Autor: Ximena Jara M. Directora de Factor Crítico
Columnas de Opinión: Sincerar el debate
Columnas de Opinión: Sincerar el debate C® uando se hace una propuesta tributaria, lo que la acompaña nunca es la certeza, sino un diagnóstico y un deseo. El entramado tributario funciona en interacción con otros muchos aspectos: estabilidad política, confianza, clima social, ciclo económico, recursos naturales, mercados internacionales y otras variables.
La suma de todas ellas resulta -o noen mayor crecimiento para una economía y/o mayor bienestar para las mayorías (aspectos que no necesariamente van aparejados). La fórmula impositiva de un país es demasiado compleja y sensible a otras condiciones como para que las recetas funcionen de la misma manera en un caso y otro. La idea de que la fórmula de reducir impuestos corporativos e impuestos a las grandes fortunas personales garantiza, en sí misma, mayor inversión, mayor empleo y mayor crecimiento, está lejos de ser un axioma. Menos aún cuáles son los plazos de un retorno como ese, si lo hubiera. Es, como tantas otras fórmulas, una apuesta. Puede funcionar o no. La matriz tributaria es altamente técnica, pero obedece, indefectiblemente, a un enfoque político. Puede buscar la recaudación, estimular la inversión o apostar a la redistribución, pero son ideológicas en su concepción misma. Congregar apoyo a una reforma tributaria, por tanto, supone un esfuerzo narrativo relevante, que permita la transversalidad de ciertos mensajes, pero también supone la capacidad de matizar en la propuesta aquellos aspectos más claramente ideologizados. No es lo que ha ocurrido con el proyecto tributario del Gobierno. Esta es una reforma que se presenta en un paquete cerrado con otras reformas, a fin de tener más opciones, lo que es, al mismo tiempo, hábil y hostil. Es una reforma que se presenta como una concesión a la clase media, cuando su principal función es entregar enormes beneficios tributarios a las grandes empresas y a las grandes fortunas personales. Es más: es una reforma que, beneficiando a quienes más tienen, niega que beneficie a quienes más tienen, perdiéndose así una oportunidad de argumentar por qué tiene sentido hacerlo de ese modo. Es una reforma que no puede asegurar crecimiento, pero sí asegura desfinanciamiento del Estado.
Es, por último, una reforma que no solo consagra una receta ya conocida -Hernán Buchi aplaudiría de piesino que, con la invariabilidad tributaria, busca ponerle un cerrojo que durará no uno, no dos, sino seis gobiernos. En Chile, siete de cada diez personas no quieren bajar los impuestos a las grandes fortunas, sino subirlos, según la encuesta Criteria. No son expertos en economía, pero van a tener que financiar los recortes y las alzas en el costo de vida. Es obvio que la narrativa de que esta reforma beneficia a la clase media no está siendo exitosa.
Sincerar el debate y escuchar con amplitud podría ser más constructivo para el Presidente Kast, para el ministro Quiroz y para todo Chile. "Es obvio que la narrativa de que esta reforma beneficia a la clase media no está siendo exitosa". Autor: Ximena Jara M. Directora de Factor Crítico. "Es obvio que la narrativa de que esta reforma beneficia a la clase media no está siendo exitosa".