Autor: JOSÉ SANFUENTES
Cartas: Enriqueceos, empresarios
Cartas: Enriqueceos, empresarios Señor Director: La izquierda y la derecha chilenas parecen haber llegado, por fin, a un acuerdo histórico: para que Chile vuelva a crecer, hay que bajar los impuestos a las empresas.
El gobierno de Gabriel Boric, respaldado por el Frente Amplio, comunistas, socialistas y PPD, abrió la puerta a reducir el impuesto corporativo desde 27% a 24%. El gobierno de José Antonio Kast, respaldado por republicanos y Chile Vamos, propone llevarlo a 23%. La conclusión es incómoda pero evidente: todo el espectro político parlamentario parece convencido de que, para multiplicar la inversión, hay que asegurar mejores condiciones de rentabilidad al capital. En la derecha no sorprende. En la izquierda, en cambio, la escena tiene algo de ironía histórica.
Resuenan, a la distancia, las palabras atribuidas a Nicolás Bujarin en los años de la Nueva Política Económica de Lenin: “¡ Enriqueceos, campesinos!”. Y también la fórmula pragmática de Deng Xiaoping: “Enriquecerse es glorioso”. La revolución, cuando necesita producir para mejorar las condiciones del pueblo, termina descubriendo que el capital no obedece a consignas, sino a incentivos.
Chile parece haber llegado a esa misma conclusión, aunque nadie quiera decirlo demasiado fuerte: sin inversión privada no hay crecimiento; sin crecimiento no hay empleo; y sin empleo ni productividad, la promesa de justicia social se vuelve pura retórica fiscal. La verdadera discusión, entonces, no es si se baja o no el impuesto a las empresas. Esa discusión, aparentemente, ya fue zanjada.
Las preguntas relevantes son otras: ¿ cómo se asegura que esa mayor rentabilidad se traduzca efectivamente en inversión, empleo, innovación y mejores salarios, y no solo en utilidades mejor distribuidas entre los mismos de siempre?, ¿cómo se asegura que el Estado pueda seguir cumpliendo sus compromisos sociales? Autor: JOSÉ SANFUENTES.