acción Regional de Cambio Climático es un paso administrativo necesario, pero su éxito dependerá de la celeridad con que las inversiones lleguen al territorio. El Maule tiene la capacidad de adaptarse, pero el tiempo se agota. La protección de nuestro patrimonio natural y la supervivencia de la agricultura familiar campesina exigen una voluntad política y ciudadana inquebrantable. Ignorar la señal de los ríos secos y los bosques en llamas no es una opción; es momento de actuar con la urgencia que el clima nos impone..