Editorial: Visión equivocada sobre ciencia
Editorial: Visión equivocada sobre ciencia Los últimos antecedentes disponibles sugieren que Chile invierte en investigación y desarrollo un 0,4% del PIB.
Para el promedio de los países OCDE, esta proporción llega a un 2,7%. Brasil es el país de nuestra región que más desembolsa en este ítem: un 1,2%. Pero los logros de Chile, con su modesta inversión, son destacados. Su productividad científica es, de hecho, superior a la de Brasil.
Por eso, son tan desafortunadas las declaraciones del Presidente Kast sobre esta materia, al cuestionar que el Estado entrega “a veces 500 millones de pesos para una investigación que termina en un libro precioso en la biblioteca: ¿ cuántos trabajos generó? Ninguno”. Más allá de la cuestión anecdótica de que ningún programa en Chile asigna ese monto de recursos para una investigación individual, el comentario revela desconocimiento de la importancia que tiene la ciencia para impulsar la innovación de base tecnológica, cuya promoción pareciera haber motivado sus declaraciones. En efecto, no hay que sustituir una por otra. Hay una conexión virtuosa entre ambas.
Es cierto que en Chile, proporcionalmente, la inversión en ciencia básica es más elevada que en innovación, a diferencia de la mayoría de los países OCDE, pero ello es consecuencia, precisamente, del escaso desembolso que hacemos en investigación y desarrollo, y del modesto involucramiento del mundo privado en estas materias. Chile no ha podido articular bien una mayor conexión entre sus centros universitarios y las empresas, clave para asegurar un mayor financiamiento, pero sobre todo para lograr colaborativamente más productividad e innovación. Por cierto, esto escasamente tendrá resultados si se intenta darle un sentido comercial a la ciencia. Las grandes innovaciones productivas y en políticas públicas vienen habitualmente de descubrimientos científicos que no fueron pensados en esos términos y que, de haberlos orientado en tal dirección, no se habrían producido. La innovación es, a menudo, un aprendizaje a partir de descubrimientos científicos inesperados. Para que se generen asociaciones exitosas entre ciencia e innovación, se tiene que producir una colaboración efectiva entre universidad y empresa. La experiencia de la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación debería ser útil para contribuir a crear un ecosistema en el cual esa colaboración comience a producirse con más éxito que hasta ahora. En una estrategia de crecimiento de largo plazo este eje es fundamental. Pero ello requiere de más ciencia y no de menos. También la creación de políticas públicas efectivas necesita de ella. Sin su aporte no hay innovación y desarrollo. Y los estudios disponibles en otras latitudes apuntan a que cada peso público invertido en investigación y desarrollo produce al menos 5 pesos en retornos para el país. También indican que alrededor de un cuarto del crecimiento en la productividad total de factores estaría asociado a esta inversión. La tarea, entonces, más que cuestionar la inversión en estas áreas, es intentar allegar más recursos creando, adicionalmente, una mejor conexión entre el sistema de educación superior y el sector productivo. Las grandes innovaciones productivas vienen habitualmente de descubrimientos científicos.. Las grandes innovaciones productivas vienen habitualmente de descubrimientos científicos.