Autor: Raúl Fernández Vásquez, cronista rural
Columnas de Opinión: A una vieja embarcación
Columnas de Opinión: A una vieja embarcación A 1 pasar por Caleta Gutiérrez, Yerbas Buenas, localidad ubicada al final del primer tramo de la Carretera Austral (entre Chaicas y Caleta La Arena), se puede observar una vieja embarcación, que se encuentra tumbada a un costado del camino, y "mostrando al sol su esqueleto", como en la canción de Schwenke y Nilo.
Su vieja y destartalada figura, el casco deshecho junto a un montículo de tierra, los restos de quilla y proa, no permiten remitirse fácilmente a su pasado de esplendor, cuando otrora vigorosa y fuerte-, surcara el mar del Reloncaví, albergando a quienes realizaban su labor cotidiana y formando parte de sus proyectos de vida.
Una embarcación que anduvo sobre el mismo mar recorrido, en pasados tiempos, por familias y grupos de canoeros nomades, los chonos, cuya presencia ancestral está hoy referenciada en los conchales, corrales de pesca y leyendas distribuidas en gran parte del territorio.
Que navegó frente a la misma costa en la que, con la llegada de los españoles a la zona de Chiloé, empezó a configurarse la denominada cultura del borde mar, entre cuyas principales actividades se contaron la pesca, la recolección de orilla, crianza de animales, alfarería, la horticultura. La producción maderera, que se iría extendiendo a partir de la época de los hacheros, vinculados éstos a la explotación del alerce y otras especies arbóreas igualmente valoradas. Luego, la historia es por demás conocida: los incipientes poblados, las caletas, la aparición de oficios como la carpintería de ribera, y con ella, la confección de botes y lanchas. Así, estos primeros asentamientos territoriales pudieron contar con embarcaciones, las que además de constituir importantísimos elementos de trabajo, fueron -en cierta época-, el único medio de transporte existente. Significaron, en buena medida, movilidad marítima, comunicación, intercambio, comercio, progreso. En la actualidad, ciertamente su uso ha disminuido, pero lanchas y botes mantienen presencia e importancia en determinadas faenas, como en el caso de la pesca artesanal. Y fue precisamente a esta actividad que estuvo destinada la embarcación que se observa en Caleta Gutiérrez, y que durante su andar, recorriera el mismo espacio de quienes la precedieron en el tiempo.
Quizá sea posible reconstituir, en la imaginación, el proceso que siguiera Daniel, aquel viejo carpintero de ribera, mientras modelaba sabiamente su cuerpo con maderas nativas, hasta darle forma; luego, la "botadura" en la playa de Contao, con la finalidad que su figura danzante surcara estos mares del sur.
Así fue, y durante su vida útil, se la vio "andar ligero", prestando servicios a sus propietarios y a los habitantes de su entorno, hasta "tumbarse de repente", como en la canción, dejando una estela imborrable en la memoria del territorio. Autor: Raúl Fernández Vásquez, cronista rural. C Columna